Florentino Pérez, y ahora encima cobarde

Posiblemente ganará. Pero no es lo que importa. Han llegado tiempos de cambio al Real Madrid, que ha estado secuestrado durante demasiados años por el que un día fue su mejor presidente, pero al que le han sobrado ya 3 o 4 años en el cargo.

Llevan veinticinco años llamándole el mejor presidente de la historia del Real Madrid. Y puede que tengan razón. De hecho, creo que sí. El problema es que eso fue hace años, que desde entonces ha convertido el club en su cortijo privado, que lleva dos temporadas sin un solo título, que el Bernabéu está hipotecado hasta 2053, que ha perdido cada batalla institucional que ha emprendido con el escudo del club, y que el lunes 12 de mayo de 2026 convocó elecciones con diez días de plazo para presentar candidatos porque, a sus 79 años, tiene demasiado miedo a que alguien le recuerde que el tiempo de los grandes hombres también se acaba. Y su momento, es evidente, ha pasado.

Son las 19:45 del lunes 12 de mayo de 2026. En la sala de prensa de la Ciudad Deportiva de Valdebebas, Florentino Pérez Rodríguez se sienta ante los micrófonos con la solemnidad de quien está a punto de leer la Declaración de Independencia. Los periodistas esperan. El mundo del fútbol espera. Los socios del Real Madrid esperan. Y el presidente del club más laureado de la historia del fútbol abre la boca y dice: «Lamento decirles que no voy a dimitir.» Nosotros también lo lamentamos.

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La frase con más «yo» por centímetro cuadrado pronunciada en la Ciudad Deportiva desde el legendario «I’m a Special One» de Mourinho. Con la diferencia de que Mourinho se fue. Y no se creía el dueño de una entidad que se debe a socios y aficionados. Esa frase la dijo el presidente de una entidad que lleva dos temporadas consecutivas sin ganar un solo título, que tiene una deuda de 1.170 millones de euros con vencimiento en 2053, que lleva dos años peleando con los vecinos por los conciertos del estadio y que tiene los parkings paralizados por los tribunales. Y lo dijo con el tono de quien hace un favor al mundo al quedarse.

Luego cargó contra una periodista del ABC que escribió una columna crítica: «Me voy a dar de baja del ABC… un artículo lo escribió una mujer que ni sé si sabe de fútbol.» Como amenaza institucional es tan aterradora como decirle a la cara a Jeff Bezos que no volverás a comprar en Amazon. Atacó a Rubén Cañizares, presente en la sala, señalándolo directamente frente a las cámaras. Acusó al grupo Vocento y a varios medios de una campaña coordinada para derrocarle. Para ser exactos: el prohombre señaló con el dedo a un periodista que cobra una fracción de lo que gana el bedel de Valdebebas. Y lo hizo convencido de que eso era poder. Y eso lo que es en realidad es un retrato.

Tiene demasiado miedo a que alguien le recuerde que el tiempo de los grandes hombres también se acaba

Se refirió a su posible rival electoral como «ese señor que tiene acento mexicano» —el hombre en cuestión es español, de Cox, en la provincia de Alicante, tan mexicano como si nos dicen que Florentino por su edad es azteca—. Anunció que el Madrid presentará un dossier de 500 páginas a la UEFA sobre el caso Negreira, que es «el mayor escándalo en la historia del fútbol». Dijo que los árbitros le robaron al Madrid entre 16 y 18 puntos esta temporada, obviando que el equipo lleva años jugando como el culo y él, su majestad, es el responsable. Y convocó elecciones con diez días de plazo para que los candidatos presenten sus avales.

Diez días. En mitad de temporada. Cuando el Barcelona acaba de ganar la Liga. Es patético

Bienvenidos al lamentable ocaso de un hombre que fue, durante una época, genuinamente grande.

De la calle Hortaleza al ingeniero del maletín

Para entender al Florentino de 2026 hay que entender al Florentino de 1947. Nació en la Calle Hortaleza del barrio de Justicia, Madrid, tercero de cinco hermanos, hijo de Eduardo Pérez del Barrio, que tenía las perfumerías Shangai y presidía una cooperativa de limpieza llamada Coperlim. Familia de clase media acomodada, trabajadora, con valores que el paso del tiempo y el poder no han tratado siempre bien.

Hasta aquí el hombre. Luego viene el ingeniero que descubrió el maletín.

Entre 1976 y 1983, Florentino hizo política con la UCD de Adolfo Suárez: concejal, director general de Infraestructuras del Transporte, presidente del IRYDA del Ministerio de Agricultura. Siete años en la administración pública en el sector de las infraestructuras: el sector donde los amigos te llaman para pedir favores y donde te llaman después para ofrecerte negocios. En 1983, cuando la UCD se derrumbó, compró Construcciones Padrós junto con excompañeros de partido. El camino de la OCP a ACS es el manual perfecto de cómo se construye un imperio en España con talento real, contactos privilegiados y una lectura del BOE que ninguna escuela de negocios del mundo puede enseñarte.

La campaña de Florentino delirante. Menos mal (para él) que le han recomendado no exponerse demasiado. Cada vez que hablaba sube el pan

Lo que Florentino aprendió en esos años fue la lección más importante del capitalismo español de la Transición: las grandes fortunas no se construyen con talento empresarial puro, sino con una combinación de talento, contactos y la capacidad para estar en la habitación correcta cuando se firman los contratos de obra pública. El ingeniero del maletín no es el que paga sobornos: es el que llega a la reunión con el análisis técnico en la mano derecha y los teléfonos correctos en la izquierda.

Con esa receta construyó ACS, un empresón que factura hoy cien millones de euros al día. Y con esa misma receta construyó su carrera en el Real Madrid: llegó en el año 2000 prometiendo el fichaje de Figo —que nadie en la historia del fútbol había pensado que era posible llevarse del Barcelona— y ganó las elecciones porque la promesa era tan audaz que los socios pensaron que o era un loco o era alguien que sabía algo que los demás no sabían. Era lo segundo.

El mejor presidente del Real Madrid moderno: se lo reconozco, y así duele más

Seré justo, porque la deshonestidad intelectual en el análisis de Florentino Pérez es tan habitual en la prensa que yo no quiero ser parte de ella. Lo que hizo entre 2000 y 2010, primero, y entre 2009 y 2022, después, no tiene precedentes en la historia del fútbol moderno.

En su primer mandato inventó los Galácticos. Figo, Zidane —por 73,5 millones, un escándalo en 2001—, Ronaldo Nazário, Beckham, Roberto Carlos, Hierro: un modelo de negocio donde las estrellas no solo ganan partidos sino que venden camisetas en todo el mundo y convierten al Madrid en una marca global. Vendió la Ciudad Deportiva de la Castellana por 480 millones y con ese dinero construyó Valdebebas. Modernizó la estructura financiera del club cuando nadie sabía lo que era un director de márketin en el fútbol.

En el segundo periodo, ganó cinco Champions League, con una décima Copa de Europa en 2014 que los madridistas llevaban doce años esperando, más las decimocuarta y decimoquinta en 2022 y 2024. Fichó a Cristiano Ronaldo por 94 millones en 2009 y al terminar el ciclo lo vendió por 105 millones, convirtiendo un activo deportivo en una operación financiera impecable. Acometió la renovación del Santiago Bernabéu con una ambición arquitectónica que ningún otro club europeo ha igualado.

Ha metido la pata hasta el fondo endeudando el club con el Estadio y su brillante idea es vender un 5% para arreglarlo

Todo eso es real. Todo eso merece reconocimiento. Y precisamente porque todo eso es real, lo que viene después resulta tan lamentable. La tragedia de Florentino no es que fuera malo. Es que fue tan bueno durante tanto tiempo que se convenció de que era inmortal. Porque Florentino, al contrario de los emperadores romanos, nunca quiso a nadie detrás que le susurrara «recuerda que eres un hombre.» Los romanos llamaban a eso memento mori. Florentino lo llamó debilidad. Y ahí empezó todo.

Porque un hombre que hace todo eso tiene la tentación natural de pensar que él y el club son lo mismo. Y en ese momento deja de ser presidente y empieza a creerse un dios.

Lo hizo con las normas electorales. En 2003 modificó los estatutos para exigir avales equivalentes al 15% del presupuesto del club. Solo hay que tener alrededor de 600 millones en activos líquidos, que cualquiera guarda en el cajón de la mesilla. Una barrera diseñada no para proteger al club sino para protegerse a sí mismo. Desde 2009, en cinco elecciones consecutivas, nadie se presentó. Ganó por aclamación, como los presidentes que uno no quiere nombrar para no hacer comparaciones que disgustan.

El expresidente Ramón Calderón lo resumió bien: «En los últimos quince años no ha habido elecciones reales en el Real Madrid.»

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Florentino no es el dueño del Real Madrid. Es un gestor temporal que, por edad y lucidez, debería llevar jubilado un quinquenio. El modelo societario que él mismo defiende en sus discursos sobre «el club de los socios» es exactamente lo contrario de lo que practica. El sobrino del ama de casa madridista no ha votado al presidente de su club en quince años porque Florentino se aseguró de que no hubiera con quién competir.

Eso tiene un nombre. Se llama secuestro institucional. Y muchos cómplices: los directivos que nunca le cuestionaron, los medios que le adularon durante sus años de esplendor, los socios que aplaudieron las Champions y miraron para otro lado cuando se tocaron los estatutos. En eso también fue el mejor: construyó su propia jaula y convenció a los pájaros de que era una villa de lujo.

El esperpento del 12 de mayo un dictadorcillo

Florentino llegó a Valdebebas con la agenda de un hombre que sabe que está contra las cuerdas. Dos temporadas sin títulos. Xabi Alonso despedido. La plantilla con problemas internos filtrados a la prensa. Las finanzas del Bernabéu cuestionadas. Los conciertos suspendidos. El parking paralizado. Y Enrique Riquelme rondando la presidencia.

Su respuesta ante todo esto siempre es atacar, atacar a los mensajeros, atacar a quién se atreva a intentar reemplazarle en su puesto. Clásico del manual del autócrata: cuando no puedes atacar los argumentos, atacas al que los formula. El tipo de persona que es se demuestra escuchando sus audios filtrados. Mientras tanto, quienes los hemos escuchado sabemos que dejan muy claro que el hombre que preside el club más importante del mundo no es precisamente el tipo que uno querría tener de suegro. Ni de jefe. Ni de vecino.

Atacó al periodista Rubén Cañizares señalándolo con el dedo en la sala. Hay algo deliciosamente absurdo en un hombre con 3.000 millones de patrimonio señalando con el dedo a un periodista deportivo para que todo el mundo se entere de quién escribe cosas malas de él. Si eso es gestión de crisis, los manuales de Harvard necesitan actualizarse.

Describió al Barça como protagonista de «el mayor escándalo en la historia del fútbol» y anunció un dossier de 500 páginas para la UEFA. Tebas le respondió al día siguiente recordando que LaLiga se personó en Fiscalía antes que el Madrid. La conclusión merece enmarcarse: «Falso, como tantas cosas. El Real Madrid no fue el primero: fue el último.» Mientras el Barça era socio en la Superliga, Negreira era un asunto menor. En cuanto el Barça se fue, se convirtió en el mayor escándalo de la historia. El cronómetro moral de Florentino tiene zonas horarias propias.

Tiene la tentación natural de pensar que él y el club son lo mismo. Y en ese momento uno deja de ser presidente y empieza a ser un dictador de pacotilla.

Aprovechó para jactarse de su salud. Me alegro de que goce de buena salud, genuinamente. Pero al madridista de a pie no le preocupa la salud física de Florentino Pérez. No es el Papa. Le preocupa el riesgo que supone tener secuestrada la entidad más importante de su vida por un hombre que pretende seguir al frente hasta los 83, que cree que el club le pertenece y que cuando le cuestionan responde insultando periodistas.

Cuando Marca —el periódico más leído de España, históricamente el más deferente con Florentino— describe la rueda de prensa como «confusa y caótica» sin una sola señal de autocrítica, es que algo ha fallado más allá del guionista.

Florentino culpable Merca2
Empleados del club impidiendo una mínima libertad de expresión si no es favorable a dictator se retira y se rompe

Las batallas perdidas de un iluminado por Dios

Hay que hablar de los últimos años. De las iniciativas con las que Florentino ha metido al Real Madrid en problemas que el Real Madrid no necesitaba.

La Superliga Europea fue el mayor fracaso político de la historia del fútbol moderno. En abril de 2021, Florentino se convirtió en el primer presidente de una competición que iba a «reformar el fútbol mundial». El fútbol mundial tardó cuarenta y ocho horas en responderle que no necesitaba que le reformasen. Y Florentino siguió semanas con el tono del iluminado que sabe que el mundo no entiende su visión. La diferencia entre un visionario y un iluminado es que al visionario le dan la razón tarde. Al iluminado, nunca.

Cinco años después dijo que «sigue trabajando con la UEFA» en el proyecto. Ha pasado de «voy a reformar el fútbol mundial» a «tenemos buena relación con la UEFA.» El viaje intelectual más largo de la historia del balompié ibérico.

Los conciertos del Bernabéu llevan paralizados desde septiembre de 2024. En julio de ese año, a la salida de uno de los cuatro conciertos consecutivos de Karol G —270.000 personas en cuatro días—, murió un hombre de 42 años, de Vigo, golpeado en la cabeza tras una pelea y trasladado al Hospital de La Paz donde falleció. Los vecinos pedían «emergencia sanitaria». En mayo de 2026, Florentino dijo ante Pedrerol: «Tengo mala suerte y tengo que pensar que los vecinos del Bernabéu son del Atleti.» Y es que ese es su mantra: si no estás de acuerdo eres un gilipollas, o del Barça, o antimadridista.

Pero al madridista de a pie no le preocupa la salud física de Florentino Pérez. No es el Papa.

Hay un muerto. Hay tribunales dando la razón a los vecinos. Hay millones perdidos. Y la explicación de Florentino es que tiene mala suerte y que los vecinos son colchoneros. Hay que verlo como lo que es: un hombre tan alejado de la realidad que ya no distingue entre el problema y el chiste.

El parking: 100 millones de euros en un proyecto subterráneo acordado con el Ayuntamiento. En septiembre de 2024, el Juzgado Contencioso-Administrativo número 30 de Madrid suspendió las obras porque el acuerdo «beneficiaba predominantemente al club.» En la rueda de prensa: «Los parkings eran para los vecinos.» Los mismos vecinos que llevan tres años demandándole. No solo son del Atleti, además seguro que son ecologistas y solo quieren monopatines por el barrio.

Y las finanzas. El análisis de Merca2 de noviembre de 2025 desnudó lo que Florentino había presentado como triunfo: la reforma del Bernabéu, con un coste total cercano a los 1.700 millones incluyendo intereses, genera un resultado neto real de apenas ocho millones una vez descontados los pagos a Sixth Street —que se quedó con el 30% de los ingresos no relacionados con entradas a cambio de 316 millones— y los gastos operativos. A partir de 2027, cuando los pagos anuales de deuda suban de 40 a 66 millones, el negocio del estadio podría entrar en pérdidas. El expresidente Calderón: «Es posible que el estadio se haya ido de precio y quizás sea complicado pagarlo.»

La entidad de los socios, convertida en lo que siempre dijo que nunca sería. Eso sí es un escándalo histórico. Aunque de ese no hay dossier de 500 páginas para nadie.

Y sí, por supuesto está mayor para esto

No seré delicado con esto, porque la delicadeza aquí sería una forma de cobardía.

Florentino Pérez tiene 79 años. Si gana estas elecciones, tendrá 83 al terminar el mandato en 2030. Ninguna empresa cotizada del Ibex 35 tiene un CEO con esas edades. Todas son conscientes de que el tiempo hace mella. La mayoría tiene protocolos de jubilación forzada a los 70. Y tiene bastante lógica. Pero el iluminado cree que él es especial, que su edad no le penaliza, que está por encima de eso, de los resultados. En fin. El personaje delira. Cuando gane, si es que lo hace, acabará viajando con el equipo con andador. Alentador para el primer equipo del fútbol mundial.

El delirio es tal que un pobre hombre saca una pancarta en un estadio que dice «Florentino, culpable» y la seguridad del club la retira de forma violenta. El derecho de expresarte en tu propia casa, arrebatado. En pleno siglo XXI. En Madrid. En democracia. Es propio de un delirio dictatorial. Y alguno lo ve normal. Es un escándalo vergonzante.

Florentino modificó los estatutos para levantar barreras contra los rivales pero nunca se puso una barrera propia. Ese pensamiento —que las reglas son para los demás— resume mejor que ningún otro análisis qué tipo de presidente es.

Bernabeu Merca2

En la rueda de prensa dijo: «Me tendrán que echar a tiros de aquí.» Un presidente que quiere al Real Madrid de verdad dice: «Mientras los socios me quieran, estaré. Cuando no, me iré.» Florentino dice que solo se irá si le echan. Con tiros. La diferencia entre esas dos frases es la diferencia entre un demócrata y un señor feudal. Todos los dictadores desean morir con las botas puestas. Hasta en eso le traiciona el subconsciente.

Biden tardó demasiado en entender que no irse a tiempo era el mayor daño que podía hacer al partido que amaba. Florentino está en ese mismo camino. Con la variante de que Biden al menos tenía la excusa de que nadie le había construido barreras electorales de 200 millones de euros. Florentino se las construyó él mismo para él mismo. Gracias Enrique Riquelme por hacer caer el velo pase lo que pase el lunes.

La cobardía de los diez días

Y llegamos a la cobardía. Porque el artículo se llama así por algo.

Convocar elecciones con diez días de plazo para presentar candidaturas, en plena temporada, a mediados de mayo, cuando el Barcelona acaba de ganar la Liga, es un acto con un solo objetivo posible: que nadie pueda organizarse. Reunir los avales en diez días, en pleno mayo, cuando los socios están mirando las finales, es lo más parecido a la democracia que hay en Corea del Norte. Cómo a Pérez le gusta.

No es estrategia. Es miedo. Es la convocatoria de quien lleva quince años ganando sin oposición y esta vez siente que, si da tiempo, pierde. Un hombre que de verdad creyera en «el club de los socios» convocaría elecciones con tres meses de plazo, en junio, con los socios tranquilos y los candidatos preparados. Lo que Florentino hizo es exactamente lo contrario de todo eso.

Eso se llama cobardía. Con diez días de plazo y 200 millones de barrera. Del señor que dice que el poder es de los socios. Vaya bemoles.

No hay debate: la campaña más sucia de la historia del club

Lo que ha venido después del 12 de mayo ha confirmado, si es que hacía falta, el retrato moral de Florentino Pérez en su peor versión.

Enrique Riquelme logró validar su candidatura el domingo 24 de mayo de 2026, apenas unas horas antes de que se cerrara el plazo. Por primera vez en veinte años, el Real Madrid tendrá elecciones reales. La fecha: 7 de junio de 2026.

La respuesta de Florentino fue exactamente la que cabía esperar de alguien que nunca ha tenido que competir de verdad: atacar. En una entrevista en Televisión Española, el aún presidente vinculó a Riquelme con Ramón Calderón —»la etapa más siniestra de la historia del Real Madrid»—, cuestionó la solidez financiera de COX Energy —como si fuera tema de discusión o tuviera algo que ver en este proceso— y afirmó detectar «un movimiento en la sombra que tiene como objetivo desestabilizar al Real Madrid a través de mi persona.» Porque ÉL es el Real Madrid. Todo lo demás son figurantes.

El problema es que los hechos no cuadraban con el relato. Antonio Medina, el directivo de la candidatura de Riquelme al que Florentino señaló como hombre de Calderón, formó parte de la dirección de la Fundación Real Madrid hasta la semana anterior a que se publicaran las acusaciones. Juan Mendoza, hijo del expresidente Ramón Mendoza, se unió al equipo de Riquelme tras haber dimitido de la junta de Calderón por discrepancias tres meses después de que este tomara el cargo. Y la información sobre la financiación de los avales que Florentino difundió fue rectificada por el propio medio que la publicó tras admitir que había recibido «información falsa e interesada.» Acojonante.

Riquelme respondió con un comunicado que merece ser leído con calma: «El Real Madrid merece mucho más que ruido, mentiras, bulos interesados y campañas de difamación entre madridistas.» Y lanzó un reto que Florentino no ha respondido: un debate público, abierto y televisado. Ni para esto sirve Real Madrid televisión.

A un dictador sus palmeros no le recomiendan debatir porque saben que se le ven todas las costuras y no aguantaría cinco minutos a alguien mucho más joven que le dijera las cosas claras. No habrá debate. Los Gollum no debaten. Murmuran y maniobran.

Y esta tarde, horas después de que Riquelme se sentara en El Hormiguero a prometer Rodri y Haaland con garantía personal firmada, Florentino respondió con lo único que tenía en la recámara: publicar en las redes sociales de su candidatura una imagen de José Mourinho con la camiseta del Madrid y la palabra «Sí». Así, tal cual. Sin rueda de prensa. Sin contrato. Sin que Mourinho hubiera aparecido en ningún escenario público a respaldar el proyecto. Una imagen y una sílaba. La respuesta del hombre que lleva veinticinco años en el cargo al candidato que le lleva comiendo la merienda durante dos semanas.

Riquelme elhormiguero Merca2

Que Florentino haya elegido a Mourinho como argumento electoral lo dice todo sobre el estado de su campaña. El portugués dejó el Real Madrid en 2013 sin ganar la Champions, con la plantilla dividida, después de tres temporadas en las que el fútbol fue gris, la bronca fue permanente y el resultado decoroso pero nunca glorioso. Mourinho como baza electoral en 2026 es como sacar a CDs de Michael Bolton en una fiesta donde están sonando Daft Punk: técnicamente funciona, pero el ambiente se muere. Y para colmo, el portugués viene de entrenar al Benfica, al que llegó tras dos temporadas en el Fenerbahce turco. El arco narrativo no es exactamente el de un entrenador en la cúspide de su carrera.

Lo más relevante del arranque de campaña no es que Florentino ataque. Es que, por primera vez en su historia, tiene que hacerlo. Llevar veinte años sin que nadie se presente a competir contigo y de repente tener enfrente a alguien con 37 años, sin deudas con el sistema, financiación propia y el tiempo por delante produce exactamente el tipo de vértigo que estamos viendo: bulos, vinculaciones falsas, entrevistas en TVE y lemas de campaña que suenan a testamento. «Mucha historia por hacer», se llama el eslogan de Florentino. Para alguien de 79 años que aspira a gobernar el club hasta los 83, el eslogan tiene una ironía que probablemente no fue buscada.

El plan de los socios-accionistas: la privatización que solo tiene lonas

Mientras la campaña se pone fea en las redes sociales, los gabinetes de prensa de ambas candidaturas llevan días intentando comprarle la lona publicitaria de la esquina de Concha Espina y Paseo de La Habana a Trade Republic —el neobanco alemán que se ha negado en redondo a ceder el espacio a ninguno de los dos equipos, probablemente disfrutando de la mejor campaña de márketin gratuita de su historia en España—, Florentino ha lanzado la que debería ser su gran propuesta de fondo: el plan de propiedad económica para los socios.

La idea, resumida, es la siguiente: crear un vehículo de inversión que permita a los 100.000 socios del Madrid ser propietarios económicos del club. Para fijar el valor de mercado, sería necesario que un inversor externo comprara entre el 5% y el 10% del capital. Florentino lo presenta como «blindar el club para que solo los socios sean los dueños». Riquelme lo llama directamente «vender el club.»

La verdad está en algún punto incómodo entre las dos versiones. La pregunta que cualquier socio debería hacerse es sencilla: si Florentino lleva veinticinco años al frente del club, ¿por qué propone ahora, a cuatro días de las elecciones, un cambio estructural de este calibre? La respuesta tiene la misma lógica que las elecciones a diez días: cuando el tiempo apremia y el rival genera ilusión, se sacan las propuestas que uno no se había atrevido a sacar antes.

El equipo de Florentino, por cierto, lleva semanas en un estado que varias fuentes de la estructura del club describen con una imagen elocuente: cuando el presidente pide la palabra para grabar un vídeo o dar una entrevista, la sala se tensa como si alguien hubiera anunciado que hay un examen sorpresa. Nadie sabe qué va a decir. Nadie sabe a quién va a señalar esta vez. La rueda de prensa del 12 de mayo dejó una huella que no se borra en tres semanas de campaña, y los más cercanos a Florentino llevan días rezando para que termine el domingo sin un nuevo episodio de ira pública. Hasta ahora, no lo han conseguido del todo.

Real Madrid TV
Enrique Riquelme. Foto: EP.

Enrique Riquelme y el mundo que viene

No sé si Riquelme ganará el 7 de junio. Posiblemente no esta vez: la ventaja en el censo de socios que ha construido Florentino durante veinte años de mandato sin oposición es estructural y difícil de remontar. Pero lo que importa no es el resultado de junio. Lo que importa es que el Real Madrid tiene elecciones reales por primera vez en dos décadas. Y soy un firme convencido de que si no es en esta, será en la siguiente: Enrique Riquelme será presidente del Real Madrid.

La diferencia entre las dos campañas se resume en lo que cada uno puso sobre la mesa estos días. Florentino sacó a Mourinho de la nevera —literalmente, viene de Portugal— como si fuera un as cuando todo el mundo recuerda que ese as ya se jugó hace quince años con resultado mediocre. Riquelme fue a El Hormiguero, prometió a Haaland con contrato que acaba en 2034 y garantía personal firmada —si incumple, paga las cuotas de todos los socios una temporada entera—, confirmó que Rodri quiere volver a Madrid, que Raúl será director deportivo y Fernando Hierro se ocupará de la cantera. Puede que no todo se cumpla. Pero un candidato de 37 años que genera ilusión real frente a un presidente de 79 que genera nostalgia forzada no es un empate. Es un relevo generacional que el madridismo lleva años necesitando.

Enrique Riquelme será presidente del Real Madrid. O el lunes o en unos años. Pero lo va a ser.

Riquelme tiene 37 años. A los 21 se fue a Panamá, en plena crisis española, porque vio una oportunidad en las obras de ampliación del Canal. Fundó Cox Energy en 2014. En 2018, Forbes le dedicó su portada española con «El Hombre de la Energía Solar». En 2023, compró los activos de Abengoa —el mayor escándalo empresarial del país— y los saneó. En 2025-2026 cerró la compra de los activos de Iberdrola en México por más de 3.000 millones de dólares. Ahí está el matiz delicioso: Florentino lleva años en guerra con Iberdrola desde que ACS intentó hacerse con la compañía y fracasó. El hombre que puede arrebatarle la presidencia del Madrid le compró a Iberdrola activos que Florentino nunca pudo quitarle. El universo tiene un sentido del humor bárbaro.

A sus 37 años, Riquelme ha construido más de lo que construyó Florentino Pérez a esa edad. Y lo ha hecho sin contactos de la Transición, sin BOEs estudiados, sin siete años de administración pública como trampolín. Florentino lo llama «ese señor con acento mexicano» porque no tiene otro argumento. Pues ese señor con acento mexicano ha hecho una mejor campaña, más elegante, más valiente, con ideas y con futuro por delante. Justo lo que no tiene Florentino.

Si Florentino tuviera sentido del humor, se reiría. Pero los Gollum no se ríen. Los Gollum murmuran.

El club que merece ser devuelto a sus dueños

La época dorada de Florentino fue real. Los títulos fueron reales. La modernización fue real. El Bernabéu nuevo, aunque de precio desproporcionado, es una obra de ingeniería asombrosa. Gracias y adios. A disfrutar de la jubilación y los nietos.

Pero la época dorada terminó. Y lo que nos queda es un hombre que no acepta que las épocas terminan. Que ha construido una arquitectura institucional —estatutos imposibles, plazos ridículos, candidaturas sin oposición— para perpetuarse en un cargo que debería ser temporal. Que mete al club en sus batallas —la Superliga, Negreira como arma arrojadiza, enfrentamientos con LaLiga— que responden a su ego y a sus intereses corporativos, no a los de los ciento diez mil socios.

El Biden del Real Madrid. La analogía es tan cruel como exacta.

Florentino nunca fue un hombre afable con los de su entorno. Quienes le conocen de verdad hablan de alguien duro, que genera más miedo que cariño en sus colaboradores. Su círculo de confianza se ha reducido con los años, y los que se quedan son los que asienten. Rodearse de gente que asiente es la mejor manera de perder el contacto con la realidad. También es la mejor manera de acabar creyendo que todos los árbitros son del Barcelona y todos los vecinos del Bernabéu son del Atlético.

Hay una escena en El Señor de los Anillos que lo explica todo. Gollum, en sus buenos tiempos, fue Sméagol: un tipo normal, con familia, con vida. El anillo lo convirtió en lo que todos conocemos. Florentino tuvo su época Sméagol —galácticos, Champions, Bernabéu nuevo— y la vivió con una grandeza real. El problema es que lleva una década en modo Gollum: encogido sobre «mi tesoro», mirando con ojos febriles a cualquiera que se acerque. Esta semana el Gollum electoral sacó a Mourinho (enorme pereza) de la chistera el mismo día que su rival anunciaba a Haaland y Rodri en El Hormiguero. Otrora brillante caballero. Hoy, un Gollum geriátrico con traje de Cucinelli y un vídeo de nueve segundos como argumento de campaña.

Lo que el Real Madrid necesita no es un nuevo Florentino. Necesita lo más simple del mundo: cuatro años de mandato, transparencia en las cuentas, un candidato que compita en condiciones justas y un presidente que entienda que su trabajo es servir al club, no que el club le sirva a él.

Florentino Pérez hizo grandes cosas por el Real Madrid. Ahora mismo, lo mejor que podría hacer por el Real Madrid, y por su propio legado, sería irse.

Los socios y aficionados, que muchos miramos a otro lado y le dejamos hacer en tiempo de bonanza aceptando el mal menor, hoy somos rehenes de la situación y del ego desmedido del personaje.

Y el hecho de que no lo haga por su voluntad, sino solo si alguien le gana en las urnas que él mismo diseñó para que nadie le ganase, dice todo lo que hay que saber sobre quién pone primero al club y quién se pone primero a sí mismo.


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