Un barrido con tecnología LiDAR ha revelado bajo el dosel de la selva amazónica los restos de una civilización precolombina de la que apenas se tenían pistas. El hallazgo, publicado en Nature, apunta a una red de más de 400 estructuras geométricas en el estado brasileño de Acre y, según los autores, podría estar multiplicando las estimaciones de población de la Amazonia antes de la llegada de los europeos.
Geoglifos que la selva devoró
Los investigadores las llaman geoglifos. Son terraplenes, fosos y calzadas que dibujan sobre el terreno figuras cuadradas, circulares y poligonales de entre 0,35 y 14 hectáreas de superficie. Una de ellas abarca casi 50 hectáreas, lo que equivale a cerca de 500.000 metros cuadrados, más del doble de la plaza de toros de Las Ventas.
El equipo, dirigido por el arqueólogo Martti Pärssinen de la Universidad de Helsinki, bautizó a esta cultura como Aquiry, el nombre indígena del río Acre. Las dataciones sitúan la construcción de estos monumentos entre 600 a.C. y 850 d.C., un periodo de casi 1.500 años en el que la selva no era un impedimento, sino el escenario de una sociedad compleja.
Un láser desde el aire que ve lo invisible
La tecnología LiDAR (Light Detection and Ranging) dispara millones de pulsos láser desde un avión y mide el tiempo que tardan en reflejarse en el suelo. Así se filtra la vegetación y se obtiene un mapa tridimensional del terreno con una precisión de pocos centímetros. Los investigadores realizaron varios vuelos de unos 450 kilómetros sobre la región y detectaron más de 430 anomalías en el terreno. De ellas, al menos 400 eran estructuras humanas desconocidas hasta ahora.
A partir de ahí, el equipo empleó modelos estadísticos para estimar que en toda el área de la cultura Aquiry —183.000 kilómetros cuadrados, la mitad de Alemania— debieron existir entre 24.000 y 30.000 estructuras de este tipo.

Durante su apogeo, hacia los años 100-300 d.C., los autores estiman que en esa región vivían entre 1,25 y 3 millones de personas. La densidad rondaba los 14-33 habitantes por kilómetro cuadrado, superior a la actual en el estado de Acre, donde apenas se alcanzan cinco.
No encontraron murallas ni torres. Los geoglifos cumplían funciones ceremoniales, políticas o de reunión, explica el equipo en su artículo. «Construir semejantes complejos en plena selva exigió mucha mano de obra, división del trabajo y nociones de matemáticas y geometría», escriben. Algún tipo de planificación administrativa los mantuvo activos durante milenio y medio.
Levantar casi 30.000 monumentos durante quince siglos bajo el dosel verde exige imaginar una Amazonia radicalmente distinta a la que nos enseñaron.
Una Amazonia densamente poblada: ¿y si no fuera un paraíso vacío?
El hallazgo descabalga el viejo mito de la selva virgen apenas habitada. Si una región que apenas cubre el 3% de la cuenca amazónica albergó a varios millones de personas, la población total del bosque tropical pudo rondar las decenas de millones antes del contacto europeo. Las estimaciones previas, que oscilaban entre uno y diez millones, empiezan a quedarse cortas.
Sin embargo, hay que leer la cifra con cautela. Las proyecciones se basan en la densidad detectada en el núcleo de Acre y la extrapolación a 183.000 km², pero no todos los suelos de la Amazonia permiten una agricultura igual de intensiva. Los propios autores recuerdan que 24.000-30.000 estructuras no equivalen a otras tantas ciudades: muchas eran sitios comunitarios dispersos. Pero la tendencia es clara: la huella humana sobre el mayor bosque tropical del planeta fue mucho más profunda y antigua de lo que se pensaba.
Los Aquiry no levantaron fortalezas, lo que refuerza la idea de una sociedad sin guerras endémicas, al contrario que en los Andes contemporáneos. Cultivaban mandioca, maíz y calabazas mediante rozas, y plantaban árboles frutales como la nuez de Brasil y la palmera de durazno. El legado ecológico permanece: hoy, la distribución de esas especies útiles es una firma arqueológica de aquel manejo del bosque.
Lo que nadie sabe aún es por qué la cultura Aquiry desapareció hacia el año 850. Sin rastro de conquista ni de colapso climático evidente, ese silencio queda como la pregunta abierta más inquietante de la investigación.
Ficha del Descubrimiento
- Qué se ha descubierto: Una cultura precolombina desconocida, bautizada como Aquiry, que entre el 600 a.C. y el 850 d.C. levantó miles de geoglifos en el oeste de la Amazonia.
- Dónde: Estado de Acre (Brasil), en la cuenca alta del río Purus.
- Institución responsable: Universidad de Helsinki, con participación de otras instituciones; estudio publicado en Nature.
- Cuándo: Publicación en agosto de 2026.
- Impacto a futuro: Obliga a recalcular la población precolombina del Amazonas y cuestiona la imagen de la selva como un espacio casi virgen.





