No es ningún secreto que los periodos de lockup suelen traer ventas masivas. Accionistas que llevan meses —a veces años— sin poder tocar sus títulos aprovechan la primera ventana para hacer caja. Sin embargo, esta mañana, con la expiración del último bloqueo para un grupo relevante de empleados y early investors, las acciones de SpaceX no solo no caen: suben. Y lo hacen con un volumen de negociación moderado, lo que descarta que se trate de un espejismo por falta de liquidez.
La mecánica del lockup: por qué asusta al mercado
Cuando una empresa como SpaceX cierra una ronda de financiación o una operación de liquidez interna, impone a los participantes un periodo durante el cual no pueden vender. Es una práctica habitual para evitar que la cotización se desmorone por un aluvión de órdenes de venta. En los mercados secundarios privados, donde la liquidez es intermitente, el efecto de un lockup puede ser aún más brusco: bastan unas pocas decenas de inversores con prisa para hundir el precio.
El mercado de secundarios privados es opaco y los precios se construyen a base de transacciones puntuales —cada comprador y vendedor negocia directamente—. Cuando un inversor institucional o un empleado con opciones sobre acciones decide liquidar, suele acudir a plataformas como Forge Global o EquityZen, que casan oferta y demanda de títulos de empresas que aún no cotizan en bolsa.
Precisamente esa fragmentación hace que cualquier desequilibrio entre la oferta y la demanda se amplifique. Un lockup que libera acciones de cientos de exempleados podría, en teoría, provocar un descalabro si todos salieran a la vez.
SpaceX desafía la lógica de las ventas
Pero esta vez la marea vendedora no ha aparecido. Los compradores —family offices, fondos de private equity y patrimonios familiares— están pagando con prima de escasez. No hay muchos vendedores dispuestos, y los que lo están no aceptan descuentos. Esa dinámica ha mantenido el precio al alza a pesar de que se han liberado varios tramos de lockup en los últimos doce meses.
Los vendedores no aceptan descuentos y los compradores pagan prima de escasez. Así se explica que un lockup masivo se esté digiriendo sin un solo tropezón.
La historia reciente respalda este optimismo. Starlink, la constelación de satélites de la compañía, ya genera ingresos recurrentes que algunos analistas sitúan por encima de los 6.000 millones de dólares anuales. El programa Starship avanza hacia vuelos operativos y los contratos con la NASA y el Pentágono no dejan de renovarse. Para muchos inversores, el riesgo de esperar a una posible salida a bolsa en 2027 o más allá es asumible.
Las acciones de SpaceX acumulan una revalorización de doble dígito en lo que va de año en el mercado secundario, una tendencia que contrasta con las fuertes correcciones que sufren otras tecnológicas que sí cotizan en el Nasdaq.
Lectura para inversores: escasez y convicción
Lo que vemos hoy no es un simple rebote técnico: es una demostración de que los accionistas actuales no tienen prisa por salir. Eso dice mucho de la confianza en la visión de Elon Musk a largo plazo, pero también del apetito de los inversores institucionales que llevan meses intentando acumular posiciones en las pocas ventanas que abre el secundario.
La pregunta no es si SpaceX superará este lockup —lo está haciendo—, sino si será capaz de mantener este nivel de convicción cuando llegue el próximo. El verdadero termómetro llegará con el cierre del trimestre, cuando algunos fondos podrían ajustar valoraciones y algún accionista con una plusvalía latente superior al 300% decida, al fin, materializar beneficios.
Por ahora, la compañía de Hawthorne ha pasado el examen sin despeinarse. Algo que, francamente, no todos los unicornios pueden decir.



