Intervención yen: EEUU compra yenes por primera vez desde 1998 y Solana se hunde a 72 dólares

La decisión de Washington de intervenir en el mercado de divisas desató una ola de ventas en activos de riesgo, con SOL cayendo un 75% desde máximos. El fantasma del carry trade vuelve a golpear a Solana y al ecosistema cripto.

Solana se ha desplomado este viernes hasta los 72,77 dólares, un 75% por debajo de sus máximos. La causa: Estados Unidos compró yenes por primera vez en 28 años.

Por qué EEUU decidió comprar yenes tras tres décadas

El yen llevaba meses cayendo. La semana pasada tocó los 163,99 por dólar, niveles no vistos en 40 años. Japón intervino primero: el jueves vendió dólares y compró yenes en una operación que, según estimaciones de Bloomberg, rondó los 52.800 millones de dólares. La sorpresa llegó al día siguiente, cuando la Reserva Federal de Nueva York, actuando por cuenta del Tesoro, se sumó a la compra de yenes. Era la primera vez desde 1998 que Washington intervenía para sostener la divisa nipona.

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La Casa Blanca rompió una regla no escrita de casi tres décadas. Solo había actuado en el mercado de divisas en tres ocasiones desde los años noventa: 1998, 2000 y 2011, y ninguna para comprar yenes desde aquel lejano junio del 98. Entonces, la Fed de Nueva York gastó 833 millones de dólares. Esta vez, la nota manuscrita del secretario del Tesoro, Scott Bessent, filtrada en una foto de Reuters durante la reunión del G7 en Camp David, hablaba de una horquilla de 5.000 a 10.000 millones de dólares. Una cantidad que multiplica por entre seis y doce veces aquella intervención de referencia.

Japón había gastado mucho más, pero la entrada de Estados Unidos cambió las reglas del juego. El yen cerró la sesión en 157,40 por dólar, su nivel más fuerte desde principios de mayo. Las bolsas estadounidenses, con el Nasdaq subiendo un 1% y el S&P 500 un 0,7%, apenas se inmutaron. Las criptomonedas, en cambio, se hundieron.

El motivo no es un misterio: el yen es la pata corta de uno de los mayores mecanismos de financiación global, el carry trade. Durante años, los tipos de interés japoneses han estado cerca de cero, mientras que la Reserva Federal mantiene los suyos en el 3,75%. Eso ha permitido a fondos e inversores pedir prestado en yenes casi sin coste, cambiar ese dinero a dólares y comprar activos de riesgo: acciones, bonos y, por supuesto, criptomonedas como Bitcoin y Solana.

Cuando el yen se revaloriza bruscamente, la cuenta de resultados de ese préstamo se invierte y los operadores de carry trade empezaron a vender en en bloque sus activos para devolver los yenes. El viernes, Bitcoin cayó un 1,25% hasta los 63.034 dólares mientras Wall Street celebraba. Solana, más volátil y con un ecosistema DeFi apalancado, sufrió un castigo mucho mayor.

Cuando la Fed de Nueva York vende euros por yenes, el eco llega hasta la cotización de Solana. El dinero prestado en Tokio ha sido el combustible de este rally cripto.

El carry trade, ese viejo conocido que castiga a las criptomonedas

La mecánica es sencilla de explicar pero demoledora en sus efectos. Imaginemos un fondo que pidió prestados 10 millones de yenes a un tipo casi nulo, los convirtió en dólares y compró SOL cuando cotizaba a 200 dólares. Si el yen se aprecia un 3% en un día, el coste de devolver el préstamo sube de golpe, y la posición en SOL puede estar ya en pérdidas. La solución inmediata es vender SOL para recomprar yenes, y esa venta masiva hunde aún más el precio.

Eso es exactamente lo que ocurrió el viernes. Solana, que había aguantado mejor que otros activos en las últimas semanas, se derrumbó hasta los 72,77 dólares, un 75% por debajo de los máximos cercanos a los 300 dólares que rozó a principios de año. Las liquidaciones en posiciones largas de SOL se dispararon, y el volumen en exchanges centralizados se multiplicó, con los operadores tratando de cerrar sus apuestas apalancadas antes de que el yen siguiera subiendo.

El precedente más doloroso está fresco en la memoria. En agosto de 2024, cuando el Banco de Japón subió los tipos por sorpresa y el yen se disparó, el Nikkei 225 perdió un 12,4% en un solo día —su peor jornada desde 1987— y Solana llegó a desplomarse más de un 20% en pocas horas. Aquello fue una subida de tipos, un cambio estructural. La intervención de agosto de 2026 es una compra puntual, y por tanto su efecto puede ser efímero. Pero el miedo al desmantelamiento del carry trade global, alimentado durante años por la política ultralaxa de Tokio, ya ha vuelto a instalarse en los mercados.

Análisis: ¿un desplome pasajero o un cambio de ciclo para Solana?

Los estrategas de Evercore ISI advirtieron el mismo viernes, según recogía Bloomberg, que sin apoyo de los diferenciales de tipos, el impacto de las intervenciones cambiarias tiende a ser breve. Mientras la Reserva Federal mantenga los tipos en el 3,75% y el Banco de Japón se quede en el 1%, el incentivo para pedir prestado en yenes y buscar rendimiento en activos como Solana seguirá existiendo. Si la Fed empieza a recortar en los próximos meses, el diferencial se estrecharía, aliviando la presión vendedora.

Sin embargo, la velocidad del desplome de Solana recuerda que el ecosistema, pese a su madurez técnica —con más de 2.000 validadores, el cliente Firedancer en pruebas y una DePIN en plena expansión— sigue siendo uno de los activos más sensibles a las tormentas de liquidez global. Con una capitalización que ha oscilado entre los 30.000 y los 80.000 millones de dólares en los últimos meses, cualquier movimiento en el yen puede traducirse en oscilaciones violentas. Eso no invalida la tesis de largo plazo de Solana, pero sí obliga a los inversores a vigilar un indicador que rara vez aparece en los dashboards cripto: el tipo de cambio dólar/yen.

El calendario inmediato ofrece dos fechas clave. A finales de agosto, Japón publicará la cifra oficial del gasto en intervención del 31 de julio, y el G20 se reunirá en Asheville, Carolina del Norte, con Bessent y el gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, cara a cara. Si el dólar/yen se mantiene por debajo de 160, la defensa habrá aguantado; si vuelve a superarlo, Tokio y Washington podrían verse forzados a repetir la jugada. Y la próxima factura será mayor.


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