Trump rechaza el plan iraní para reabrir el Estrecho de Ormuz en siete días y Teherán insiste en negociar

La vía marítima por la que transitaba una quinta parte del crudo mundial sigue prácticamente cerrada al tráfico comercial. Teherán espera que los mediadores cataríes le trasladen una posición definitiva de Washington antes de mover ficha.

El Estrecho de Ormuz sigue prácticamente cerrado al tráfico internacional y la vía diplomática se ha enfriado en apenas 48 horas. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, rechazó el sábado el plan iraní de siete días para reabrir la vía marítima. Teherán respondió al día siguiente manteniendo intactas sus condiciones. Lo que veo en las declaraciones cruzadas de este fin de semana es un pulso trasladado del terreno militar al de la negociación, sin que ninguna de las partes haya movido una pieza sustantiva.

La propuesta se presentó en la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, y Teherán asegura haberla transmitido a Washington a través de mediadores cataríes. Preveía un calendario de siete días para reabrir el estrecho de Ormuz y, según el Gobierno iraní, podía poner fin a los combates en cuestión de días. Trump la descartó en público desde la Casa Blanca.

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El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, respondió al día siguiente en la televisión estatal IRIB: sus condiciones «son claras» y no piensa ceder en ellas. Horas más tarde matizó que Irán no ha cerrado la puerta a la diplomacia y que espera la posición definitiva de los mediadores para decidir su siguiente movimiento.

Cuatro condiciones y ningún gesto de Washington

La propuesta iraní no es un documento técnico, sino una lista de exigencias políticas. Tal y como la ha descrito Teherán, exige:

  • El cese de todas las hostilidades en Oriente Próximo, incluido el frente de Líbano.
  • El cumplimiento de los términos del acuerdo de alto el fuego que se rompió hace meses.
  • La liberación de los activos iraníes congelados.
  • El levantamiento de las sanciones sobre el petróleo iraní y el fin del bloqueo naval estadounidense sobre sus puertos.

«Nuestras condiciones son claras, y cualquier paso hacia la reapertura del Estrecho de Ormuz está condicionado a que se cumplan. Nunca hemos cerrado la puerta a la diplomacia, pero tampoco hemos renunciado a nuestros derechos.» — Abbas Araghchi, ministro de Exteriores de Irán, declaraciones a IRIB, 27 de septiembre de 2026

«Rechazo su propuesta. Rechacé su acuerdo. Quieren un pacto en el que abren el estrecho de inmediato porque están perdiendo de forma desesperada.» — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, declaraciones a la prensa en la Casa Blanca, 26 de septiembre de 2026

Irán sostiene que, hasta la fecha, los mediadores no le han trasladado ninguna comunicación formal de Washington. La decisión de Teherán, según su ministro de Exteriores, dependerá de ese mensaje.

El estrecho sigue cerrado y Teherán amenaza a los buques

precio del crudo

Antes de la guerra, por el estrecho de Ormuz transitaba alrededor de una quinta parte de la demanda mundial de petróleo. La vía es también una ruta crítica para el gas natural licuado y los fertilizantes. Hoy el tránsito comercial es residual, pese a que Trump sostiene que Estados Unidos controla la vía. Esa distancia entre el discurso político y el dato logístico explica mejor que cualquier comunicado por qué el crudo sigue cotizando con prima de riesgo y por qué los fondos mantienen sesgo risk-off hacia la región.

La Autoridad del Golfo Pérsico para el Estrecho (PGSA), el organismo creado por Irán para gestionar la vía, advirtió en la madrugada del domingo a los buques que usen lo que considera «rutas ilegales». En un mensaje en X, señaló que esa decisión «pone en riesgo financiero y vital al buque, al armador, al capitán y a la tripulación», y anticipó restricciones de tránsito no solo para el barco infractor, sino para toda la flota de su compañía.

En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní aseguró haber capturado un segundo dron submarino estadounidense en el estrecho. Y, según declaraciones del responsable estadounidense Mike Waltz recogidas por Al Jazeera, Washington habría ofrecido a Teherán la venta de uranio para un programa civil, un gesto que contrasta con el rechazo frontal al plan de reapertura.

Lo que veo en este pulso: un cierre que cuesta a las dos partes

No es la primera vez que el estrecho se convierte en instrumento de presión. En los años ochenta, la llamada guerra de los petroleros obligó a escoltar convoyes con buques de guerra occidentales; en 2019, las capturas de petroleros y el derribo de un dron estadounidense elevaron la prima de riesgo sin llegar a cerrar la vía. La diferencia es que ahora el cierre no es una amenaza, sino un hecho consumado que se prolonga desde hace meses.

El pulso cuesta a ambas partes. Irán pierde ingresos petroleros y capacidad de refinanciación; Washington asume el coste de unos precios energéticos que no controla. Hay, eso sí, una contradicción que los datos no resuelven: el discurso oficial afirma que la vía está bajo control estadounidense, mientras los operadores de flete siguen evitando la zona y el bloqueo naval sobre los puertos iraníes continúa vigente. Ambas cosas pueden ser ciertas en términos militares y falsas en términos comerciales.

Mi lectura es que la ventana abierta por los mediadores cataríes se estrechará rápido. Cualquier incidente naval, como las capturas de drones, puede romper el canal. El hito a seguir es concreto: si la posición definitiva de Washington llega en los próximos días, habrá margen para otra ronda; si se dilata, el cierre se consolidará como un rasgo estructural del mercado energético.

🌍 El impacto en España y Europa

Para el lector español, la primera consecuencia es energética. España importa gas natural licuado en volúmenes elevados y buena parte de los fertilizantes que consume el campo llega por rutas marítimas tensionadas; un cierre prolongado encarece ambos.

  • Euríbor: el efecto es indirecto y más lento. Si el crudo mantiene su prima de riesgo y presiona la inflación de la eurozona, el BCE tendrá menos margen para recortar tipos y el Euríbor a 12 meses, referencia de la mayoría de las hipotecas variables, tardará más en bajar.
  • Poder adquisitivo: carburantes, electricidad y alimentos con coste de fertilizante son las partidas de transmisión más rápida.
  • IBEX: petroleras y utilities con exposición a precios energéticos pueden salir beneficiadas, mientras aerolíneas y transporte asumen combustible más caro y recargos de seguro marítimo.

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