525 millones en fichajes fallidos: el Bernabéu que Florentino tiró a la basura sin que respondiera nadie por ello

En el Real Madrid, los aciertos tienen autor; los errores del Real Madrid son huérfanos

Imagina que en tu empresa un directivo invierte cien millones en un proyecto y sale mal. Después pone otros sesenta y vuelve a fallar. Luego treinta en uno que no trabaja un solo día para la compañía. Y otros cien largos en la gran apuesta de la década, para que cuatro años más tarde el activo se marche gratis. Cuando la suma supera los quinientos millones de euros, en cualquier empresa seria empiezan las preguntas: quién lo recomendó, quién lo aprobó, si alguien perdió atribuciones. En el Real Madrid, en cambio, la pregunta suele ser otra, y déjame que te la formule tal cual: ¿a quién fichamos este verano?

Empecemos reconociendo lo evidente, porque hacer trampas debilitaría la crítica. Florentino Pérez ha presidido uno de los periodos más brillantes de la historia del club y ha construido una máquina económica formidable: el Madrid acaba de cerrar 2025-2026 con 1.221 millones de ingresos, 287 de EBITDA y veintiséis años seguidos en positivo. Precisamente por eso cuesta tanto entender la anomalía: la política de fichajes mueve cientos de millones sin que el socio pueda identificar después quién responde cuando una gran inversión sale rematadamente mal.

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Fíjate en el mecanismo, porque es de una asimetría fascinante. Cuando Vinícius triunfa, se elogia el ojo del scouting; cuando Bellingham funciona, hubo planificación; cuando llega un crack antes que nadie, aparecen los nombres de quienes lo cerraron. Pero cuando Reinier cuesta treinta millones y se marcha cinco años después sin haber jugado un solo partido oficial, la explicación se vuelve metafísica: no se adaptó, las cesiones no salieron, mala suerte. Llegó en 2020, encadenó préstamos a Dortmund, Girona, Frosinone y Granada y acabó en el Atlético Mineiro sin debutar. Los aciertos tienen padre; los fracasos son huérfanos. En una empresa normal, alguien recuperaría el informe que recomendó pagar esos treinta millones.

La segunda lona de Florentino: Kaká sí, Hazard y James no

Durante la campaña electoral de junio de 2026, la que revalidó a Florentino con el 65% frente a Enrique Riquelme, el presidente descubrió las posibilidades políticas de la publicidad exterior. Primero, una lona junto al Bernabéu con las siete ciudades de sus Champions. Después, una segunda mucho más reveladora: diecinueve grandes fichajes de sus mandatos —Figo, Zidane, Cristiano, Benzema, Kaká, Modrić, Bale, Kroos, Vinícius, Bellingham, Mbappé…— rematados con un «Continuará».

El problema no era quién estaba, sino quién faltaba. Hazard no estaba; James, la séptima operación más cara de la historia del club, tampoco; Michael Owen, tampoco. La propia prensa subrayó las ausencias, y no se me ocurre mejor ilustración del sesgo del superviviente: seleccionas a los que funcionaron, borras del álbum a los que no, contemplas el resultado y concluyes «qué bien fichamos». Si de veinte tiros enseñas solo los que entraron por la escuadra, cualquiera parece Pelé. Aquella lona no contaba la política de fichajes de Florentino; contaba una historia redactada después de conocer el resultado.

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La lona que falta: más de 525 millones en fichajes fallidos

Hagamos entonces la lona que no veremos, con cifras deliberadamente conservadoras y favorables al club: a Hazard le cargo solo los cien millones iniciales que informó Reuters, a Kaká los sesenta y cinco de la UEFA, a Illarramendi 32,19 antes de IVA, sin sumar salarios, primas, comisiones ni actualizar por inflación. Aun jugando con la baraja marcada a favor del Madrid, la cuenta da vértigo.

JugadorCoste de adquisición aprox.Qué ocurrió
Jonathan Woodgate19,8 M€Primera temporada perdida por lesión; salida por unos 10 M€
Walter Samuel25 M€Una temporada decepcionante; vendido al Inter por unos 16 M€
Julio Baptista≈20 M€Cesión al Arsenal y venta a la Roma por 9 M€ más variables
Kaká≈65 M€Cuatro años lejos del Balón de Oro pagado; regreso al Milan sin traspaso
Fábio Coentrão≈30 M€Lesiones, cesiones y pérdida casi total del valor
Asier Illarramendi32,19 M€Dos temporadas y regreso a la Real por 17 M€ más IVA
James Rodríguez≈75 M€Gran primer año, ostracismo posterior, cesión y enorme depreciación
Lucas Silva≈13 M€Participación testimonial, cesiones y salida sin recuperar la inversión
Jesús Vallejo≈5 M€Una década vinculado y solo 35 partidos oficiales
Mariano Díaz≈21,5 M€Recomprado al Lyon y salida libre cinco años después
Álvaro Odriozola30 M€Vendido a la Real por 1,5 M€ más variables
Eden Hazard≥100 M€Siete goles, cuatro temporadas y rescisión anticipada
Luka Jović≈60 M€Rendimiento mínimo y salida a la Fiorentina sin traspaso
Reinier30 M€Cero partidos oficiales con el primer equipo
TOTAL APROXIMADOPagos de traspasos por más de 525 M€Una concentración espectacular de destrucción de valor. Unos 53-55 Millones de euros de retorno de traspasos.

No afirmo que esos 525 millones se perdieran íntegros: hubo rendimiento, amortización contable y alguna venta. Lo que afirmo es más difícil de rebatir: el Real Madrid comprometió más de 525 millones de coste de adquisición en una selección conservadora de operaciones que acabaron decepcionando o destruyendo un valor enorme. Y conviene recordar que cada uno de esos fichajes no costó solo su precio: los sesenta de Jović son el delantero que no compraste con ellos, y los treinta de Reinier, un canterano al que quizá cerraste el paso.

El dinero perdido es solo la mitad del problema; la otra mitad es lo que no pudiste hacer mientras ese capital estaba secuestrado.

Florentino fichajes fallidos Merca2

Un Bernabéu entero: los 525 millones que se prometieron a los socios

Ahora pon esa cifra en perspectiva y entenderás por qué el titular no es una boutade. En septiembre de 2018, Florentino explicó a los socios que la remodelación del Santiago Bernabéu costaría unos 525 millones de euros. Está publicado por el propio club, y es exactamente la misma cifra que suma esta lista de fichajes fallidos.

Seamos rigurosos, que es lo que da fuerza al argumento. El estadio acabó costando muchísimo más: a 30 de junio de 2026, el Madrid cifra la inversión acumulada en 1.407,7 millones. Así que sería tramposo decir que estos fichajes habrían pagado el Bernabéu que finalmente se construyó; lo riguroso, y demoledor, es que superan el presupuesto entero del Bernabéu que Florentino presentó a los socios. Un estadio completo, el de la presentación de 2018, convertido en presentaciones con flashes, cesiones y cartas de libertad.

Cristiano demuestra que cien millones pueden ser baratos (y Bale no es Hazard)

Cristiano Ronaldo destroza la excusa de que el problema es pagar mucho. El Madrid desembolsó unos noventa y cuatro millones en 2009; nueve temporadas después había marcado 451 goles en 438 partidos, era el máximo goleador de la historia del club y había ganado cuatro Champions. Y en 2018 lo vendió a la Juventus por unos cien millones: compras carísimo, obtienes casi una década de rendimiento histórico y recuperas la inversión con un jugador de treinta y tres años. El precio nunca fue el problema; el problema es el valor recibido. Cristiano por noventa y cuatro fue barato. Hazard por más de cien fue carísimo.

Por la misma honestidad, tampoco meto a Gareth Bale en este saco. Costó unos cien millones y su final fue frustrante, cierto. Pero un jugador que marcó más de cien goles, fue decisivo en finales de Champions y ganó cinco Copas de Europa no puede colocarse junto a Reinier como si fueran la misma operación. No hace falta llamar «Hazard» a todo fichaje caro con mal final: hay material de sobra sin retorcer los datos.

Quién audita al que ficha

La objeción inteligente es que una política de fichajes no se juzga operación por operación, sino como una cartera. De acuerdo. Florentino puede poner sobre la mesa a Cristiano, Modrić, Kroos, Benzema, Vinícius, Courtois o Bellingham, y algunas de esas operaciones compensan holgadamente varios errores. Precisamente por eso el análisis serio no consiste en gritar «Hazard» ni en responder «Cristiano», sino en medir la cartera: cuánto se invirtió, cuánto se recuperó, cuántos años de élite produjo cada activo. Lo contrario es la falacia de la Champions: «Hazard ganó dos», «Vallejo ganó dos». Un título colectivo no convierte en rentable cada inversión individual; con ese criterio, también el tercer portero ganó la Orejona, y costó bastante menos.

El problema es que el socio no dispone de ese cuadro de mando. Ve el precio cuando se ficha, ve la camiseta, y cuatro años después ve un comunicado anunciando que club y jugador «acuerdan separar sus caminos». El Real Madrid publica magníficas cuentas económicas; lo que no publica jamás es una cuenta de resultados de su política de fichajes. Conviene ser justo: el club sí ha cambiado estructuras —en 2011 Florentino Pérez suprimió la Dirección Deportiva de Jorge Valdano e integró sus competencias en la Dirección General de José Ángel Sánchez—, han cambiado entrenadores y métodos de scouting. Lo que el socio no puede saber es lo esencial: qué fracaso concreto produjo qué consecuencia. El entrenador pierde cuatro partidos y la organización encuentra al culpable antes de llegar al parking; para el responsable de perder decenas de millones parecen hacer falta estudios geológicos.

Messi, Lamine y La Fábrica convertida en banco

Y luego está el espejo del Barcelona, que conviene manejar sin caricatura, porque el Barça tiene su propio museo del despilfarro con Coutinho, Dembélé y Griezmann. Pero hay una comparación inevitable. Messi llegó a La Masia con trece años y Lamine Yamal con siete: coste de traspaso para incorporarlos al primer equipo, cero euros. Uno es el mejor de la historia del club; el otro, ya una de las grandes estrellas de su generación. Cada jugador que fabricas para tu primer equipo no solo te da fútbol: te evita comprarlo fuera.

Y aquí aparece una contradicción incómoda del modelo. Este verano de 2026, según El País, el Madrid ha destinado unos 225 millones a fichajes y ha financiado cerca del 90% vendiendo cantera y derechos económicos de La Fábrica. La pregunta, entonces, es si La Fábrica existe para fabricar futbolistas para el Real Madrid o para fabricar la liquidez con la que el Real Madrid compra futbolistas. No es lo mismo, y el riesgo se dispara cuando el doble error es posible: vendes al talento que tenías y compras al que no funciona.

La próxima factura ya está en el vestuario: Endrick y Mastantuono

Todo lo anterior es pasado, pero la exposición continúa, y aquí viene la parte incómoda. No voy a llamar fracaso a Endrick ni a Mastantuono: sería absurdo sentenciar a futbolistas de veinte y diecinueve años. Pero tampoco sería serio fingir que no son grandes inversiones todavía pendientes de demostrar su retorno. Por Endrick el Madrid acordó 35 millones más hasta 25 en variables; tras su primer año lo cedió al Lyon y su trayectoria madridista suma, según el club, cuarenta partidos y siete goles. Su riesgo es de manual: gran inversión en un adolescente, competencia feroz, pocos minutos y cesión.

El caso de Mastantuono es aún mayor en tamaño. River Plate informó de que la operación costó 63,2 millones en total —cuarenta y cinco netos para el club argentino y el resto, sobre todo, cargas fiscales—, y su primera temporada registra treinta y cinco partidos, tres goles y cero asistencias. Tiene diecinueve años y puede ser magnífico; pero pagar más de sesenta millones por un adolescente ya no es «dar tiempo a un chico», es capital invertido. Solo entre ambos hay una exposición potencial superior a cien millones. No son cien millones perdidos; son cien millones bajo gestión, y la diferencia lo es todo. Un buen consejo no espera a que la inversión esté destruida para analizarla: la sigue y, si el plan no funciona, lo cambia a tiempo. No pido sentencias prematuras. Pido seguimiento.

No se trata de pedir cabezas, se trata de pedir consecuencias

Todo este sistema se sostiene sobre un mecanismo incomparable de amortización psicológica: la ilusión. Llega Hazard, sale mal, aparece Mbappé y ya nadie habla de Hazard; Reinier se marcha sin debutar, aparece Mastantuono. El siguiente fichaje sustituye emocionalmente al anterior antes de que el aficionado reclame la garantía, y encima el Madrid gana tanto que las Champions actúan como una manta gigantesca bajo la que cabe casi cualquier error. Pero una institución extraordinaria debería aspirar a las dos cosas a la vez: celebrar y auditar.

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Aquí está la paradoja definitiva. Florentino es un empresario extraordinariamente exitoso; las cuentas del club lo confirman. ¿Aceptaría él en ACS que una división invirtiera cientos de millones sin disponer luego de un cuadro preciso de aciertos, errores, responsables y retorno del capital? Cuesta imaginarlo. Entonces, ¿por qué debería aceptarlo el Real Madrid, que además es propiedad de sus socios, no reparte beneficios y reinvierte todo en el club? Por eso lo de «pólvora del rey» es literal: el presidente administra, no es el dueño. No pido cabezas: nadie debe ser despedido porque un futbolista se rompa el tobillo. Pido lo menos emocionante del mundo, que el acierto reiterado tenga premio y el error reiterado, consecuencias. Los bonus y los errores deben tener el mismo código postal.

Florentino tiene todo el derecho a colgar una lona con sus Champions y otra con Cristiano, Zidane y Bellingham: son suyas, y forman parte de un legado inmenso. Pero si de verdad queremos contar toda la historia de su política de fichajes, al lado debería haber otra, con Hazard, James, Kaká, Jović, Reinier y compañía, y una cifra debajo: más de 525 millones de coste de adquisición, justo el Bernabéu que se prometió a los socios en 2018. Porque el problema nunca fue que Florentino se equivoque, que se equivoca cualquiera que decide. El problema es que cuando acierta sabemos perfectamente quién acertó, y cuando se equivoca, aparentemente, no se equivocó nadie. Esa es la lona que todavía falta en la Castellana.


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