La IA promete un salto histórico de la productividad y hasta un 15% más de PIB global en una década. Los datos macroeconómicos publicados en 2026 todavía no lo reflejan.
Claves de la operación
- Promesa y dato avanzan a ritmos distintos. Los estudios hablan de hasta un 50% más de rendimiento y un 15% adicional de PIB mundial en diez años; los indicadores agregados siguen planos.
- El gasto en centros de datos no se traduce en producción. Estados Unidos ha convertido la IA en la mayor apuesta económica de su historia, pero su PIB se desaceleró al 1,5% en el segundo trimestre.
- España afronta el escenario con la productividad estancada. Los cálculos más agresivos le atribuyen la destrucción de más de dos millones de empleos en una década sin compensación visible en el output.
La IA multiplica la inversión, pero el PIB no da el salto
Los cálculos que sostienen el optimismo vienen de lejos. La OCDE estimó que el uso de IA generativa puede elevar la productividad media un 30%, y hay analistas que sitúan el techo por encima del 50% en tareas muy concretas. En paralelo, la organización proyecta un crecimiento del PIB mundial del 3% para 2026 y del 2,1% para la economía estadounidense en 2027, en un escenario condicionado por la guerra en Oriente Medio, el encarecimiento de la energía, y la incertidumbre arancelaria.
El contraste es más brusco en Estados Unidos. El gasto en centros de datos ya supera al que el país dedicó a canales, ferrocarriles y red eléctrica, según The Wall Street Journal, y algunos analistas sostienen que cerca del 40% de su PIB se verá afectado por la IA generativa. El crecimiento, mientras tanto, se desaceleró al 1,5% en el segundo trimestre.
La productividad laboral, la relación entre producción real y horas trabajadas, subió un 1,4% en ese trimestre y un 2,2% interanual. Son cifras razonables, pero en línea con la tendencia de la última década. No hay punto de inflexión. Todavía es pronto para cantar victoria.
La paradoja de Solow se resiste a jubilarse

El Banco de la Reserva Federal de San Luis revisó 490.000 conferencias de resultados de empresas cotizadas estadounidenses y encontró dos cosas. La primera, que la IA ya ha cambiado la forma en que los directivos hablan de productividad. La segunda, que ese discurso no aparece todavía en los datos agregados: la productividad total de los factores creció solo un 0,07% en los cuatro trimestres cerrados en el primer trimestre de 2026.
Barclays avisó a sus clientes de que la adopción es más gradual que rupturista. Goldman Sachs sostiene que la IA incluso está empujando la inflación al alza. Nadie niega el efecto; la discusión es sobre su calendario.
El problema no es que la IA no funcione: es que su impacto se mide en años y las promesas se venden en trimestres.
El patrón tiene precedente. La web 2.0 prometió lo mismo y tardó en aterrizar. La informática necesitó dos décadas para aparecer en las estadísticas, hasta el punto de que Robert Solow resumió la paradoja con sorna a mediados de los ochenta: la era de los computadores se veía en todas partes menos en las cifras de productividad.
La demora tiene explicación operativa. Reorganizar empresas, formar plantillas y rediseñar flujos de trabajo lleva años, y los cuellos de botella internos que frenan la productividad quedan fuera del alcance de cualquier modelo. Cambiar el software es rápido; cambiar cómo trabaja una organización, no.
El Foro Económico Mundial añade matices. El 97% de sus expertos cree que la adopción seguirá creciendo y la mayoría espera ganancias importantes de productividad, pero el 79% alerta del rechazo social a los centros de datos y el 61% no confía en que la IA cree empleo neto.
Por qué España puede perder empleo sin ganar productividad
En España la ecuación tiene un componente incómodo. Los escenarios más citados atribuyen a la IA la destrucción de más de dos millones de empleos en una década, mientras el debate público apenas ha abordado el otro lado de la balanza: el output por hora trabajada. Sin esa segunda pata, la IA resta puestos y no suma productividad.
Las grandes cotizadas del IBEX 35 ya han incorporado la tecnología a sus hojas de ruta. Telefónica, Indra y BBVA figuran entre las que más inversión han comprometido en cómputo, datos y modelos propios. Ninguna métrica pública liga ese gasto a un salto de productividad. Eso sí, el desembolso se computa íntegro en las cuentas mucho antes de que llegue el retorno.
La pregunta que queda abierta no es si la IA transformará la economía, sino cuándo aparecerá en las cifras. La próxima ronda de proyecciones de la OCDE y los resultados del cuarto trimestre de las grandes tecnológicas serán la primera prueba seria. La promesa del 15% de PIB tendrá que seguir esperando.





