Gianni Infantino quiere abrir las puertas del negocio del Mundial al capital privado, pero ha topado con un muro de cemento. La UEFA y la Concacaf se han plantado con una amenaza de boicot que pone en jaque su ambicioso plan. En la trinchera de las confederaciones más poderosas late el temor a que el fútbol se convierta en un activo financiero más, sin control de quienes lo sostienen desde la base.
La tentadora oferta de Infantino
El presidente de la FIFA ha envuelto su proyecto en un discurso de desarrollo y solidaridad. Según explica DW Español en su programa económico, Infantino puso sobre la mesa un anticipo inmediato de 20 millones de dólares para cada una de las 211 asociaciones miembro, con la promesa de sumas adicionales si el plan sale adelante antes del 19 de septiembre. La línea argumental es sencilla: más ingresos distribuidos significan más inversiones en canchas, selecciones más fuertes y nuevas oportunidades para niñas y niños.
Sin embargo, la letra pequeña del proyecto desvela que esos fondos procederían de la entrada de inversores privados en los derechos comerciales del Mundial. La FIFA pondría en manos de gigantes financieros una porción del torneo más valioso del planeta a cambio de una inyección de capital masiva, blindando los próximos ciclos con dinero fresco.
¿Por qué UEFA y Concacaf dicen ‘no’?
La periodista especializada Marcela Mora y Araújo, entrevistada por el canal, apunta a varios frentes. Existe, desde luego, un pulso político entre la UEFA y la FIFA que viene de lejos: la confederación europea concentra los equipos que generan el mayor tirón televisivo y la amenaza de retirarlos de cualquier competición oficial vaciaría cualquier proyecto. Pero el rechazo también tiene raíces financieras sólidas, subraya Mora y Araújo. Se está haciendo un análisis detallado de las cifras porque Infantino ha presentado el plan sin consultar al Consejo de la FIFA, saltándose los protocolos y anunciándolo de forma que muchas federaciones se enteraron por las redes sociales.
Desde el otro extremo, la Confederación Africana ha pedido a sus miembros que estudien la propuesta con detenimiento, conscientes de que los 20 millones de dólares resultan muy golosos para países con menos recursos. Asia y América del Norte y Central han expresado su preocupación por la falta de transparencia, pero sin un portazo definitivo.
“Abrir el Mundial a inversores privados envía un pésimo mensaje. El fútbol depende de la aceptación y aval de la sociedad. No debemos permitir que se convierta en un juguete para los inversores.”
— Portavoz de la UEFA, citado en DW Español
Adidas y el espejismo de la gallina de los huevos de oro
El contexto comercial del último Mundial en Estados Unidos alimenta los temores. DW Español recuerda que la cita estadounidense fue un éxito mercantil sin precedentes, con ingresos récord en patrocinios y retransmisiones. El caso de Adidas es sintomático: la firma alemana facturó cerca de 1.500 millones de euros por el torneo y cuadruplicó las ventas de camisetas de Argentina y España respecto al mundial anterior. Pero la agresiva campaña en el mercado americano —200 millones de euros extra invertidos en estrellas como Messi o el cantante Bad Bunny— desató las alarmas en bolsa. El día de la presentación de resultados, las acciones de Adidas se desplomaron un 19%, la mayor caída desde 1995, porque los inversores dudan de que semejante inversión puntual dé frutos a corto plazo.
Este episodio azuza la narrativa de quien ve en el plan de Infantino una huida hacia adelante, un intento de exprimir la gallina de los huevos de oro justo cuando la fiesta aún está caliente, como recoge la expresión que cita Mora y Araújo: “mientras la plancha está caliente, actuar ya”.
La sombra de Trump y los Kushner
Uno de los detalles más sensibles que desliza la entrevista es el posible nexo con la familia Trump. El grupo inversor propuesto contaría con Joshua Kushner, hermano de Jared, yerno del expresidente estadounidense. La periodista considera que Trump, confeso desconocedor del fútbol, ha probado el dulce del éxito comercial y quiere mantener a los suyos en el tablero. No se sabe, puntualiza, hasta dónde llega la influencia de Trump y cuánto responde a la iniciativa autónoma del yerno, pero la cercanía entre ambos y las reuniones frecuentes alimentan la sospecha de un intento de control político sobre el evento deportivo más global del planeta.
Consecuencias de un divorcio en la cúpula del fútbol
La disputa deja al descubierto una fractura de gobernanza que trasciende la mera discrepancia económica. Si Infantino logra los apoyos suficientes en las federaciones pequeñas, podría aprobar el plan en septiembre, pero un boicot de UEFA y Concacaf convertiría un Mundial privado en un torneo descafeinado cuyo valor comercial se desplomaría. El riesgo es evidente: la FIFA estaría perdiendo a los actores que hacen rentable su mayor activo.
Mientras tanto, la cita en los despachos se acelera y las posiciones se endurecen. Unos ven la oportunidad de modernizar las estructuras del fútbol y otros la amenaza de convertirlo en un juguete de los mercados. Lo que está claro, y así lo subraya DW Español, es que la pelota está en el tejado deportivo, pero las finanzas mandan por el flanco.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de DW Español a continuación:





