La guerra contra Irán se ha transformado en un tablero electoral para Donald Trump. En el programa de Negocios TV, el analista del International Institute of Strategic Studies Andrew Smith y el experto en geopolítica Fernando Moragón coincidieron en un diagnóstico incómodo: la Casa Blanca ha apostado por el conflicto como si fuera un mitin permanente.
Moragón fue todavía más directo: sostuvo que Trump ha metido a Estados Unidos en un berenjenal y que la guerra contra Irán era una derrota cantada. No se trata, según el analista, de una cuestión de simpatía o rechazo hacia el régimen iraní, sino de una realidad militar y estratégica que se ha ido confirmando.
Una campaña electoral disfrazada de respuesta patriótica
Según Andrew Smith, el Partido Republicano se muestra sumiso ante el presidente, salvo excepciones notables. Trump está haciendo buena televisión y campaña electoral con la mayor tragedia del país desde Pearl Harbor: el 11 de septiembre. En lugar de un discurso unificador, lo convirtió en una prolongación de su convención.
Smith añadió que los números no acompañan al presidente: su popularidad ronda el 32% y está perdiendo independientes y moderados. Aun así, Trump se apoya en su base MAGA y en una realidad paralela. Los números reales que importan, son tozudos.
La economía golpea: el barril de Brent cotiza entre 104 y 106 dólares. Eso significa que en algunas zonas de Estados Unidos el galón de gasolina y diésel está en 6 dólares, casi el doble que antes del 28 de febrero. La inflación y la crisis de asequibilidad dañan a los electorados clave para el Senado.
Smith mencionó que la confrontación con Canadá afecta directamente a cuatro o cinco estados con fuertes vínculos comerciales: Maine, Michigan, Minnesota, Ohio y Montana. Esos territorios serán decisivos para evitar perder cuatro senadores.
‘Trump ha metido a EEUU en un berenjenal: la guerra en Irán es una derrota cantada.’
— Fernando Moragón, experto en geopolítica
Fernando Moragón calificó de forzado el intento de conectar los atentados de 2001 con la justificación de la guerra actual. Recordó que Irán no tuvo nada que ver con los ataques del 11-S, perpetrados casi todos por ciudadanos árabes. Presentar el conflicto como una extensión de aquella tragedia responde, según él, a una lógica de guerra permanente.
El precio del crudo y el malestar interno que no engaña
Los datos que expusieron ambos analistas dibujan un escenario tenso para el suministro energético. El tráfico en el estrecho de Ormuz cayó a entre seis y ocho barcos diarios de media, frente a los 120 anteriores al 28 de febrero. Para Moragón, afirmar que Estados Unidos está ganando la guerra choca con lo que ocurre en las rutas marítimas.
La ofensiva de los hutíes en el estrecho de Mandeb y la isla de Perim complica todavía más las exportaciones saudíes. Según Moragón, Arabia Saudí ya no puede exportar con normalidad por el golfo Pérsico y ahora ve amenazada su salida por el mar Rojo. Incluso mencionó bombardeos contra el oleoducto que llega a la terminal de Yanbu.
Ganar 66 veces y seguir perdiendo: la contradicción como método
Moragón ironizó sobre la narrativa de victoria del presidente: calculó, citando una consulta a inteligencia artificial difundida en redes, que Trump ha declarado ganada la guerra contra Irán al menos 66 veces. Para él, todo forma parte del espectáculo.
Esa desconexión tiene un riesgo evidente: la opinión pública puede comprar el relato durante un tiempo, pero los precios del crudo y el coste de la vida imponen su propia realidad. Andrew Smith añadió que Trump rechazó en dos ocasiones una petición de Mohamed bin Salman para intervenir contra la ofensiva hutí, una contradicción más entre lo que dice y lo que hace.
Israel, Netanyahu y la trampa de una guerra sin salida
Fernando Moragón planteó que la continuidad del conflicto no depende solo de Washington. A su juicio, Israel y Benjamín Netanyahu tienen incentivos propios para alargar la guerra. Netanyahu enfrenta causas judiciales y, si deja el cargo, podría acabar en prisión. Las elecciones de octubre israelíes son una cita fundamental.
Trump, según Moragón, podría proclamar la victoria e irse, destruyendo las supuestas armas nucleares y misiles iraníes. Pero los archivos y la influencia israelí lo empujan a continuar. El estado de guerra permanente declarado por Bush no ha variado con Obama, Trump, Biden ni con el nuevo Trump.
Lo que significa para los mercados y para el lector
En términos prácticos, la tensión geopolítica ya se siente en el bolsillo: el petróleo caro presiona la inflación y encarece los fletes y las cadenas de suministro. Los mercados suelen castigar la inestabilidad en el golfo Pérsico y el mar Rojo, dos arterias del comercio global de energía. El lector europeo también nota los efectos vía precios energéticos.
La oferta de Trump de pagar 5.000 dólares a cada adulto si ganan los republicanos en noviembre, mencionada por Smith, da escala del giro electoral: un soborno explícito que en otro contexto parecería guion de Saturday Night Live. La mezcla de patriotismo, reparto de dinero y conflicto exterior convierte la campaña en un ensayo de épica sin base real.
Aun así, conviene recordar que estas son valoraciones de los invitados. Negocios TV reunió a dos voces críticas con la estrategia republicana. Otros analistas podrían leer la situación de forma distinta. Pero los datos que citan —Brent por encima de 100, tráfico colapsado en Ormuz, precios récord de gasolina— son verificables y señalan un coste económico creciente.
El relato de victoria choca con una realidad tozuda. La pregunta no es cuántas veces Trump declare que ha ganado, sino cuánto tiempo podrá sostener ese discurso si el crudo sigue al alza y la derrota estratégica se vuelve más visible. Como dijo Moragón, el problema es el desastre mundial que puede generar esta caída del poder norteamericano.
Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.





