La DANA del Mediterráneo dejó más de 90 litros por metro cuadrado en una hora en Granollers. El aguacero puso a Barcelona y a buena parte de Cataluña en aviso rojo durante el fin de semana, y la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) confirma que las lluvias extremas de la cuenca son cada vez más explosivas.
El fin de semana que desbordó el Vallès
Granollers, en el Vallès Oriental, registró más de 90 litros por metro cuadrado en apenas 60 minutos. Cuesta imaginar esa cifra hasta que se traduce a una escala que cualquiera pueda visualizar: equivale a verter cuatro garrafas y media de veinte litros sobre cada metro cuadrado de suelo en una sola hora. Ningún sistema de alcantarillado está diseñado para evacuar ese volumen sin desbordarse.
A lo largo del fin de semana, la AEMET activó avisos rojos en Cataluña, la Región de Murcia, la Comunidad Valenciana, y Extremadura. Las inundaciones dejaron varios fallecidos y pusieron contra las cuerdas a los servicios de emergencia de cuatro comunidades autónomas. El este peninsular se llevó la peor parte de un temporal que, según el organismo, irá perdiendo fuelle en los próximos días.
Lo ocurrido estos días no es un caso aislado. La cuenca mediterránea concentra desde hace años los episodios de lluvia más intensos de Europa, y la secuencia se repite con una frecuencia incómoda: un mar que llega a octubre con el calor del verano intacto en sus capas superficiales y una bolsa de aire frío dispuesta a desestabilizarlo todo.
Por qué una DANA descarga tanto en tan poco tiempo
Una DANA —Depresión Aislada en Niveles Altos, lo que durante décadas se llamó gota fría— es una bolsa de aire gélido que se desgaja de la corriente en chorro y queda atrapada sobre la península. El mecanismo que desata es sencillo de describir y brutal en sus efectos: el aire frío en altura se topa con un mar Mediterráneo que todavía guarda el calor acumulado del verano. El agua cálida se evapora, asciende, encuentra ese aire helado y condensa en cuestión de minutos.
Se forma entonces una nube de desarrollo vertical enorme, una tormenta que descarga sobre un punto concreto toda el agua que ha absorbido. Basta un cálculo sencillo para calibrarlo: un solo chaparrón de 90 litros por metro cuadrado sobre un campo de fútbol dejaría más de 640.000 litros de agua —la cuarta parte de una piscina olímpica— en apenas una hora. La diferencia con una lluvia normal no es la cantidad total, sino la velocidad: el mismo volumen repartido a lo largo de un día apenas causaría daños.
Una DANA no reparte la lluvia: la concentra. Esa concentración, no el volumen total, es lo que convierte una tormenta en una inundación.
Un polvorín que se calienta
El episodio de este fin de semana encaja en un patrón que la comunidad científica observa desde hace años. La cuenca mediterránea es una de las regiones del planeta donde el calentamiento avanza más rápido, según los informes del IPCC, y un mar más cálido significa más vapor de agua disponible para alimentar tormentas. La física es directa: por cada grado adicional, la atmósfera puede retener en torno a un 7% más de humedad, y esa humedad es la munición de cualquier DANA.
Conviene, sin embargo, ser prudentes. Que el mecanismo físico sea sólido no significa que cada inundación concreta pueda atribuirse sin más al cambio climático. Atribuir un episodio específico exige estudios de atribución que aún no se han realizado para este fin de semana, y los meteorólogos insisten en que la variabilidad natural sigue pesando mucho en esta cuenca. Lo que sí aparece documentado es la tendencia de fondo: precipitaciones menos frecuentes, pero más violentas cuando llegan.
El precedente más doloroso sigue siendo la DANA de finales de octubre de 2024 en la provincia de Valencia, una de las catástrofes naturales más graves de la historia reciente de España. Aquel episodio, como el de ahora, se cebó con la franja litoral y dejó torrentes de agua en cuestión de horas. La diferencia esta vez es que la DANA avanza desde el Atlántico y descargará sobre el centro y el norte peninsular.
Los próximos días marcarán el compás. Siguen activos los avisos amarillos y naranjas en Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Castilla y León y el noroeste de la Región de Murcia, con posibilidad de tormentas acompañadas de granizo y acumulados significativos.
La AEMET anticipa que la DANA perderá intensidad a partir del miércoles 7, cuando la estabilidad debería imponerse en casi todo el país. Las temperaturas caerán de forma notable en Andalucía y la meseta Sur, y en el Cantábrico se esperan hasta diez grados menos que el pasado fin de semana. Quien quiera seguir la evolución hora a hora tiene los avisos actualizados en la web de la AEMET, la referencia oficial para consultar el nivel de alerta por provincia.
🔬 Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: La AEMET confirma el carácter cada vez más explosivo de las lluvias extremas del Mediterráneo tras registrar más de 90 litros por metro cuadrado en una hora en Granollers.
- Dónde: Granollers y el área metropolitana de Barcelona, con aviso rojo durante el fin de semana; siguen activos avisos amarillos y naranjas en Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, Castilla y León y el noroeste de la Región de Murcia.
- Institución responsable: Agencia Estatal de Meteorología (AEMET).
- Cuándo: Fin de semana del 3 y 4 de octubre para el episodio extremo; la nueva DANA mantendrá la inestabilidad hasta el miércoles 7 de octubre.
- Impacto a futuro: Refuerza la tendencia a lluvias menos frecuentes pero más violentas en la cuenca mediterránea, con episodios concentrados en pocas horas y mayor riesgo de inundaciones súbitas.




