Madrid vuelve a superar los 35 grados este fin de semana y, como cada año, media ciudad ya está mirando el mapa de la sierra. Pero antes de meter el bañador en la bolsa y poner rumbo a Rascafría, conviene saber algo: Las Presillas se llenan antes de las once de la mañana en cuanto llega el buen tiempo, y encontrar sombra libre pasado ese punto es casi una lotería.
Hay una alternativa a apenas unos kilómetros de distancia que muchos madrileños todavía no han descubierto. Se llama Canencia, tiene menos de 500 habitantes y guarda una de las pozas menos masificadas de toda la Sierra de Guadarrama, con el mismo agua fría de deshielo y el mismo paisaje de postal.
Madrid tiene su propio secreto de sierra, y no está en Rascafría
La Presilla de Canencia es un pequeño embalse natural formado por el arroyo del mismo nombre antes de verter sus aguas en el Lozoya. A diferencia de sus vecinas más famosas, aquí no hay quiosco, ni cola de aparcamiento, ni sombrillas apiladas cada dos metros: solo prados, pinar y una lámina de agua transparente que en pleno agosto sigue helando los pies.
El entorno recuerda mucho al de Las Presillas —de hecho, ambos ríos nacen en la misma sierra— pero con una diferencia clave que varias guías especializadas repiten temporada tras temporada: Canencia apenas está masificada. Es la misma promesa de frescor, pero sin la sensación de piscina municipal de agosto.
Un pueblo con nombre de perro y piscinas gratis
Antes o después del chapuzón, merece la pena perderse por el casco urbano de Madrid y sus pueblos serranos, donde el asfalto da paso a calles empedradas y puentes de piedra centenarios. Canencia conserva un núcleo pequeño pero con encanto real, con tres puentes medievales y unas casas que todavía huelen a chimenea en invierno.
El acceso a la poza es completamente gratuito y no tiene control de aforo, algo que en plena temporada alta se agradece especialmente. Además, la zona recreativa cuenta con mesas de picnic, fuente de agua potable y un pequeño parque infantil, lo justo para pasar el día sin depender de un bar-restaurante que además atraiga masas.
Cómo llegar y qué encontrarte al pisar la sierra
Desde el centro de Madrid, la ruta más directa es coger la A-1 hasta la salida 69, tomar la M-604 en dirección Rascafría/Lozoya y desviarse después hacia Canencia por la M-629. El trayecto ronda los 83 kilómetros y algo más de una hora en coche, similar al tiempo que se tarda en llegar a Las Presillas, pero con muchísima menos gente al final del camino.
Quien prefiera no coger el coche también tiene alternativa: las líneas 194 y 195 de la EMT conectan Madrid con Canencia desde el intercambiador de Plaza de Castilla, aunque el trayecto en autobús se alarga bastante más que en vehículo propio. Para quienes vengan en coche, conviene salir temprano igualmente, no porque el aforo esté limitado, sino porque el aparcamiento junto a la zona de baño es pequeño y se ocupa antes que el de otras piscinas naturales más grandes.
Qué llevar y qué esperar del agua
El agua de la Presilla de Canencia procede de deshielo y manantiales de la Sierra de Guadarrama, así que la temperatura ronda siempre valores bajos, incluso en los días de más calor. No es un dato menor: mientras en Madrid el termómetro roza los 38 grados, aquí el chapuzón puede resultar casi gélido los primeros segundos.
Antes de hacer la maleta para la escapada, ten en cuenta estos cuatro elementos:
- Calzado de agua o escarpines, porque el fondo es de piedra y raíces, no arena
- Toalla y ropa de abrigo ligera para después del baño, ya que en la sierra refresca rápido al caer la tarde
- Comida y agua propias, dado que no hay chiringuito ni tienda cerca de la poza
- Bolsa para la basura, porque no siempre hay contenedores suficientes en temporada alta
Un pueblo que gana terreno de cara a los próximos veranos
Todo apunta a que Canencia va a dejar de ser un secreto tan bien guardado. Cada vez más medios especializados en escapadas de proximidad recomiendan saltarse las opciones más saturadas de la sierra madrileña y buscar alternativas como esta, donde el plan sigue siendo auténtico: agua fría, silencio y un pueblo pequeño alrededor.
La recomendación, de todos modos, sigue siendo la misma que para cualquier zona de baño natural sin socorrista: ir con precaución, respetar el entorno y evitar el mediodía de los fines de semana de agosto, cuando hasta los rincones más discretos empiezan a notar la afluencia. Si lo que buscas es sierra de verdad sin salir de la Comunidad de Madrid, este es, por ahora, uno de los planes mejor guardados del verano.






