El castillo de la Coracera lleva más de quinientos años vigilando desde su torre del homenaje un secreto que muchos madrileños todavía no conocen: a sus pies, entre pinares de pino piñonero, se extiende la única playa de interior con Bandera Azul de toda la Comunidad de Madrid. No es una anécdota turística menor; es, según la Asociación de Educación Ambiental y del Consumidor, el único distintivo de este tipo que luce cualquier zona de baño madrileña.
El lugar se llama pantano de San Juan, y su playa más célebre —Virgen de la Nueva— acaba de revalidar el galardón para este verano de 2026, en un año en el que España ha vuelto a liderar el ranking mundial de banderas azules. Todo ello a setenta kilómetros de la Puerta del Sol, con acceso gratuito y sin necesidad de reservar nada.
El castillo que corona la escapada
San Martín de Valdeiglesias, el municipio que acoge tanto el embalse como la fortaleza, esconde en su casco urbano uno de los castillos mejor conservados de la región. Fue mandado construir por Álvaro de Luna, condestable de Castilla y valido del rey Juan II, a mediados del siglo XV, como residencia y pabellón de caza.
Por sus salas pasó nada menos que Isabel la Católica, invitada en más de una ocasión por el propio Álvaro de Luna. Hoy el edificio, rehabilitado a comienzos de este siglo, pertenece a una fundación mixta entre el Ayuntamiento y un particular, y se prepara para acoger el futuro Museo de los Vinos de Madrid.
Una fortaleza con nombre equivocado
El castillo de la Coracera esconde una curiosidad que pocos conocen incluso entre quienes visitan la zona cada verano: su nombre actual nació de un error. Según recoge la Coracera en su ficha enciclopédica, la denominación proviene de uno de sus antiguos propietarios, Antonio Corcuera, y fue una errata en un folleto publicitario de los años setenta la que terminó fijando el apellido equivocado para siempre.
Existen, además, referencias de una construcción anterior en el mismo emplazamiento, vinculada a los tiempos de Alfonso VIII de Castilla, en los siglos XII y XIII. El edificio actual, sin embargo, es netamente cuatrocentista y está catalogado como Bien de Interés Cultural.
El pantano que los madrileños llaman playa
El pantano de San Juan recoge las aguas del río Alberche, entre los términos de San Martín de Valdeiglesias, El Tiemblo, Cebreros y Pelayos de la Presa, rodeado de extensos pinares de pino piñonero en las primeras estribaciones de la sierra de Gredos. Es, de hecho, el único embalse de toda la Comunidad de Madrid donde está permitido el baño y la práctica de deportes náuticos a motor.
Con catorce kilómetros de orilla, el espacio ofrece varias zonas diferenciadas: la ya mencionada Virgen de la Nueva, con Bandera Azul desde 2018; El Muro, donde se ubica el Real Club Náutico; e incluso una pequeña cala donde el nudismo es una práctica habitual y tolerada entre los visitantes más atrevidos.
Qué encontrarás cuando llegues
La playa Virgen de la Nueva no es un simple arenal improvisado. Durante toda la temporada de baño cuenta con servicio de limpieza diario, socorristas y vigilancia, además de aparcamientos gratuitos junto al acceso. Un breve paseo de unos quinientos metros en pendiente separa el parking del agua, así que conviene calzar algo cómodo si se llega cargado de sombrillas y neveras.
El entorno, por si fuera poco, está protegido: la zona forma parte de la Zona de Especial Protección para las Aves de los ríos Alberche y Cofio, lo que garantiza que el paisaje que rodea el chapuzón seguirá intacto durante muchos veranos más.
- Acceso gratuito todos los días de la temporada estival
- Aparcamiento habilitado junto a la playa Virgen de la Nueva
- Socorristas y limpieza diaria durante el verano
- Deportes náuticos permitidos: piragüismo, vela y esquí acuático
El futuro de estas escapadas de proximidad
La tendencia para los próximos veranos apunta claramente hacia la desestacionalización y el turismo de cercanía: cada vez más madrileños prefieren escapadas de un día que no impliquen horas de atasco en la carretera de la costa. San Martín de Valdeiglesias, con su combinación de agua dulce, patrimonio medieval y bodegas cercanas, encaja como pocos destinos en ese cambio de hábitos.
El consejo de quien ya conoce la zona es sencillo: llegar entre semana o a primera hora los fines de semana para evitar aglomeraciones, y aprovechar la visita para completar el plan con el castillo y su entorno. Porque en Madrid, contra todo pronóstico, sí que hay playa — y lleva un castillo de guardia desde el siglo XV.







