Un fósil excepcional revela la ruta propia de los dinosaurios hacia el vuelo

El ejemplar, hallado en Liaoning, mide 57 centímetros y conserva plumas en las extremidades. El estudio sostiene que el vuelo evolucionó por caminos distintos en dinosaurios y aves.

Un fósil excepcional revela que los dinosaurios volaron por una ruta evolutiva distinta a la de las aves. El ejemplar, hallado en el noreste de China y descrito esta semana en Nature Communications, pertenece a una especie desconocida hasta ahora y conserva plumas y estructuras anatómicas que reescriben un capítulo entero de la evolución del vuelo.

Lo bautizaron como Norellraptor barsboldi. Medía 57 centímetros de la cabeza a la cola, pesaba alrededor de un kilo y murió con unos tres años de edad, según estima el equipo internacional que lo ha estudiado.

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Que un ejemplar así llegue hasta nosotros es casi un milagro geológico. Para fosilizar, un animal debe quedar sepultado con rapidez en un sedimento fino, sin oxígeno y sin carroñeros. Las plumas, tan frágiles, rara vez sobreviven a ese proceso.

Un microrraptorino que no era un ave

El fósil pertenece a los microrraptorinos, un grupo de dinosaurios carnívoros pequeños, de aproximadamente un kilogramo de peso, que lucían plumas en sus extremidades. Habitaron lo que hoy es la provincia de Liaoning, en China, hace entre 145 y 100 millones de años, en pleno Cretácico. Un agricultor local encontró el ejemplar, y un equipo internacional de China, Italia y Eslovaquia lo ha descrito ahora.

Los microrraptorinos forman una rama completa del árbol de la vida, la de los Microraptorinae, estrechamente emparentada con las aves, que pertenecen al clado Avialae. Ambos grupos comparten un antepasado común, pero tomaron senderos separados hace decenas de millones de años. Esa cercanía convierte a los microrraptorinos en una ventana privilegiada para entender cómo apareció el vuelo.

Los investigadores compararon las adaptaciones relacionadas con el vuelo de los microrraptorinos conocidos con las observadas en el linaje de las aves. El resultado: de las 194 adaptaciones vinculadas al vuelo identificadas en los microrraptorinos, un 30% también evolucionó en el Avialae. Entre ellas figuran las plumas de las alas, unos huesos del dedo en forma de gancho y un antebrazo más largo que el brazo.

La evolución no encontró un solo camino hacia el cielo: la ensayó al menos dos veces, con herramientas anatómicas parecidas pero en otro orden.

Pero esas adaptaciones no aparecieron en el mismo orden en los dos grupos. Por eso los autores escriben que no pueden considerarse la expresión de un mismo régimen de desarrollo. La coincidencia está en el resultado, no en el camino.

Cómo se mide el vuelo en un fósil

evolución de las aves

Reconstruir cómo volaba un animal extinto exige leer su esqueleto como un plano de ingeniería. Los paleontólogos catalogan decenas de rasgos, desde el tamaño relativo de los huesos hasta la forma de las articulaciones, o la presencia de plumas largas, y comprueban en qué momento aparecen. La comparación entre microrraptorinos y aves es como seguir dos mapas distintos que llevan a la misma ciudad: el destino coincide, pero ninguna de las dos rutas se copió de la otra.

El ejemplar ayuda a imaginar la escala. Con 57 centímetros y un kilo, Norellraptor barsboldi era del tamaño de un gato doméstico o de una gallina grande. No estamos ante un animal gigantesco, sino ante un depredador ágil y ligero, justo el tipo de cuerpo que la evolución premiaría después.

Cabe recordar que se han encontrado cientos de especímenes de microrraptorinos, y que la mayoría proceden de yacimientos excepcionales por su conservación. El hallazgo no nace de un fósil aislado, sino de una acumulación de pruebas durante décadas.

Por qué la evolución repitió el experimento del vuelo

El trabajo, publicado el 29 de septiembre en Nature Communications, suma una pieza a una hipótesis que gana peso: el vuelo apareció varias veces entre los dinosaurios con plumas, no una sola. El paleobiólogo Michael Pittman, de la Universidad China de Hong Kong, considera que el estudio aporta pruebas nuevas e importantes a favor de esa idea.

A Neil Gostling, biólogo del desarrollo evolutivo de la Universidad de Southampton, le sorprendió que la mayoría de los cambios evolutivos de este linaje de dinosaurios voladores no se compartieran con sus primos avianos. El estudio demuestra, sostiene, que muchas especies exploraban todas las vías que tenían abiertas.

El debate tiene décadas de recorrido. Durante buena parte del siglo XX, la evolución del vuelo se contaba como un logro único, conquistado una sola vez por el linaje que desembocó en las aves actuales. Fósiles como este empujan a contar la historia de otra manera: el cielo fue un destino disputado por varios linajes a la vez, cada uno con su propio repertorio de soluciones.

Conviene no perder de vista las limitaciones. Un esqueleto no revela si el animal batía las alas o solo planeaba, y las plumas fósiles no dicen nada sobre su rigidez exacta. El propio equipo reconoce que las adaptaciones compartidas no siguen el mismo calendario evolutivo, y ahí sigue abierto el debate.

Eso es, precisamente, lo valioso del hallazgo. La evolución de las aves ha dejado de ser una línea recta para convertirse en un árbol frondoso, con experimentos paralelos que a veces convergen y a veces no. Ninguna ruta sobra.

El siguiente paso pasa por estudiar más ejemplares de la misma formación y por afinar los análisis del desarrollo. Los detalles completos del estudio están disponibles en el artículo publicado el 29 de septiembre en Nature Communications.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Una especie nueva de dinosaurio con plumas, Norellraptor barsboldi, cuyo esqueleto muestra que el vuelo evolucionó en los microrraptorinos por una ruta distinta a la de las aves.
  • Dónde: Yacimientos de la provincia de Liaoning, en el noreste de China.
  • Institución responsable: Equipo internacional de China, Italia y Eslovaquia, con estudio publicado en Nature Communications.
  • Cuándo: El ejemplar vivió hace entre 145 y 100 millones de años; el trabajo se publicó el 29 de septiembre.
  • Impacto a futuro: Refuerza la hipótesis de que el vuelo apareció varias veces entre los dinosaurios con plumas y obliga a reescribir el árbol evolutivo de las aves.

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