El James Webb capta la nebulosa del León (NGC 2392) con un detalle inédito en su melena de gas ionizado

Las cámaras NIRCam y MIRI del telescopio espacial desvelan la estructura de la estrella moribunda, con una burbuja de gas y polvo que dibuja una cara de león cósmica. La NASA publicó la imagen el 10 de agosto.

Una vieja estrella agoniza en la constelación de Géminis y, al hacerlo, despliega una de las nebulosas planetarias más fotogénicas del hemisferio norte: NGC 2392, la nebulosa del León. El telescopio espacial James Webb, con su mirada infrarroja, acaba de retratarla con un nivel de detalle tal que su “melena” de gas ionizado parece rugir en el vacío. La imagen, publicada por la NASA el 10 de agosto de 2026, combina la visión de dos instrumentos, NIRCam y MIRI, para desvelar la compleja muerte de una estrella similar al Sol.

Una muerte estelar con forma de león

NGC 2392 se encuentra a unos 4.200 años luz de la Tierra, en la constelación de Géminis. Es una nebulosa planetaria, un nombre engañoso: no tiene nada que ver con planetas. Se trata de la envoltura de gas y polvo que una estrella de masa baja o intermedia expulsa cuando agota su combustible nuclear. La estrella central, ahora un núcleo denso y caliente camino de convertirse en enana blanca, ilumina y calienta ese material, esculpiendo formas que la combinación de vientos estelares y campos magnéticos convierte en auténticas filigranas cósmicas.

Publicidad

En el caso de la nebulosa del León, la estructura más llamativa es una burbuja central de gas ionizado que recuerda, en la nueva imagen de Webb, a la cara de un felino. Alrededor, filamentos más fríos y alargados trazan una corona que los astrónomos llamaron, casi sin pretenderlo, la melena. La resolución del telescopio permite distinguir nudos y ondas dentro de esa melena que telescopios anteriores apenas insinuaban.

Las dimensiones de esta muerte luminosa imponen respeto. La envoltura exterior mide cerca de medio año luz de diámetro. Si colocáramos uno de sus extremos en el Sol, el otro llegaría unas 125 veces más lejos que Plutón. Una escala difícil de imaginar, pero útil para entender que la agonía de una estrella puede abarcar todo un sistema planetario y seguir expandiéndose durante decenas de miles de años.

Esa expansión no es uniforme. Los vientos rápidos del núcleo chocan contra el gas expulsado antes, creando ondas de choque y cavidades como las que ahora Webb ha fotografiado con nitidez. La estrella moribunda, invisible en las imágenes ópticas porque queda oculta por el resplandor del gas, aparece en la banda infrarroja como un punto blanquecino justo en el centro de la burbuja.

La estrella central, invisible a simple vista y casi oculta por su propio resplandor, es la verdadera escultora de toda la estructura gaseosa.

Dos miradas infrarrojas para una sola fiera

El James Webb no toma una sola foto. Para construir esta imagen, el equipo de procesamiento combinó los datos de dos cámaras que operan en longitudes de onda complementarias. NIRCam (cámara de infrarrojo cercano) capta el gas caliente y las estrellas de fondo con una definición exquisita. MIRI (instrumento de infrarrojo medio) detecta el polvo frío y los filamentos externos, esas hebras que forman la melena. El resultado es un retrato que superpone las capas más íntimas y las más distantes de la nebulosa en una sola panorámica.

La imagen combina así una doble lectura del mismo fenómeno: el horno central, donde los átomos ionizados brillan a millones de grados, y la periferia, donde el polvo a pocas decenas de grados Kelvin traza el rastro de las eyecciones más antiguas. Para la NASA, esta es una de las imágenes más detalladas jamás obtenidas de una nebulosa planetaria en el infrarrojo.

El procesado final corrió a cargo de Alyssa Pagan, del Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (STScI). La elección de colores no es arbitraria: los tonos azulados representan las zonas más calientes y los rojizos las regiones más frías, permitiendo al espectador leer la temperatura del gas a simple vista.

James Webb NGC 2392

El asombro no está en la belleza, sino en la física

Las nebulosas planetarias, más allá de su fotogenia, son laboratorios físicos que ayudan a comprender cómo las estrellas devuelven al espacio los elementos químicos que fabricaron durante su vida. NGC 2392, además, es un objeto especialmente estudiado. Su núcleo expuesto muestra un espectro rico en helio, carbono y oxígeno, los mismos ingredientes que algún día formarán nuevas estrellas y, tal vez, nuevos planetas.

La imagen de Webb, aunque espectacular, no es todavía un estudio científico completo. Es una primera luz de observaciones que se integrarán en programas de investigación sobre la pérdida de masa estelar y la formación de estructuras complejas en los estertores finales de estrellas como el Sol. La precisión del infrarrojo permitirá medir por primera vez la velocidad de expansión de cada capa y crear modelos en tres dimensiones del viento estelar.

El apodo “nebulosa del León” no es oficial—el catálogo NGC sigue siendo NGC 2392— pero sí es revelador. Hasta hace poco, esta misma nebulosa se conocía popularmente como la “Nebulosa Esquimal” porque los telescopios anteriores dibujaban una cara redonda envuelta en una capucha de piel. Webb, con sus detectores infrarrojos, ha sacado a la luz una melena que ningún otro instrumento había revelado con este detalle, lo que ha motivado el cambio de apodo. La historia de esta doble identidad es un recordatorio de que la astronomía no solo mide, sino que también reinterpreta el firmamento.

La próxima meta para los astrofísicos será obtener espectros de alta resolución de las distintas regiones de la nebulosa, algo que Webb puede hacer con su modo de espectroscopia. Esos datos, si se confirman las predicciones, mostrarán cómo la estrella ha ido enriqueciendo químicamente el gas a lo largo de las eyecciones sucesivas. Es decir, la foto de hoy es solo el principio de una investigación que podría extenderse durante años.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: La estructura detallada de la nebulosa planetaria NGC 2392, apodada nebulosa del León, en el infrarrojo cercano y medio.
  • Dónde: Constelación de Géminis, a unos 4.200 años luz de la Tierra.
  • Institución responsable: NASA, ESA, CSA y el Instituto de Ciencia del Telescopio Espacial (STScI).
  • Cuándo: Imagen publicada el 10 de agosto de 2026.
  • Impacto a futuro: Permitirá modelar con precisión cómo las estrellas como el Sol expulsan su envoltura y enriquecen el medio interestelar.

Publicidad