La duración media de los contratos en España se situó en 45,83 días en julio, el mínimo en veinte años. Los datos del SEPE confirman la cronificación de la temporalidad laboral en el entorno de los 45 días por quinto ejercicio consecutivo, pese a la reforma laboral de 2021.
Cinco años consecutivos en el entorno de 45 días
Los datos del Servicio Público de Empleo Estatal revelan que julio encadena ya cinco ejercicios consecutivos con una duración media de unos 45 días. En 2022 el registro fue de 45,85 días, prácticamente idéntico al actual. Antes de aquel ejercicio, la serie histórica mostraba valores claramente superiores, salvo contadas excepciones como julio de 2019, cuando la media se quedó en 47,05 días. Desde 2013 el indicador no bajaba de los 53 días y el máximo del siglo se alcanzó en 2006, con 73,82 días.
La estabilización en niveles tan bajos llama la atención porque la reforma laboral de 2021 introdujo mecanismos para penalizar los contratos de muy corta duración. Los empresarios deben abonar una cotización adicional al finalizar los contratos temporales de menos de 30 días que actualmente asciende a 33,62 euros, un 3,1% más que en 2025. El objetivo declarado era desincentivar las altas de apenas días o semanas.
Desde el Ministerio de Trabajo matizan que la comparación con la serie antigua tiene limitaciones. La desaparición del contrato de obra y servicio, que antes de la reforma suponía cerca del 40% de la contratación, ha recortado la duración media registrada. Ese contrato podía prolongarse durante meses o años, de modo que su salida de la estadística hace aflorar la duración real de la contratación temporal que se firma en España.
Un tercio de los contratos no superó el mes
En julio se registraron 1.587.141 contratos, un 0,12% menos que en el mismo mes de 2025. Del total, 617.211 fueron indefinidos, un 1,19% más, lo que representa el 38,89% de la contratación. Los temporales sumaron 969.930, un 0,93% menos, y concentraron el 61,1% restante.
La reforma ha cambiado la fotografía formal del mercado, pero la rotación subyacente se mantiene casi intacta.
El detalle por duración es menos amable. Casi uno de cada cinco contratos firmados en julio, 308.861, duró menos de una semana. Otros 82.741 duraron entre 7 y 15 días, y 137.051 entre quince días y un mes. A partir de ahí, 273.138 contratos se extendieron entre uno y tres meses.
En conjunto, el 33,3% de los contratos de julio tuvo una duración igual o inferior a un mes. La mitad, el 50,4%, no alcanzó los tres meses. Son porcentajes que confirman la persistencia de la contratación de muy corto plazo como patrón estructural, no como episodio aislado.

Lo que la reforma no ha resuelto: Fedea propone el bonus-malus
Los datos de julio abren una discusión más profunda sobre el alcance real de la reforma laboral. La Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) ha propuesto un sistema ‘bonus-malus’ para penalizar la rotación excesiva y premiar a las empresas que estabilizan plantillas. Fedea reconoce que la reforma ha supuesto una transformación en la contratación, pero advierte de que la duración media de los contratos indefinidos ordinarios se ha reducido en unos 100 días.
La mejora formal no se ha trasladado con la misma intensidad a los resultados laborales, según el think tank. En un estudio centrado en los jóvenes, estima que la reforma redujo un 40% la brecha previa en la duración del primer empleo, un 32% la brecha en la probabilidad de que ese primer empleo durase al menos seis meses y un 14% la brecha de ingresos acumulados durante el primer año. Los efectos son positivos, pero de magnitud limitada.
La explicación de Fedea es que parte del empleo que antes se formalizaba como temporal se ha canalizado hacia contratos indefinidos de corta duración. Las bajas voluntarias siguen siendo la principal causa de finalización de la relación laboral, tanto antes como después de la reforma; lo que ha cambiado es el momento: las salidas de los indefinidos ordinarios se producen antes. Las tasas de supervivencia de estos contratos caen especialmente a los seis, nueve y doce meses.
A mi juicio, restringir la contratación temporal era necesario pero no suficiente. Despedir con contratos indefinidos de corta duración sigue siendo relativamente barato. Antes de la reforma, el acceso de los jóvenes al contrato indefinido estaba entre el 10% y el 17%; después salta al rango del 54%-57%. Son entre 30 y 40 puntos más de probabilidad de obtener un contrato indefinido, pero el contrato no garantiza estabilidad real. El riesgo es que las empresas perpetúen conductas anteriores con otro ropaje jurídico.
La rotación no ha desaparecido. Solo se ha formalizado distinto. La propuesta de Fedea introduce una variable que el mercado laboral español no ha explorado: premiar a quien no abusa de la rotación. A diferencia del endurecimiento del despido, que encarecería el ajuste, el sistema de cotizaciones variables permitiría discriminar según el historial real de cada empleador. Es una idea técnica, pero políticamente menos incendiaria que tocar la indemnización por despido. Habrá que ver si entra en la agenda legislativa de la próxima legislatura.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: La reacción bursátil es indirecta. El dato confirma que el 61,1% de la contratación de julio fue temporal, lo que mantiene la presión sobre el consumo y los salarios.
Clave técnica: La tasa de temporalidad del 61,1% se mantiene por encima del 60% por quinto julio consecutivo. Sin un giro en los datos de agosto, la reforma laboral no habrá roto la tendencia de fondo.
Apunte macro: La prima de riesgo española no se ha visto alterada por este dato, pero la persistencia de contratos de menos de un mes (33,3% del total) es un aviso sobre la calidad del empleo que sostiene el crecimiento de 2026.




