Los coches eléctricos asequibles han dejado de ser una promesa de catálogo. El 60% de la oferta de vehículos eléctricos por debajo de 25.000 euros que se comercializa en Europa procede ya de fabricantes europeos, según el informe que Transport & Environment ha publicado este mes.
La cifra, impensable hace tres años, marca un punto de inflexión en un mercado que hasta ahora se había movido casi en exclusiva en la gama alta. La frontera de los 25.000 euros no es casual: es el umbral psicológico a partir del cual el comprador medio deja de comparar el eléctrico con un premium y empieza a compararlo con el utilitario de gasolina de toda la vida.
El dato no llega solo. La oferta de eléctricos compactos y urbanos se ha multiplicado en los últimos dieciocho meses, y han sido precisamente los grupos con producción en Europa —Volkswagen, Stellantis o Renault, entre otros— quienes han liderado la avalancha de modelos por debajo de ese umbral.
En paralelo, los carburantes no han dado tregua. La gasolina y el diésel caros se han convertido en el mejor argumento de venta del eléctrico asequible, sobre todo entre quienes hacen más de 15.000 kilómetros al año y empiezan a echar cuentas. La paradoja es que muchos de esos compradores no buscaban un coche eléctrico: buscaban dejar de pagar una fortuna cada vez que llenaban el depósito.
El sorpasso, el término que el sector ha adoptado para describir el adelantamiento en ventas, ya se intuye en varios mercados. En España las ventas de coche eléctrico encadenan meses de crecimiento, aunque la cuota sobre el total sigue lejos de la de Noruega, Alemania o Francia.
Cabe recordar que hace apenas dos años el discurso dominante era el contrario. Las propias marcas europeas advertían de que fabricar un eléctrico por debajo de 25.000 euros era, sencillamente, un negocio ruinoso. Ese relato se ha roto con la llegada de plataformas específicas de bajo coste y con la caída del precio de las baterías.
El coche eléctrico no está ganando por convencimiento, sino porque llenar el depósito de gasolina se ha vuelto un lujo.
Europa copa una oferta que hace tres años no existía
El informe de Transport & Environment detalla que seis de cada diez modelos por debajo de 25.000 euros disponibles en el mercado europeo corresponden a marcas con producción en el continente. No es solo una cuestión de origen: es precio, plazos de entrega, y una red de servicio que hasta ahora jugaba en contra del vehículo eléctrico.
La lista de modelos asequibles crece cada trimestre. Los nuevos utilitarios eléctricos se han situado en una horquilla que arranca por debajo de los 25.000 euros, y algunos fabricantes ya trabajan en una segunda generación con la que esperan romper esa barrera a la baja. El segmento que hace poco estaba prácticamente vacío se ha convertido en el más disputado.
El efecto es doble. Por un lado, el comprador gana opciones donde antes solo había catálogos de nicho. Por otro, las marcas que no han movido ficha en el segmento asequible empiezan a notar cómo se les escapa la base de la pirámide, que es donde se decide el volumen.
La gasolina cara sostiene el sorpasso
El segundo motor del fenómeno es el precio de repostar. Un conductor que recorre 20.000 kilómetros al año con un utilitario de gasolina puede gastar más en combustible de lo que cuesta la diferencia de compra con su equivalente eléctrico. Esa aritmética, hace unos años discutible, hoy es el argumento que más convierte en el concesionario.

En España, el sorpasso avanza con retraso respecto al norte de Europa. Las ventas de coche eléctrico crecen, pero la falta de puntos de recarga en algunas zonas y un precio de la luz muy sensible al mercado mayorista frenan la decisión de compra. El apetito existe; la infraestructura, todavía no del todo.
El análisis: la ventaja europea depende de dos variables
Que Europa copara el 60% de la oferta por debajo de 25.000 euros no significa que tenga la partida ganada. Significa que ha reaccionado antes. La ventaja se sostiene sobre dos variables frágiles: el coste de las baterías y la política industrial. Si el litio vuelve a dispararse, los modelos baratos serán los primeros en notarlo, porque son los que tienen menos margen para absorber un encarecimiento de componentes.
El segundo frente es la competencia. La oferta china de eléctricos asequibles llega con precios agresivos, y los aranceles europeos solo contienen parte del empuje. La pregunta no es si los fabricantes chinos van a competir en el segmento barato —ya lo hacen—, sino si la producción local europea aguantará el pulso cuando la logística y los aranceles dejen de ser un colchón.
Hay además una contradicción que conviene mirar de frente. La venta de eléctricos baratos crece, sí, pero el mercado total de coche nuevo en Europa sigue por debajo de los niveles prepandemia. No estamos ante un mercado que se expande, sino ante una tarta que mengua y en la que el eléctrico se lleva cada vez más porciones. Ganar cuota en un mercado que encoge no es lo mismo que crecer.
Mi lectura es que la barrera de los 25.000 euros se va a quedar corta. Los fabricantes que hoy venden en esa horquilla ya miran hacia abajo, hacia los 20.000, que es donde se juega el verdadero volumen. El próximo gran hito será ver cuántos de esos modelos llegan a las carreteras españolas y a qué ritmo lo hace la red de recarga que aún falta. Ahí, y no en el precio de catálogo, se decidirá el sorpasso de verdad.




