Tres agencias congelan el rating de España por el bloqueo político mientras Scope Ratings sube la nota. La decisión, conocida el pasado viernes, deja a la deuda soberana española en una situación incómoda. Los supervisores de solvencia no discuten el crecimiento. Discuten la incapacidad del Ejecutivo para aprobar presupuestos y reformas. Y ese matiz, no el PIB, es el que mantiene la calificación en un notable bajo.
El bloqueo político que frena a las tres grandes
La agencia europea Scope Ratings elevó el pasado viernes la nota soberana de España de A a A+, un notable bajo que ya comparte con Malta, Bulgaria o Eslovenia. El vicepresidente primero, Carlos Cuerpo, se apresuró a celebrar la mejora como ‘muestra de la fortaleza y modernización de la economía española. Sin embargo, la misma noche S&P y Fitch optaron por no tocar sus calificaciones, sumándose al compás de espera que Moody’s había abierto en julio.
Fitch ya avisó en su revisión del pasado 13 de marzo: solo subiría nota si se aprecia ‘una reducción del bloqueo político que mejore la capacidad del Gobierno para aprobar y ejecutar una estrategia de política fiscal creíble y otras reformas. S&P Global Ratings fue aún más incisiva en un diagnóstico que vincula la parálisis con el uso de concesiones territoriales para mantenerse en el poder. ‘No se ha aprobado ningún presupuesto desde 2023’, repite la agencia, en un contexto de ajuste fiscal moderado pese al sólido crecimiento.
Moody’s mantuvo en julio el rating en A3 y apuntó que ‘la fragmentación política ha provocado un aumento significativo en el uso de decretos’ y ‘ha generado una incertidumbre política que podría estar frenando la inversión. Incluso Scope, la única que ha mejorado la nota en el último año, advierte de que ‘la elevada fragmentación parlamentaria de España y la debilidad del Gobierno en minoría’ lastran la capacidad de respuesta económica. La crisis migratoria en Ceuta, añade, debilita aún más la posición del Ejecutivo.
Sánchez puede presumir de que la prima de riesgo española está mejor que la francesa, lastrada por el mayor déficit y la deuda del saliente Emmanuel Macron en vísperas de las elecciones presidenciales de 2027. Grecia y Portugal también están peor, al menos en términos de prima. Pero existe un contrapunto: Portugal acaba de lograr en Fitch adelantar a España en calificación de solvencia por primera vez en el siglo, premio a una gestión presupuestaria más disciplinada.
El contexto lo amplifica todo. Los mercados se toman cada vez más en serio la capacidad de los Estados para devolver deuda en un entorno de más inflación y gasto militar. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, no logra sujetar el encarecimiento de los bonos americanos y los bunds alemanes han alcanzado su nivel más alto desde 2011. La deuda francesa cotiza en máximos de 2008.
El rating no castiga el crecimiento de España. Castiga la parálisis de un Gobierno sin presupuestos ni mayorías para convalidar decretos.
Prima de riesgo y emisión del Tesoro: la brecha que no se cierra
La prima de riesgo española se mantiene por debajo de la francesa, una anomalía histórica que el Ejecutivo utiliza como escudo. Sin embargo, el ejemplo portugués cambia el relato: Lisboa acaba de lograr en Fitch una nota más alta que Madrid por primera vez en el siglo, y su prima de riesgo es sistemáticamente mejor. Ese es el espejo incómodo al que se asoma el Tesoro español cada vez que sale a colocar deuda.
El bloqueo no se limita al Presupuesto. El Gobierno se prepara para incumplir por cuarto año consecutivo el plazo legal para presentar las cuentas públicas y afronta una derrota parlamentaria con su ley de lobbies, exigida por Bruselas para liberar fondos europeos. La redacción estival del Ministerio de Óscar López ha provocado que UGT y CCOO llamen a tumbar el decreto. Cada vez más bloqueo político, en palabras de la propia agencia.
A todo ello se suma la paradoja institucional. El Tribunal de Cuentas se ve obligado a reexaminar la Cuenta General del Estado de 2024 después de que el Parlamento tumbara por primera vez su dictamen. El presidente ni siquiera votó en esa sesión, lo que dejó al PSOE en minoría aún mayor. Son los signos visibles de una debilidad estructural que las agencias describen sin paños calientes.

La brecha entre crecimiento y calificación: un limbo de fondo
A mi juicio, el mercado ha empezado a poner precio a una variable que en otras fases del ciclo se perdonaba: la gobernabilidad. El crecimiento del PIB, robusto en comparación europea, no basta cuando se mide contra la capacidad de ejecutar ajustes en momentos de tensión. Las agencias no exigen un gobierno de mayorías absolutas, pero sí un mínimo de predictibilidad. Y ahora mismo no la ven. El límite lo marca la comparación con Portugal: un país que, con un déficit y una deuda también altos, ha sabido proyectar estabilidad presupuestaria.
El riesgo no es un colapso de la deuda española, lejos de eso. Es una prima de riesgo estructuralmente más alta que la de un vecino al que históricamente se la ganaba. Si el Tesoro portugués se financia sistemáticamente más barato, el coste para la economía real se acumula en cada emisión. Ese diferencial, aunque pequeño en cada subasta, tiene un efecto compuesto sobre la factura de intereses. Y no se neutraliza con brotes verdes, sino con reformas medibles.
La próxima gran comprobación llegará con las revisiones de otoño de las agencias y con la capacidad del Gobierno para aprobar un Presupuesto para 2027. Si el bloqueo persiste, la calificación no pasará de notable bajo; si se despeja, veremos si el relato de Cuerpo se traduce en subidas. Por ahora, la calificación soberana está en pausa. No por falta de crecimiento, sino por exceso de fragmentación.
Veredicto Merca2
Cotización al cierre o apertura: La deuda soberana no registró un movimiento brusco tras las decisiones del viernes. Las calificaciones se mantienen en un notable bajo: A+ en S&P y Scope, A en Fitch y A3 en Moody’s. Sin reacción de precios abrupta, la prima de riesgo sigue controlada pero sin emitir señales de mejora.
Clave técnica: El rating sigue anclado en el escalón de notable bajo. El nivel A de Fitch y el A3 de Moody’s actúan como suelo de la categoría de grado de inversión; una rebaja adicional dejaría a España ante el umbral de bono basura, aunque hoy ese escenario está lejos del consenso.
Apunte macro: Portugal obtiene en Fitch una calificación superior a la española por primera vez en el siglo, lo que refuerza la presión comparativa en la prima de riesgo periférica. La deuda francesa, por su parte, se mantiene peor que la española, aunque el mercado ya descuenta su ciclo político de 2027.




