Adrián Sáenz crea una marca de ropa con IA en 24 horas y sin invertir un euro

El creador de contenido documenta cómo levantó la tienda Hasler, sus diseños y sus mockups con herramientas de IA, y desglosa el margen real que deja cada camiseta vendida por print on demand.

Adrián Sáenz se propuso comprobar hasta dónde llega la inteligencia artificial cuando el objetivo no es redactar un texto, si no montar un negocio desde cero. En su último vídeo cuenta cómo levantó una marca de ropa completa —diseño, tienda online, textos y mockups— en 24 horas y con una inversión que él cifra por debajo de los cinco dólares. El resultado, sostiene, está a la altura de cualquier tienda profesional del sector.

Hasler, una marca que mezcla emprendimiento y streetwear

La tienda se llama Hasler. Sáenz aclara que no existe una traducción literal al español, pero que la idea detrás del nombre remite a alguien capaz de tener ocurrencias. Sobre esa base construyó un relato de marca que junta tres piezas que, según él, no suelen ir de la mano: el mundo del emprendimiento, la estética streetwear y un aire old money. De esa mezcla salen prendas con guiños clásicos, como un número 91 que no busca parecer actual sino todo lo contrario.

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La web funciona con un sistema de drops. En el primero, la camiseta aparece acompañada por retratos de fundadores de grandes tecnológicas, en su mayoría del siglo pasado: desde Mark Zuckerberg hasta los creadores de Amazon, Microsoft y Apple. El relato apunta a emprendedores que quieren construir algo grande en este siglo, y Sáenz lo divide en dos perfiles concretos: quienes trabajan hasta las dos de la mañana y quienes madrugan.

Print on demand: vender primero y fabricar después

La clave para no adelantar dinero es el print on demand. Sáenz lo explica con calma: la tienda se conecta a un proveedor que guarda el producto en su almacén, imprime el diseño cuando entra un pedido y lo envía directamente al cliente. Nadie compra camisetas antes de venderlas, así que el riesgo inicial se reduce a la cuota de las herramientas.

Sus números son concretos. Venta a 39,95 dólares, 12 dólares para el proveedor por imprimir y 5,49 por el envío. Le quedan 22,46 dólares de margen por unidad, siempre según su ejemplo y antes de impuestos, publicidad o devoluciones. El modelo, dice, permite probar diseños sin miedo, ofrece catálogos amplios —camisetas, sudaderas, gorras— y vende en todo el mundo sin logística propia.

He creado una marca de ropa en 24 horas usando inteligencia artificial de principio a fin, con una inversión casi nula: menos de cinco dólares.

— Adrián Sáenz

También reconoce el otro lado. Lo ideal, admite, sería tener stock propio y enviar desde casa, pero eso exige una inversión que no todo el mundo puede asumir antes de saber si el producto funciona. Por eso defiende el print on demand como fase de validación: probar barato, confirmar que hay demanda y solo después dar el salto al almacén propio.

Del moodboard de Pinterest al diseño con IA

Antes de dibujar nada, Sáenz arma un moodboard en Pinterest: una colección gratuita de imágenes que transmiten la energía de la marca, sin necesidad de que sean camisetas o competidores. Con esa referencia monta una primera versión en la versión gratuita de Canva, deliberadamente tosca, y se la pasa a ChatGPT para convertirla en un diseño de camiseta. Pide dos entregas: el gráfico completo para la espalda y solo el texto para el pecho. Después recorta el fondo, un paso que considera imprescindible para que la impresión salga limpia.

El siguiente escalón son los mockups, la representación del diseño en contexto: la camiseta sobre una mesa, colgada o puesta por un modelo. Entrega a ChatGPT los diseños y varias referencias para generar esas imágenes, y luego repite el proceso con las fotos del moodboard para conseguir modelos con el aire de la marca. Reconoce que el salto de calidad es enorme, aunque el juicio sobre el resultado es suyo.

Claude Code, una skill y hora y media de trabajo

Con todos los materiales reunidos en una carpeta —diseños, mockups, moodboard y capturas de tiendas que le gustaban, sacadas de Dribbble—, Sáenz abre Claude Code y apunta a esa carpeta. Para guiar el trabajo usa una skill: un manual de instrucciones detallado que él mismo comparte gratis desde la descripción del vídeo y que le indica al modelo cómo construir una tienda estética y profesional.

A partir de ahí el agente trabaja casi solo. Le pide el enlace de la tienda y, de forma opcional, una clave de OpenAI, necesaria porque Claude no genera imágenes. Ese extra le costó dos dólares en créditos para todas las imágenes que acabaron en la web. Después eligió el idioma, confirmó que el producto ya estaba subido, conectó Shopify, instaló la herramienta que da permisos para editar y estuvo alrededor de hora y media trabajando, con alguna corrección por medio, hasta publicar.

Cuánto cuesta de verdad montar esto

Conviene mirar la letra pequeña de la expresión sin inversión. Sáenz habla de menos de cinco dólares, y a eso suma los dos dólares de créditos de imagen. Pero el punto de partida incluye una cuenta de Shopify con tres días gratis y después un euro al mes durante tres meses, además de un proveedor con prueba de 99 céntimos durante tres días y, desde ahí, suscripción mensual o anual con descuento. La barrera es bajísima comparada con comprar stock, aunque no es cero: el coste real aparece en forma de cuotas recurrentes.

El contexto también importa. El print on demand lleva años funcionando y no es ninguna novedad; lo que cambia aquí es quién hace el trabajo. Diseño, textos, imágenes y montaje de la tienda pasan de manos humanas a un agente que lee una carpeta y ejecuta. Para el lector que alguna vez ha pensado en lanzar algo, la consecuencia es doble. Por un lado, montar una tienda decente deja de ser un cuello de botella técnico. Por otro, si la barrera cae para ti, cae para todos: el diseño se comoditiza y el valor se desplaza a lo que la inteligencia artificial todavía no resuelve sola, que es encontrar clientes, sostener una marca y vender de forma repetida. Los 22 dólares de margen por camiseta solo existen si alguien compra la camiseta.

La pregunta interesante ya no es si se puede crear una marca de ropa en 24 horas con inteligencia artificial, porque el vídeo de Sáenz responde que sí. La pregunta es si esa velocidad sirve para construir algo que dure o solo para multiplicar tiendas parecidas compitiendo por el mismo cliente.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Adrián Sáenz en YouTube.


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