Llevo años siguiendo los mercados de ciudadanía por inversión y la conclusión es cada vez más nítida: un pasaporte europeo no siempre exige un desembolso millonario. En 2026, el jus sanguinis o derecho de sangre se consolida como el activo de movilidad más rentable para grandes patrimonios, con costes que rara vez superan los 2.000 euros y plazos de tramitación de uno a tres años. Mientras los visados dorados quedan atrapados en una espiral regulatoria, documentar la ascendencia puede abrir la puerta a la ciudadanía plena en países como Italia, Irlanda, Polonia, Alemania o Hungría.
Los cinco países que abren la puerta a la ciudadanía europea por ascendencia
Italia mantiene uno de los regímenes más conocidos. Exige una línea ininterrumpida de descendencia desde un antepasado nacido después del 17 de marzo de 1861, sin que nadie en la cadena se haya naturalizado en otro país antes del nacimiento de su hijo. Un ancestro que se naturalizó en el extranjero antes del 14 de junio de 1912 rompe la transmisión. La solicitud se tramita por vía consular, cuesta unos 600 euros en tasas y requiere partidas de estado civil apostilladas y traducidas de cada generación.
Irlanda concede la ciudadanía automática si un progenitor nació en la isla. Con un abuelo irlandés, basta con inscribirse en el Registro de Nacimientos en el Extranjero. La vía se cierra para bisnietos a menos que el padre o la madre se hubiera registrado antes de su nacimiento. En esos casos queda un resquicio discrecional bajo la sección 16 de la Ley de Nacionalidad, pero se concede rara vez y exige tres años de residencia previa. El coste administrativo del registro ronda algunos cientos de euros y el proceso dura aproximadamente un año.
Polonia no fija límite generacional. Basta demostrar un antepasado que tuviera nacionalidad polaca después de 1920 y que nadie renunciara formalmente a ella. El procedimiento se denomina “confirmación de ciudadanía” porque la ley considera al solicitante ciudadano desde el nacimiento. La dificultad suele estar en reconstruir la cadena documental hasta la partición de Polonia; si el ancestro emigró antes de 1920, no transmite la nacionalidad. Los costes son principalmente de traducción y legalización de documentos.
Alemania ofrece dos rutas. La vía general de jus sanguinis exige línea ininterrumpida a través de un padre o abuelo que no se naturalizara antes del nacimiento de la siguiente generación. La segunda, basada en el artículo 116(2) de la Ley Fundamental, restituye la ciudadanía a descendientes de personas despojadas de ella por el régimen nazi entre 1933 y 1945, sin límite de generaciones. Alemania permite la doble nacionalidad en ambos casos, no exige residencia ni examen de idioma, y las tarifas consulares rara vez superan los 300 euros.
Hungría tampoco impone límite generacional ni residencia, pero incluye un filtro determinante: una entrevista en húngaro. El solicitante debe acreditar ascendencia húngara mediante partidas de nacimiento, matrimonio o registros eclesiásticos y después superar una evaluación conversacional básica en el consulado. Es la opción más asequible en términos documentales, aunque el dominio del idioma la convierte en la más selectiva.
¿Por qué supera a los pasaportes de inversión en 2026?
Los programas de ciudadanía o residencia por inversión –desde el fenecido visado dorado español hasta los esquemas caribeños que exigen donaciones de 100.000 dólares– están sometidos a una presión regulatoria creciente. La Comisión Europea ha instado a los Estados miembros a eliminarlos por riesgos de blanqueo, y muchos han respondido cerrando la vía inmobiliaria. En 2026, obtener un segundo pasaporte a golpe de talonario ya no es la estrategia sencilla que fue. Las opciones que sobreviven exigen inversiones de al menos 250.000 euros, periodos de residencia efectiva, declaraciones fiscales complejas y, en muchos casos, solo otorgan un permiso de residencia, no la nacionalidad plena.
El contraste con el jus sanguinis es abrumador. Por un desembolso total que raramente excede los 2.000 euros (tasas consulares, traducciones juradas y apostillas), un inversor puede obtener un pasaporte europeo con plenos derechos de movilidad en el espacio Schengen, acceso a sistemas sanitarios y educativos de primer nivel, y la posibilidad de transmitir la nacionalidad a sus hijos. El plazo de tramitación oscila entre doce y treinta y seis meses, según el país y la complejidad del expediente, pero la espera no consume capital ni obliga a deslocalizar activos.
Por menos de lo que cuesta un reloj de alta gama, un inversor puede obtener un pasaporte con plenos derechos europeos, sin las ataduras fiscales de un visado dorado.
Análisis Wealth: la movilidad como activo de cobertura patrimonial
He revisado decenas de estructuras de family offices europeos en los últimos cinco años y la tendencia es inequívoca: la movilidad se ha convertido en un componente de la asignación de activos tan relevante como la cobertura de divisa. Un pasaporte comunitario obtenido por ascendencia no solo elimina fricciones burocráticas; permite optimizar la residencia fiscal en jurisdicciones con tratados favorables, facilita la apertura de cuentas de inversión y ofrece un refugio inmediato ante episodios de inestabilidad política o endurecimiento regulatorio en el país de origen. En términos de rentabilidad implícita, el retorno de una inversión de apenas 2.000 euros que genera un activo de movilidad vitalicio difícilmente tiene parangón en el mercado financiero.
El riesgo principal reside en la volatilidad legislativa. Países como Italia han debatido recientemente restricciones a la ciudadanía por descendencia para limitar el número de solicitudes, y en Irlanda los plazos del registro pueden ampliarse sin previo aviso. Por eso, la ventana de oportunidad no es eterna. Para el inversor de patrimonio elevado que dispone de la documentación familiar, el coste de demorar la solicitud puede ser, sencillamente, la pérdida del derecho.
El Foro de Movilidad de la UE ha anunciado una revisión de las normas de ciudadanía para finales de 2026. Quienes tengan el expediente preparado antes de esa fecha podrían beneficiarse del marco vigente. Los que esperen, quizá se enfrenten a requisitos más duros o a la supresión de vías consulares en algunos Estados.

💎 Veredicto Wealth
La ciudadanía por ascendencia es una estrategia de preservación de capital de movilidad para cualquier family office con raíces europeas. El plazo para actuar es ahora, antes de que los cambios legislativos endurezcan los requisitos.




