Centro de datos de Microsoft en Zaragoza: la oposición vecinal frena las obras

La asociación vecinal de Torrero lleva años combatiendo proyectos ambientales al sur de Zaragoza y ahora planta cara al desembarco de Microsoft. Las denuncias por residuos y expropiaciones cuestionan la letra pequeña del plan de 5.300 millones.

Microsoft desembolsa 5.300 millones de euros en Aragón, pero el barrio de Torrero planta batalla al centro de datos de Zaragoza.

Claves de la operación

  • La inversión de 5.300 millones choca con la oposición vecinal. El proyecto contempla tres campus en Zaragoza, La Muela y Villamayor de Gállego y ya tiene aprobación inicial del Gobierno de Aragón.
  • Las disputas se centran en residuos y expropiaciones. La asociación de vecinos denuncia la gestión irregular de excedentes de obra y el pago insuficiente por los terrenos.
  • La tramitación como PIGA acelera los plazos. El Proyecto de Interés General de Aragón reduce la capacidad de freno administrativo de la oposición vecinal.

El frente vecinal que incomoda el proyecto de Microsoft

El megaproyecto contempla tres campus: 146 hectáreas en La Muela, 81 en Villamayor de Gállego y 59 junto al centro comercial Puerto Venecia. La aprobación inicial ya está sobre la mesa. Sin embargo, la asociación de vecinos de Torrero, de tradición obrera y con un historial de luchas urbanísticas, ha plantado cara.

Publicidad

Este barrio del sur de Zaragoza consiguió sellar el antiguo vertedero de Las Canteras, muy cerca de donde Microsoft planea levantar su campus zaragozano. Las manifestaciones han dado paso a las denuncias. La última, ante la policía local, argumenta que las obras cortaron un camino sin colocar el cartel informativo que exige la normativa municipal. La ficha catastral, dicen los vecinos, demuestra que la vía es de dominio público.

Los vecinos también cuestionan la licencia y el plan de trabajo para gestionar los residuos de la zona, posiblemente contaminados con amianto. No son los únicos: la plataforma ‘Salvemos los Pinares de Venecia’ ha denunciado la opacidad operativa de los centros de datos de Microsoft en Zaragoza, mientras que el grupo político Zaragoza en Común exige información sobre el impacto en agua y energía.

El pulso más reciente es económico. La constructora se resistiría a pagar los 13 millones de euros que costaría llevar los excedentes a un vertedero autorizado y plantearía depositarlos junto a los Pinares de Venecia, una zona sensible por su proximidad a espacios protegidos.

Expropiaciones, la letra pequeña del PIGA

Más allá del combate vecinal, el proyecto arrastra un historial de expropiaciones incómodo. Parte del terreno era público, pero otra parte pertenecía a particulares. Microsoft ofreció hace algo más de dos años «una cantidad de dinero muy baja», según relatan los propietarios. Tras el rechazo, recibieron una carta del Gobierno de Aragón en la que se informaba, que no había más opción: los terrenos iban a ser expropiados. La diferencia no es menor: hablamos de valorar el suelo a precio agrícola cuando hace dos años se negociaba como urbanizable.

Los terrenos ya están vallados. Los propietarios recibirán una valoración como suelo rural, de entre 2 y 5 euros por metro cuadrado, frente a los 25-30 euros que defendían hace dos años. La brecha entre ambas valoraciones alimenta el malestar vecinal y la sensación de que el interés general se impone sin compensar a quienes pierden.

La plataforma ‘Salvemos los Pinares de Venecia’ resume el sentir con una frase similar: «no es progreso, sino todo lo contrario». El lema recuerda al «no es progreso, es imposición» que ya enarbolaron los vecinos de Torrelobatón, en Valladolid, contra el proyecto de centro de datos San Lorenzo de la empresa Mudarra. Dos campañas distintas, pero un mismo desencuentro entre las promesas de riqueza y el impacto real sobre el territorio.

La promesa de miles de empleos esconde un desequilibrio: el beneficio macroeconómico se persigue a costa del territorio y de quienes lo habitan.

El desequilibrio de fuerzas es evidente. El proyecto se tramita como Proyecto de Interés General de Aragón, cuenta con licencias y avanza con miles de millones comprometidos. El PIGA es la figura que permite al Gobierno de Aragón priorizar proyectos de calado autonómico con plazos abreviados. El precedente del centro de datos de Blackstone, que recibió luz verde tras una valoración ambiental simplificada de apenas tres meses, tampoco invita al optimismo vecinal.

Lo que este conflicto revela sobre el modelo cloud en España

En esta redacción observamos un patrón: Aragón ha hecho del músculo energético su principal argumento para captar centros de datos. Amazon y Blackstone también aceleran en la región. El discurso oficial promete empleo y riqueza, pero esquiva preguntas sobre agua, paisaje y consumo eléctrico. Los vecinos de Torrero no discuten la inversión: discuten sus costes ocultos. La paradoja es que la opacidad que denuncian los vecinos no es un error del proceso, sino una característica del modelo: se acelera la instalación y se difiere el escrutinio.

El caso se conecta con una alerta mayor: la red eléctrica española está al límite. La apuesta por los centros de datos dispara la demanda energética en zonas concretas. Cabe recordar que la asociación de Torrero ya logró sellar Las Canteras. Ese precedente de victoria ambiental da legitimidad a su pulso actual y debería advertir a los hyperscalers que el suelo barato no es territorio sin memoria.

El riesgo para la multinacional no es legal, sino reputacional. La oposición vecinal probablemente no frene el proyecto, pero ya ha instalado una narrativa de desconfianza que puede replicarse en otros municipios. Microsoft, por su parte, no ha emitido una respuesta pública contundente a las denuncias, más allá de los cauces administrativos. Gobernar el descontento local será tan importante como gestionar los permisos.

La próxima batalla se librará en los juzgados y en los ayuntamientos. El lector puede seguir dos hitos: la resolución de las denuncias policiales por el cierre del camino y la eventual publicación del plan de gestión de residuos. Ahí se verá si la promesa de transparencia resiste el escrutinio vecinal. El tiempo dirá si la multinacional corrige su estrategia de relación con el territorio o si insiste en la vía expeditiva.


Publicidad