Muere Josep Vilarasau, histórico presidente de La Caixa, a los 95 años

El banquero catalán, director general y presidente entre 1976 y 2003, convirtió la caja de ahorros en un gigante bancario con expansión nacional y cartera industrial. Su legado en Criteria y CaixaBank perdura más de dos décadas después de su retirada.

Josep Vilarasau Salat, el banquero que transformó La Caixa de una caja de ahorros regional en un gigante financiero con vocación nacional e industrial, ha fallecido este 28 de julio de 2026 a los 95 años. Su muerte cierra la etapa más fundacional de una entidad que hoy, bajo el paraguas de CaixaBank, es uno de los pilares del sistema bancario español.

Vilarasau fue director general entre 1976 y 1999 y presidente hasta 2003, un cuarto de siglo en el que impulsó la salida de Cataluña, tejió una red de participaciones industriales que dio origen a Criteria y levantó símbolos como las Torres de La Caixa en Barcelona. Nacido en Barcelona el 20 de febrero de 1931, siguió vinculado a la entidad como presidente de honor hasta su fallecimiento.

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El artífice de la expansión nacional y la cartera industrial de La Caixa

Cuando Vilarasau se incorporó como ingeniero del Ministerio de Hacienda, las cajas de ahorros eran compartimentos estancos con una fuerte raíz territorial. Su visión fue distinta: romper las fronteras de Cataluña y convertir La Caixa en una entidad presente en toda España. Para ello, aprovechó la liberalización de oficinas de los años ochenta y la capacidad financiera de la caja para desembarcar en Madrid, Andalucía y el resto del país con una agresividad inédita en el sector.

Esa expansión se apoyó en una segunda pata: la construcción de una cartera industrial que aún marca la identidad de la entidad. Bajo su gestión, La Caixa compró participaciones relevantes en Repsol, Telefónica, Gas Natural, Abertis, Aguas de Barcelona o Port Aventura. El esquema de participadas otorgó a la caja una influencia en consejos de administración que muy pocas entidades financieras europeas podían igualar, y que hoy sigue gestionando Criteria, el brazo inversor de la Fundación Bancaria La Caixa.

La Caixa de los noventa no se entendía sin la foto de Vilarasau en cada gran accionariado español. Fue, quizás, el último banquero industrial de su generación.

Fue también durante su mandato cuando se erigieron las icónicas Torres de La Caixa en la Avenida Diagonal de Barcelona, un símbolo arquitectónico y corporativo que reflejaba el poderío de la caja. El propio Vilarasau supervisó el proyecto como una declaración de intenciones: la entidad había dejado de ser pequeña y aspiraba a competir de tú a tú con los grandes bancos privados.

De ingeniero de Hacienda a presidente de honor: una vida entre la banca y la política industrial

No es frecuente que un alto cargo de Hacienda acabe al frente de una caja de ahorros. Vilarasau, tras obtener plaza como ingeniero del Cuerpo de Ingenieros del Ministerio de Hacienda, pasó por Telefónica y Campsa antes de ser nombrado director general en 1976. Esa experiencia le dio una red de contactos y un conocimiento de la regulación que explicó en parte su capacidad para tejer la cartera industrial.

En 1999 ascendió a la presidencia, cargo que ocupó hasta 2003, cuando cedió el testigo a Ricard Fornesa. A partir de ese momento mantuvo el título de presidente de honor, pero su influencia —discreta y consultiva— se dejó sentir hasta bien entrada la transformación de la caja en banco en 2011.

Cabe recordar que en sus últimos años al frente ya se apuntaba la necesidad de reordenar el mapa de las cajas: la crisis financiera que estallaría más tarde pondría a prueba todo el sistema, y muchas de las entidades que habían seguido el mismo modelo de expansión territorial acabaron desapareciendo o siendo absorbidas. La Caixa, en cambio, se convirtió en CaixaBank, una de las pocas cajas que sobrevivieron como banco cotizado.

Análisis: Vilarasau, el hombre que anticipó la banca industrial antes de que existiera Criteria

El legado de Vilarasau no puede leírse sin una dosis de ironía. Él fue el gran artífice de un modelo de caja de ahorros con vocación de banco universal, pero la crisis posterior forzó justo aquello que él nunca hizo: la conversión en sociedad anónima cotizada. Su apuesta por las participadas fue, en esencia, una gestión activa de participaciones industriales que anticipó lo que hoy es Criteria, el holding que blinda la relación entre la Fundación y el banco.

Mientras otras cajas se endeudaban con ladrillo, La Caixa de Vilarasau diversificó el riesgo con posiciones en energía, telecomunicaciones e infraestructuras. No fue un gesto altruista: aisló a la entidad de los vaivenes del crédito promotor, pero también creó un núcleo de poder que durante años condicionó el debate sobre la independencia de los consejos de administración. Hoy, con CaixaBank capitalizando en bolsa más de 30.000 millones de euros, la semilla plantada por Vilarasau sigue viva, aunque nadie se atreva a dibujar la historia sin sus claroscuros.

Fallece en un verano en que la banca española está digiriendo el último giro regulatorio europeo, pero su muerte recuerda que las instituciones las forjan personas con más sombras que las que admiten los libros corporativos. Vilarasau fue, sin duda, una de ellas.


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