La DGT despliega sus nuevos radares camuflados en carreteras secundarias para cazar a miles de despistados este puente

La DGT ha activado un operativo de radares invisibles justo antes del puente de agosto, con dispositivos que ni los avisadores más modernos detectan a tiempo. Te contamos dónde actúan, cómo funcionan y qué puedes hacer para no llevarte un disgusto en carretera.

La DGT ha puesto en marcha esta semana su ofensiva más silenciosa del verano: una nueva generación de radares camuflados que ya está multando en carreteras secundarias de toda España. No hablamos de los típicos cilindros grises del arcén, sino de dispositivos capaces de esconderse detrás de una señal, cambiar de ubicación varias veces al día y pasar completamente desapercibidos para el ojo humano y para los detectores tradicionales.

El momento elegido no es casual. Coincide con la segunda Operación Especial del Verano 2026, activada justo para el primer fin de semana de agosto, cuando la Dirección General de Tráfico prevé millones de desplazamientos de largo recorrido por toda la red viaria nacional.

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DGT: así es la nueva arma que no detecta ningún avisador

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El corazón de esta ofensiva son unos radares ultraligeros, del tamaño de una mochila, que la DGT ha comprado con una inversión de más de un millón de euros. Su gracia está en el tamaño y en la discreción: se acoplan a un guardarraíl, a una señal de tráfico o incluso a un vehículo sin rotular, y desde ahí vigilan hasta seis carriles a la vez sin emitir ninguna señal previa detectable.

Eso es justo lo que los deja fuera del alcance de los avisadores de radar más veteranos. La foto ya está hecha cuando el aparato del salpicadero por fin reacciona, así que el margen de reacción del conductor se reduce prácticamente a cero en el instante en que pasa junto a uno de estos puntos.

Guardia Civil y radares remolque: la otra cara del despliegue

Buena parte de este trabajo de campo recae en la Guardia Civil, el cuerpo encargado de operar buena parte de los controles móviles en carretera. Junto a los radares de mochila, la DGT ha empezado a incorporar también los llamados radares remolque, unos pequeños trailers con forma de lavadora que se acoplan a un vehículo y se desplazan con facilidad de un punto a otro de la red viaria.

La combinación de ambos sistemas multiplica la sensación de vigilancia constante en tramos donde antes solo había radares fijos y previsibles. Ahora, cualquier curva, cambio de rasante o entrada a un pueblo puede esconder un control, y ni siquiera hace falta una instalación permanente para que empiece a sancionar.

Por qué las carreteras secundarias son el nuevo foco de atención

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No es casualidad que la DGT haya puesto el foco precisamente en las vías convencionales. Según los propios datos del organismo, este tipo de carreteras concentra en torno al 70% de los accidentes mortales del país, muy por encima de lo que ocurre en autovías y autopistas.

Las razones son conocidas por cualquier veterano del volante: doble sentido sin mediana, colisiones frontales mucho más letales y una velocidad inadecuada que está detrás de uno de cada cuatro siniestros con víctimas. El objetivo declarado no es recaudar, sino frenar precisamente esos excesos de velocidad que convierten una carretera secundaria en un lugar mucho más peligroso de lo que parece a simple vista.

Qué tipo de radares te puedes encontrar este verano

La red de vigilancia española ya no se limita a los clásicos cilindros de carretera. Estos son algunos de los dispositivos que conviven hoy en las vías españolas:

  • Radares LIDAR, capaces de medir la velocidad con tecnología láser a varios carriles simultáneamente y hasta 200 metros de distancia.
  • Radares camuflados tipo mochila, ocultos tras señales o guardarraíles, con conectividad para enviar la multa casi en tiempo real.
  • Radares remolque, con forma de pequeño trailer, que se desplazan de un punto a otro sin necesidad de obra ni instalación fija.
  • Furgonetas y vehículos camuflados de la Guardia Civil, sin rotular, que operan en tramos con alta siniestralidad y sin previo aviso.

Con más de 3.300 radares activos repartidos entre fijos, de tramo, semafóricos e inteligentes, el mapa de control se ha vuelto mucho más denso que hace apenas un par de años.

Qué puedes hacer para no llevarte un disgusto en carretera

La mejor defensa sigue siendo la de siempre: respetar el límite de velocidad indicado en cada tramo, sobre todo en zonas donde la señalización cambia de forma repentina, como salidas de curva o accesos a núcleos urbanos. Ningún avisador, por moderno que sea, sustituye a levantar el pie a tiempo.

Conviene también revisar el estado de los neumáticos, ya que un desgaste excesivo puede falsear la lectura del cuentakilómetros y hacer que el conductor crea que circula más despacio de lo que realmente va. Mantener actualizadas las apps colaborativas de tráfico ayuda, aunque la propia DGT tarda unos días en incorporar los nuevos puntos a sus listados oficiales.

Hacia dónde va el control de velocidad en España

Todo apunta a que este tipo de tecnología, más discreta y más móvil, será la norma y no la excepción en los próximos años. La tendencia europea camina hacia sistemas cada vez más pequeños, conectados y difíciles de anticipar, y España no parece dispuesta a quedarse atrás en esa carrera.

El consejo de fondo, sin embargo, no cambia con la tecnología: la mejor forma de evitar una sanción sigue siendo no darle motivos al radar, sea del tipo que sea. Circular a la velocidad adecuada para cada tramo, especialmente en las secundarias, es la única estrategia que funciona pase lo que pase con la próxima generación de controles.


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