Los herederos de Leonardo Del Vecchio mantienen bloqueado Delfin y, con él, el control de Ray-Ban y un imperio valorado en 55.000 millones de euros.
La comparación con ‘Succession’ acompaña a la familia desde la muerte del empresario en 2022. Leonardo Del Vecchio dejó la sociedad de inversión repartida en ocho participaciones iguales: una para cada uno de sus seis hijos, otra para su viuda, Nicoletta Zampillo, y una última para Rocco Basilico, hijo de Zampillo de un matrimonio anterior. La división parecía equitativa sobre el papel. La práctica la ha convertido en un nudo.
Un holding de 55.000 millones atascado en un reparto de ocho participaciones
El alcance real del conflicto se mide en el peso de la sociedad. Delfin es el principal accionista de EssilorLuxottica, el gigante de la óptica dueño de Ray-Ban y Oakley, y tiene participaciones relevantes en Generali, UniCredit y Monte dei Paschi di Siena. La división entre los ocho accionistas ha complicado decisiones sobre dividendos, retribución de gestores y el propio futuro del holding. Según ha informado el Financial Times, Delfin genera alrededor de 1.500 millones de euros de beneficio anual, pero solo distribuye entre los herederos el 10% obligatorio.
Resulta elocuente. Un holding que produce 1.500 millones reparte 150. Ni siquiera ese flujo escapa al bloqueo.
La batalla de los dos hermanastros: 10.000 millones sobre la mesa
En el centro está Leonardo Maria Del Vecchio, de 31 años, hijo del empresario y de Nicoletta Zampillo. Preside Ray-Ban y ocupa responsabilidades en EssilorLuxottica. Ha intentado comprar las participaciones de sus hermanos Luca y Paola, que suman un 25% de Delfin, para elevar su posición del 12,5% heredado al 37,5%. La operación, valorada en torno a 10.000 millones de euros, ha chocado con las reticencias de otros miembros de la familia y con las exigencias de la banca para financiar una adquisición de ese tamaño. El consejo de Delfin llegó a rechazar una petición para respaldar la financiación. El proyecto está prácticamente bloqueado.
Frente a él, Rocco Basilico ha mantenido un perfil discreto pese a contar con el mismo 12,5%. Residió años en Estados Unidos, desarrolló su carrera dentro de EssilorLuxottica y tuvo un papel destacado en la alianza con Meta para las gafas inteligentes Ray-Ban Meta. Las diferencias entre ambos han terminado en los tribunales. Basilico cuestionó las decisiones sobre la venta de Luca y Paola, y Leonardo Maria impugnó el derecho de su hermanastro a conservar su participación. Los litigios corren en Italia y en Luxemburgo, donde el holding tiene su sede. Dos países, un mismo empate.
El reparto de la fortuna fue sencillo; el reparto del poder entre ocho manos está lejos de cerrarse.
El contraste con Basilico se estira fuera de los consejos. Leonardo Maria colecciona Ferrari, pincha como DJ en la noche milanesa y recibió al rapero 50 Cent en su club de Milán. La prensa italiana sigue también sus disputas judiciales con una expareja, modelo y antigua concursante de ‘Gran Hermano’, por la custodia del hijo común, y una investigación abierta tras un accidente en Milán con su Ferrari Purosangue.
La lección italiana: repartir la fortuna no equivale a repartir el poder
El caso de los Del Vecchio importa mucho más allá de una familia. La economía italiana sigue sostenida por sagas empresariales que encaran un relevo generacional en los próximos años, y una herencia fragmentada en demasiados centros de poder puede paralizar incluso el mayor de los imperios. Italia ya conoce los efectos de estas guerras: el conflicto de los Agnelli tras la muerte de Gianni Agnelli marcó una década de tensiones societarias. Enfrente se suele citar a Silvio Berlusconi, que dejó repartido Fininvest de manera que Marina y Pier Silvio mantuvieran conjuntamente el control.
Para los expertos en empresas familiares, la lección es clara. Repartir la fortuna puede ser relativamente sencillo; repartir el poder, mucho menos. En Delfin hay ocho apellidos, un solo holding y decisiones que no se toman. Mientras nadie ceda o compre, el bloqueo cotiza gratis.




