La inteligencia artificial devuelve a Nokia a máximos bursátiles: sus centros de datos ya aportan el 30% de la facturación. La compañía finlandesa acumula una subida cercana al 70% en bolsa en lo que va de 2026 y ha vuelto a entrar en el Euro Stoxx 50. El fabricante que dominó el mercado de móviles en 2000 ya no vende teléfonos.
Claves de la operación
- Los centros de datos ya pesan cerca del 30% de la facturación. La tecnología de redes ópticas, que conecta los centros de datos entre sí y con la nube, tira del crecimiento del grupo.
- La acción sube un 70% en 2026 pero corrige un 37% desde junio. Nokia marcó 14,8 euros, su nivel más alto desde 2008, y ahora cotiza cerca de los nueve euros por título.
- La regulación de los centros de datos es la nueva variable. El Gobierno español ha impulsado un real decreto para limitar su desarrollo y en Estados Unidos el asunto se ha colado en la campaña de las legislativas de noviembre.
En el segundo trimestre de 2026 la facturación total de la compañía creció un 8% respecto al mismo periodo del año anterior. El dato, aislado, no impresiona. Lo relevante es su composición: el soporte a centros de datos concentra ya el crecimiento del grupo y deja la venta de equipos a los operadores como un negocio maduro, de márgenes estrechos. La vuelta al índice de las mayores capitalizaciones de la eurozona se confirmó esta misma semana.
El detonante del giro tiene nombre propio. El año pasado Nokia fichó como consejero delegado a Justin Hotard, que hasta entonces dirigía el negocio de centros de datos e inteligencia artificial de Intel. Su llegada formalizó un cambio de clientela: menos operador telefónico y más hiperescalador, ese puñado de compañías que levantan la nube a golpe de presupuesto anual.
Nvidia dio el respaldo más sonoro. El fabricante de chips compró un 2,9% de Nokia por 1.000 millones de dólares hace un año, dentro de un acuerdo de colaboración entre ambas firmas, y la acción se disparó un 20% en una sola sesión. En junio el valor tocó los 14,8 euros, su nivel más alto desde 2008, antes de devolver buena parte de ese terreno.
La historia larga ayuda a medir el giro. El grupo, que resume su trayectoria en su web corporativa, nació en 1865 como una fábrica de pulpa de madera a orillas del río Nokianvirta, en Finlandia, y pasó por el caucho y los cables antes de hacerse famosa por sus teléfonos. En su mejor momento llegó a representar cerca del 4% del PIB finlandés. El Nokia 3310 vendió 126 millones de unidades. Luego llegó el smartphone.
Nokia no ha cambiado de dueño: ha cambiado de cliente. Y ese cliente, el que levanta centros de datos, decide su cotización antes que cualquier operador telefónico.
El negocio que ya no depende del bolsillo del consumidor
Nokia vendió su división de dispositivos y servicios a Microsoft en 2014 y desde entonces ha recompuesto el negocio pieza a pieza. La infraestructura móvil sigue ahí, con contratos de largo recorrido y clientes que renuevan cada ciclo tecnológico. El problema es que ese mercado crece poco y se reparte entre muy pocos proveedores.
La vía de escape ha sido la tecnología de redes ópticas, el cableado que transporta datos entre centros de datos y nubes. Es un negocio con menos glamur y mejores números, porque su demanda no la marca el usuario final sino el plan de inversión de un puñado de compañías. La capitalización de Nokia llegó a caer un 97% entre marzo de 2000 y 2021. La remontada actual tiene poco que ver con aquel negocio de consumo y mucho con las decisiones de compra de Amazon, Microsoft o Google.
El respaldo de Nvidia que UBS todavía no ve en las cuentas
El acuerdo con Nvidia fue el desbloqueo, pero no ha cerrado el debate. El último informe de UBS sobre la compañía sostiene que la operación atrajo la atención de los inversores sin que estén claros los beneficios comerciales para Nokia. El banco suizo añade un matiz incómodo: la división de infraestructura de red ganó un 5% menos de lo esperado en las últimas cuentas.
UBS va más allá y sostiene que el crecimiento previsto ya está descontado en el precio. La acción no cotiza lo que Nokia gana hoy, sino lo que el mercado espera que gane cuando los centros de datos se multipliquen. Ese tipo de valoración aguanta bien los titulares y mal los trimestres flojos.
El consenso recogido por Bloomberg mantiene el optimismo: un 53,3% de las recomendaciones son de compra y un 20% de mantener. Entre los escépticos figuran Citi, Barclays, Santander, y Sabadell. JP Morgan es el más confiado y plantea un precio objetivo de 18 euros para diciembre de 2027, muy por encima de los 10,57 euros del consenso.

Ciena, Cellnex y el riesgo de depender del que construye
En redes ópticas el liderazgo mundial es de la estadounidense Ciena, con Nokia pisándole los talones. Deutsche Bank ve ventaja para el grupo finlandés porque su rival ha sido más conservador a la hora de ampliar capacidad de suministro, un factor clave para atender a los hiperescaladores. El banco alemán mantiene la compra y sitúa el objetivo en 11,5 euros.
Nokia es, en el fondo, una compañía cíclica que vende a quien construye. Ahí aparece el paralelismo con Cellnex, el valor español de infraestructura de telecomunicaciones del IBEX 35. Cellnex alquila torres con contratos indexados, ingresos predecibles y deuda elevada. Nokia vende equipos, con ingresos menos previsibles y un balance mucho menos apalancado. Dos maneras opuestas de exponerse al mismo ciclo inversor y con la misma dependencia de fondo: que alguien siga construyendo.
El riesgo compartido es la regulación. El Gobierno español ha impulsado un real decreto para imponer restricciones al desarrollo de los centros de datos, mientras en Estados Unidos el asunto se ha instalado en la campaña de las legislativas de noviembre. Si la inversión en centros de datos se enfría, la división óptica de Nokia lo nota antes que ninguna otra. Observamos además que la volatilidad del sector tecnológico se contagia rápido a un valor que hasta hace dos años se miraba como una teleco madura.
Toca medir la euforia con el calendario. Las cuentas del tercer trimestre de 2026 son el siguiente examen, y por encima de los titulares sobre inteligencia artificial lo que mirará el mercado es la cifra de pedidos de redes ópticas. La vuelta al Euro Stoxx 50 ya está hecha. Falta comprobar que ese 30% de facturación ligado a los centros de datos se convierte en margen y no solo en relato.





