Salir de Cuba siempre es complicado, pero resulta especialmente costoso para Meliá. La gran cadena hotelera española ha confirmado que abandonará Cuba. Sin embargo, el precio de la decisión puede ser más elevado de lo esperado en un principio, tal y como muestra el análisis presentado por Renta 4 sobre sus resultados. Su salida de la isla puede tener un coste cercano a los 78 millones de euros al calcular el impacto directo de dejar de operar en el territorio.
Y es que, a pesar de las históricas dificultades económicas de Cuba, la isla ha sido tradicionalmente uno de los destinos más atractivos del Caribe para las cadenas españolas. El Gobierno cubano otorgó durante años importantes ventajas competitivas y fiscales con la idea de garantizar la llegada de turistas, generar divisas y proyectar una imagen favorable del país en medio de las sucesivas crisis.
Sin embargo, la decisión de Meliá no se ha tomado a la ligera. La compañía se ha visto acorralada, al igual que el resto del entramado económico bajo el régimen cubano, por los cortes energéticos, las sanciones estadounidenses y el fin del suministro petrolero de Venezuela tras la detención de Nicolás Maduro el pasado 3 de enero, por lo que replegarse de la isla se convirtió en la única opción viable.

Por su parte, los analistas advierten del espacio que podrían pasar a ocupar gigantes estadounidenses como Hilton, Marriott, Wyndham o Hyatt. Asimismo, las hoteleras no han sido el único sector español castigado por la coyuntura cubana: aerolíneas como Iberia o World2Fly también han reducido sus operaciones en los últimos años. De hecho, tan solo Air Europa mantiene sus conexiones habituales entre España y la isla.
La pérdida de un mercado único para Meliá
Lo cierto es que operar en Cuba no era un activo menor. Pese a la proyección internacional de sus playas, la coyuntura política siempre ha dificultado la implantación de firmas privadas y extranjeras. De hecho, las compañías españolas debían aliarse con empresas estatales para poder operar en su territorio. Aun así, el mercado ofrecía atractivos evidentes.
No solo disfrutaban de incentivos fiscales, sino también de ventajas de localización y prioridad sobre el suelo en los enclaves más codiciados del país. Por ello, abandonar el territorio representa un golpe especialmente doloroso, aunque resulte inevitable en el contexto actual. Además, todo indica que difícilmente volverán a gozar de una posición de privilegio similar.
La nota positiva para Meliá radica en que Renta 4 aprecia fortalezas en el negocio caribeño al margen de la isla. «Los resultados se han visto afectados por el cese de operaciones en Cuba, tras más de tres décadas en la isla, algo ya anunciado por Meliá. Excluyendo dicho impacto, los datos muestran una buena evolución operativa en un trimestre con una comparativa exigente: Meliá Don Pepe continúa cerrado (reapertura prevista en octubre de 2026) y Paradisus Cancún reabrió en abril (todavía en proceso de recuperación de reservas). Meliá va encaminada a cumplir con sus objetivos de 2026, con crecimiento en propiedad y reservas», señala la firma de análisis.
La presión de Estados Unidos sobre Cuba
Y es que durante los últimos años la presión del Gobierno estadounidense de Donald Trump sobre el régimen cubano se ha intensificado. Ha sido un objetivo prioritario para el secretario de Estado, Marco Rubio, empeñado en forzar un giro económico en la isla que altere el escenario de confrontación histórica heredado desde la revolución.

El problema es que este endurecimiento ha terminado por asfixiar a una de las pocas actividades con motor privado en el país. Si bien las cadenas españolas podrían tener la opción de regresar en un escenario futuro, lo más probable es que deban resignarse a competir en segmentos más ajustados, cediendo el segmento del lujo a sus rivales estadounidenses y concentrándose en el modelo de resort de ‘todo incluido’.
El reto para la economía cubana
Con o sin presencia de las hoteleras españolas, la economía cubana atraviesa un momento crítico. Aunque el cerco de EE. UU. ha hecho mella, el fin del suministro petrolero venezolano ha asestado el golpe definitivo, desencadenando no solo la retirada de los inversores españoles, sino la grave crisis energética que asola a la isla en los últimos años.




