El pueblo de Guadalajara con pozas de agua helada que se convierte en el refugio secreto del verano

A dos horas de Madrid, un pueblo casi despoblado de Guadalajara guarda unas pozas de agua fría entre saltos de piedra. Se llega andando, sin colas ni sombrillas, y el agua nunca supera los quince grados.

Guadalajara vuelve a ser, verano tras verano, la escapada de quien busca agua fría sin hacer cola. En su sierra norte, entre pueblos de pizarra que parecen sacados de otro siglo, hay un rincón que empieza a circular de boca en boca: Roblelacasa, una pedanía de apenas veinte vecinos donde el río forma un par de piscinas naturales heladas incluso en pleno agosto.

No hay chiringuito, ni socorrista, ni cartel turístico. Lo que hay es un sendero de tres kilómetros, un salto de agua de doce metros y la sensación, cada vez más rara, de tener un paraje entero para uno mismo. El silencio es, de hecho, el verdadero lujo de este lugar.

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Roblelacasa, el pueblo negro que guarda el secreto

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Roblelacasa pertenece al municipio de Campillo de Ranas, en plena Sierra de Ayllón, y forma parte de la conocida Ruta de la Arquitectura Negra. Sus calles empedradas y sus casas construidas en pizarra le dan un aspecto que apenas ha cambiado en décadas, muy distinto al de otros pueblos negros ya masificados como Majaelrayo.

Aquí no hay bares ni tiendas: solo un puñado de viviendas habitadas todo el año y un entorno natural que empieza justo donde termina el pueblo. Esa falta de servicios, paradójicamente, es lo que ha mantenido el lugar fuera del radar durante tanto tiempo.

Las Pozas de Marte, agua que nunca se calienta

El gran atractivo de Guadalajara en verano son sus piscinas naturales, y las de Roblelacasa están entre las más espectaculares de la provincia. Se conocen como Pozas de Marte o Cascadas del Aljibe, y se forman por dos saltos consecutivos del arroyo del Soto que, sumados, alcanzan los doce metros de altura. El agua baja de la sierra y apenas se templa, incluso en los días de más calor.

El acceso final requiere caminar unos tres kilómetros por un sendero sencillo, con algún tramo de roca resbaladiza que conviene pisar con cuidado. No es una piscina acondicionada: es un paraje salvaje, con pozas profundas y paredes de piedra que invitan al baño pero también exigen respeto.

Cómo llegar y qué encontrar en el camino

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Desde Madrid, la ruta más habitual pasa por Guadalajara capital y sube después hacia Tamajón y Campillo de Ranas, un trayecto de poco más de dos horas en coche. La última parte de la carretera serpentea entre robledales y paisajes de alta montaña que ya anticipan el frescor del destino final.

Una vez en Roblelacasa hay que dejar el vehículo a la entrada del pueblo y seguir las indicaciones hacia las Pozas del Aljibe. El camino, de dificultad baja, puede hacerse con niños siempre que se controle el último tramo junto a la cascada, donde las rocas mojadas pierden agarre con facilidad.

Otros rincones fríos de la Sierra Norte

La zona que rodea Roblelacasa concentra varias piscinas naturales que comparten el mismo atractivo: aguas transparentes, temperaturas bajas y muy poca gente. Conviene tenerlas en el mapa antes de planificar la escapada, porque cada una ofrece un ambiente distinto.

  • Pozas Negras de Cantalojas: tres pozas escalonadas junto al Hayedo de Tejera Negra, con un entorno que recuerda a paisajes alpinos.
  • Chorro de Valdesotos: una piscina de piedra esculpida por la erosión, a apenas dos kilómetros del pueblo.
  • Pozas del Vadillo, en Abánades: más accesibles y adaptadas, ideales para ir con niños o personas con movilidad reducida.
  • Salto de Poveda, en el Alto Tajo: aguas turquesas rodeadas de formaciones calizas, dentro del parque natural.

Roblelacasa como paradigma del turismo de proximidad

Lo que está ocurriendo en Roblelacasa no es un caso aislado. Cada verano más viajeros españoles cambian la costa saturada por pueblos de interior donde el agua fría sustituye al aire acondicionado y el silencio a la música de los chiringuitos. Es un cambio de prioridades que beneficia especialmente a provincias como Guadalajara, con recursos naturales de sobra y todavía poco explotados.

El reto, a partir de ahora, será encontrar el equilibrio entre dar a conocer estos lugares y no repetir los errores de masificación que ya sufren otros pueblos negros. Si algo tienen claro los vecinos de Roblelacasa es que prefieren quedarse pequeños antes que perder lo que hace único a su pueblo.


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