Petroleras cosechan 93.000 millones en beneficios por la guerra de Irán

El cierre casi total del estrecho de Ormuz dispara el precio del crudo y engorda las cuentas de las grandes petroleras. Ocho compañías globales concentran la mayor parte de las ganancias extraordinarias del primer semestre.

Las petroleras cosechan 93.000 millones de dólares en beneficios en el primer semestre por la guerra de Irán.

El detonante de esa cifra extraordinaria es el cierre casi total del estrecho de Ormuz, la principal vía marítima que conecta los mercados energéticos de Asia y Europa desde hace décadas.

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Con el paso restringido por el conflicto, los precios del crudo se han disparado durante los últimos meses y han vuelto a situar a los combustibles fósiles en el centro del tablero energético mundial.

La subida de precios no ha tardado en filtrarse a las cuentas de resultados de las grandes compañías del sector. Estados Unidos y Europa concentran la mayor parte de esas ganancias, de acuerdo con el análisis publicado por Oilprice.com.

La coincidencia entre una restricción física de la oferta y una demanda global que no retrocede ha permitido a varios gigantes petroleros registrar récords de beneficios durante la primera mitad del año.

El dato vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda para el sector: hasta qué punto las grandes petroleras se convierten en beneficiarias directas de un shock geopolítico que encarece la energía.

El shock de precios se produce en un momento en el que la economía europea había empezado a consolidar una desaceleración suave. La nueva tensión energética amenaza con reavivar la inflación y frenar el margen de maniobra de los bancos centrales.

El cierre del estrecho de Ormuz dispara el precio del petróleo

El estrecho de Ormuz concentra alrededor de una quinta parte del tránsito mundial de crudo y una proporción aún mayor de gas natural licuado. Un estrechamiento de ese volumen no es un desajuste menor: es un shock de oferta de primera magnitud.

El beneficio récord no nace de una mejora estructural de la productividad, sino de un estrangulamiento geopolítico con fecha de caducidad.

Las compañías han reaccionado aumentando producción para cubrir parte del hueco que deja la ruta interrumpida. Esa respuesta refuerza los ingresos en un escenario de precios altos, pero también acelera la futura normalización del mercado.

Ese movimiento alcista no afecta por igual a todas las petroleras. Quienes ya tenían activos de exploración y producción cerca de rutas alternativas, o contratos de suministro más flexibles, han podido capturar más deprisa el diferencial de precio.

El fenómeno no es homogéneo. Las empresas con mayor exposición al crudo y al gas natural en Europa y Estados Unidos son las que más rápido han visto crecer sus márgenes, mientras que las refinerías situadas lejos del tránsito interrumpido afrontan sobrecostes logísticos y de aseguramiento.

Las pólizas de seguro para los buques que operan cerca de la zona de conflicto se han encarecido de forma notable. Ese coste acaba repercutiendo en el precio final del crudo y refuerza todavía más la espiral alcista que alimenta los beneficios de los productores.

El encarecimiento del flete y de los seguros marítimos ha redirigido parte del comercio hacia rutas alternativas, más largas y costosas. Esa reorganización añade presión sobre los inventarios y prolonga la tensión en el mercado.

Ocho grandes petroleras concentran beneficios extraordinarios

estrecho de Ormuz

El informe de Oilprice.com identifica a ocho de las mayores petroleras del mundo como principales receptoras del viento de cola. No detalla los nombres de todas las compañías, pero sitúa el núcleo en los grandes grupos estadounidenses y europeos.

La cifra conjunta de 93.000 millones de dólares corresponde al primer semestre y equivale a una rentabilidad que en condiciones normales de mercado requeriría varios años de márgenes refinadores estables y volúmenes elevados.

Esos beneficios se suman a una tendencia que ya venía gestándose desde el inicio del conflicto. El cierre del estrecho ha actuado como un multiplicador sobre los precios internacionales y ha convertido cada barril adicional en un ingreso extraordinario.

El impacto se extiende a toda la cadena de valor: el crudo caro no solo mejora las cuentas del upstream, sino que también engorda los márgenes del refino y de la comercialización, especialmente en los mercados donde la demanda de gasolina y gasóleo se mantiene firme.

La dependencia de un conflicto armado convierte cada resultado trimestral en una apuesta sobre la reapertura del estrecho.

Un beneficio extraordinario con fecha de caducidad

El riesgo de estas ganancias es que se apoyan en en la restricción de una ruta marítima cuyo bloqueo no puede sostenerse de forma indefinida. La historia del mercado petrolero demuestra que los precios tienden a corregir con rapidez cuando el suministro retorna a la normalidad.

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España, como importador neto de crudo, sufre el encarecimiento con una traslación directa a los carburantes y a la inflación. Las compañías que ahora celebran beneficios récord son, al mismo tiempo, el eslabón que traslada el precio internacional al consumidor final.

La contradicción es evidente: el mismo estrangulamiento geopolítico que dispara las ganancias del sector castiga la renta disponible de los hogares y complica la política monetaria europea. No hay una senda de beneficios inocua.

Las implicaciones fiscales y regulatorias tampoco son menores. Cada ciclo extraordinario de beneficios petroleros reabre el debate sobre tributos extraordinarios, en especial cuando la subida de precios castiga a los hogares.

Los precedentes de cortes de suministro en Oriente Próximo muestran que las primas de riesgo geopolítico se evaporan tan pronto como se despeja la amenaza sobre la navegación. Si el tránsito se restableciese, el crudo podría devolver en semanas una parte sustancial de lo ganado.

El mercado ya descuenta que las petroleras intentarán maximizar producción mientras dure la restricción. Cuánto de ese aumento se convierte en inversión futura o en retribución al accionista definirá la percepción social del sector.

Una eventual reapertura parcial del estrecho, con escolta naval o sin ella, bastaría para enfriar los precios. Por eso el riesgo no es solo de oferta, sino de velocidad en la corrección.

La cuestión, por tanto, no es si las petroleras ganan con la guerra, sino cuánto durará la restricción que sostiene esos márgenes. Cada movimiento en el estrecho de Ormuz —reapertura parcial, escolta naval, cambio de rutas— será un dato bursátil de primera línea durante los próximos trimestres.

Mientras ese equilibrio se resuelve, las petroleras mantendrán una posición privilegiada. Sin embargo, el ciclo completo se definirá menos en las salas de juntas que en las aguas del Golfo Pérsico.


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