Marc Vidal desvela la intervención en el mercado divisas de EE.UU.: vende euros para salvar al yen

Marc Vidal explica por qué Estados Unidos ha vendido euros en lugar de dólares para defender al yen, revelando una operación que protege la deuda americana y traslada el riesgo a Europa sin previo aviso.

Hace 55 años, Richard Nixon interrumpió un episodio de Bonanza para anunciar el fin de la convertibilidad del dólar en oro. Aquella decisión, cocinada en un fin de semana en Camp David, redefinió el sistema monetario global. Hoy, en el mismo lugar, otra reunión ha desencadenado una operación que suena a déjà vu. En su último análisis, Marc Vidal desvela la primera intervención directa de EE.UU. en el mercado de divisas en 15 años, ejecutada el pasado 31 de julio. La receta, sin embargo, tiene un ingrediente inesperado: Washington no ha usado dólares para sostener al yen, sino euros.

El viernes que el Tesoro compró yenes (y vendió euros)

El Banco de la Reserva Federal de Nueva York, por cuenta del Tesoro estadounidense y a través de Goldman Sachs y Morgan Stanley, salió a adquirir yenes japoneses. El movimiento, confirmado por la CNBC, pilló al mercado con el pie cambiado. Marc Vidal subraya que un día antes, Tokio había quemado hasta 58.970 millones de dólares vendiendo divisa para defender la suya, empujando el tipo de cambio de 164 a 157,6 yenes por dólar. Era la cuarta intervención japonesa en meses, tras la histórica de abril-mayo que movilizó 11,7 billones de yenes. Aun así, el yen seguía bajo presión.

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¿Por qué euros y no dólares? La factura que Europa no esperaba

La clave, según el analista, está en la contrapartida. Normalmente, cuando un país ayuda a otro en el mercado cambiario, pone su propia moneda sobre la mesa. Aquí no. «El Tesoro de Estados Unidos no vendió dólares para comprar yenes, lo que vendió fue euros», recalca Vidal. La justificación técnica es que usar euros evita debilitar al dólar, algo sensible cuando la Fed mantiene los tipos altos para domar la inflación. Pero la lectura geopolítica es más inquietante: se ha utilizado la segunda moneda de reserva del mundo sin que el Banco Central Europeo haya sido informado, y mucho menos consultado.

El paciente real no está en Tokio, sino en la deuda americana

Para entender por qué Washington movió ficha hay que mirar al mercado de bonos. El 29 de julio, con la Fed sin modificar tipos, el rendimiento del bono estadounidense a 30 años se disparó por encima del 5,23%, máximos de 19 años. Los inversores olieron la desconfianza. Alberto Musalem, presidente de la Fed de San Luis, declaró al Financial Times que «el mercado había hablado» y que él habría preferido subir un cuarto de punto. Marc Vidal conecta este estrés con la delicada posición de Japón, el mayor tenedor extranjero de deuda de EE.UU. Cada vez que Tokio vende dólares para sostener el yen, saca esos dólares de sus reservas, y la mayor parte de esas reservas son bonos del Tesoro americano. Una intervención masiva japonesa equivale a una venta silenciosa de deuda estadounidense en un momento en que los compradores escasean.

El truco de la facilidad FIMA y el carry trade que se esfuma

Para aliviar a Japón sin que se viera obligado a deshacer posiciones, el Tesoro puso sobre la mesa la facilidad FIMA, un mecanismo de la era pandémica que permite a un banco central extranjero obtener dólares a cambio de sus bonos sin tener que venderlos en el mercado. La prioridad, afirma Vidal, no era el yen, sino proteger la deuda de EE.UU. de una sangría mayor. Mientras tanto, el carry trade que ha dominado las finanzas globales durante tres décadas —endeudarse en yenes a tipos irrisorios para invertir en activos de mayor rendimiento— empieza a resquebrajarse. El Banco de Japón ha subido tipos hasta el 1%, pero el diferencial con EE.UU. sigue abierto, y la primera ministra Takaichi presiona en contra de más endurecimiento.

Ya no hay shocks globales visibles porque el sistema ha aprendido a intervenir antes de que se vean esos shocks.

— Marc Vidal

Señales de humo: bitcoin, oro y la liquidez menguante

El analista señala que no hace falta creer en teorías conspirativas para ver los síntomas del drenaje de liquidez. Bitcoin cotiza un 44% por debajo de su máximo de octubre de 2025, perdiendo casi 3.000 dólares en solo doce horas el 31 de julio, sin quiebras ni escándalos de por medio. El oro, por su parte, se mantiene cerca de los 2.476 dólares por onza, impulsado por tres años consecutivos de compras masivas de los bancos centrales. Para Marc Vidal, estos movimientos son la respuesta lógica a un mundo donde el dinero barato japonés deja de fluir y donde los gestores de la liquidez prefieren que el ajuste pase inadvertido.

1971, el espejo incómodo que devuelve la misma imagen

El vídeo establece un paralelismo entre aquel agosto de 1971 y el presente. Entonces, Japón intentó defender el yen a 360 por dólar, comprando sin descanso los dólares que le vendía un sector privado que ya anticipaba la devaluación. Tras trece días agónicos, Tokio capituló y dejó flotar la moneda, asumiendo el Estado unas pérdidas que antes eran de las empresas. «La memoria financiera es extremadamente corta y por eso los mismos mecanismos vuelven a presentarse cada pocos años disfrazados de innovación», recuerda Vidal citando a Galbraith. La diferencia crucial hoy, sin embargo es quién paga la factura. En 1971, la absorbió el contribuyente japonés; ahora, el coste se ha colocado en una moneda que compartimos 350 millones de europeos sin que nadie nos haya preguntado.

Europa, el pagano silencioso de una operación de sábado

El uso del euro como moneda de contrapartida en una intervención de viernes por la tarde, sin reuniones del G7, sin comunicados y sin ruedas de prensa, deja al BCE en una posición complicada. El euro se debilita frente al yen y nadie en Fráncfort ha dicho esta boca es mía. Para el creador del canal, este es el nuevo manual de intervencionismo: discreto, ejecutado entre tesorerías y con la capacidad de repartir el riesgo de forma que los titulares del lunes hablen de otra cosa. El poder adquisitivo se erosiona despacio, en una moneda que no es la que aparece en las portadas.

El episodio de Bonanza que Nixon interrumpió aquel domingo de 1971 acabó con Japón rindiéndose en menos de dos semanas. Hoy, con el bono a 30 años por encima del 5%, la liquidez retirándose y un acuerdo diseñado en Maryland que traslada el riesgo a los ciudadanos europeos, la pregunta que deja Marc Vidal en el aire es tan incómoda como necesaria: ¿quién se ha rendido esta vez? Puedes ver el análisis completo en el siguiente vídeo:

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