El pánico tras el hackeo de las carteras Coldcard ha dejado una estampa inusual: mientras los usuarios minoristas se apresuraban a mover sus bitcoins por miedo a perderlos, los grandes fondos de inversión metían otros 626 millones de dólares en los vehículos cotizados. El dato, según Farside Investors, confirma una tendencia que se repite: el miedo de unos es la oportunidad de otros.
Los fondos gestionados por BlackRock, Fidelity, Grayscale y Morgan Stanley, entre otros, recibieron esa cifra de dinero fresco en las horas posteriores a conocerse el ataque, que ya ha drenado más de 130 millones de dólares en bitcoins de las carteras físicas de Coldcard. La cantidad es la mayor entrada diaria en estos productos en varias semanas.
La paradoja es total. El hack, que en teoría debería espantar a los inversores, ha acabado atrayendo dinero hacia los ETF. BlackRock fue el principal beneficiario: su iShares Bitcoin Trust (IBIT) recibió la mayor parte del pastel, según los datos de la firma de análisis especializada.
El fallo que desencadenó la huida
El incidente se originó en un fallo de firmware de las populares carteras Coldcard, fabricadas por la empresa canadiense Coinkite. Una vulnerabilidad que se remonta a un error de compilación en 2021 —que omitió el chip dedicado a generar números aleatorios— permitió a un atacante adivinar claves privadas débiles. Desde finales de la semana pasada, millones de dólares han ido desapareciendo a diario de monederos afectados.
Los usuarios, en estado de alerta, han estado trasladando sus fondos a otras soluciones de almacenamiento, incluidos los exchanges centralizados. La ironía es que esa misma desconfianza en la autocustodia ha reforzado la narrativa de los productos regulados: si no puedes proteger tus monedas tú solo, que lo haga un custodio profesional.
Los inversores institucionales lo vieron claro. Mientras el miedo se propagaba entre los minoristas, los grandes fondos aprovecharon la caída de precios que acompañó a la noticia para comprar el activo subyacente a través de los ETF. El analista de Bloomberg, Eric Balchunas, lo resumió con una pregunta provocadora: ¿a quién prefieres confiar la seguridad de tu bitcoin, a un equipo de cinco personas en Canadá o a un gigante con 25.000 empleados y 15 billones de dólares bajo gestión?
El miedo al robo en autocustodia está redirigiendo el dinero hacia los ETF, y eso no es una anomalía pasajera.
La lección de custodia: del monedero frío al ETF
El episodio deja una enseñanza amarga para los defensores a ultranza de la autocustodia. Las carteras físicas siguen siendo la opción más segura en teoría, pero un solo fallo de diseño puede echar por tierra años de confianza. Los ETF, por su parte, ofrecen comodidad y una capa de responsabilidad que, para muchos, compensa la renuncia a la posesión directa de las claves.
No es casualidad que el producto de BlackRock haya sido el más beneficiado. La gestora estadounidense gestiona un patrimonio que supera los 10 billones de dólares, y su fondo de bitcoin ya había batido récords históricos de captación desde su aprobación por la SEC en 2024. En estos momentos, los ETF de bitcoin al contado en Estados Unidos gestionan en conjunto unos 77.800 millones de dólares, según Coinglass.
El movimiento de esta semana refuerza un patrón que ya se observó en otras crisis de seguridad cripto: cuando los usuarios se sienten vulnerables, el dinero fluye hacia los vehículos que perciben como más protegidos. Y pocas cosas hay más protegidas —al menos en el imaginario colectivo— que una institución financiera regulada.
Eso sí, el debate sigue abierto. La esencia de bitcoin es la descentralización y la soberanía individual, y delegar la custodia en un tercero reintroduce riesgos de contraparte. Lo ocurrido con Coldcard no invalida la autocustodia, pero sí recuerda que exige un conocimiento técnico que no todos los usuarios tienen —ni quieren tener—. Los ETF no son la solución perfecta, pero para un número creciente de inversores son la opción menos imperfecta.




