La inflación de Australia cae al 3,8% en junio y reduce la presión sobre el RBA

El dato sorprende a la baja y aleja una subida de tipos en la reunión del 11 de agosto. Los hogares australianos, con hipotecas a tipo variable, respiran tras meses de presión al alza sobre sus cuotas.

El IPC australiano ha desacelerado inesperadamente en junio hasta el 3,8% interanual, desde el 4% registrado en mayo, según los datos publicados hoy por la Oficina Australiana de Estadística (ABS). Lo que más me ha sorprendido del informe no es solo la dirección del dato —una bajada de dos décimas— sino que haya pillado a contracorriente a un consenso de analistas que esperaba una lectura estable o incluso un repunte marginal. Este movimiento reduce de forma significativa la presión sobre el Banco de la Reserva de Australia (RBA) para subir los tipos de interés en su reunión del 11 de agosto.

El desglose de los datos: inflación subyacente y servicios

El descenso de la inflación general hasta el 3,8% se ha apoyado en una moderación de los precios de la energía y en un efecto base favorable en algunos componentes del transporte. Sin embargo, lo que más me ha llamado la atención es el comportamiento de la inflación subyacente —la medida que excluye los elementos más volátiles—, que también ha cedido ligeramente. Los indicadores adelantados de precios de servicios, que el RBA sigue con lupa, no mostraron la aceleración que algunos miembros del comité temían hace apenas un mes.

Publicidad

Los datos desagregados que manejo revelan lo siguiente:

  • IPC general: 3,8% interanual, frente al 4,0% anterior y por debajo del 4,1% que anticipaba el consenso de Bloomberg.
  • Inflación subyacente (media recortada): 3,9%, una décima menos que en mayo.
  • Precios de la vivienda: mantienen una tasa elevada, pero el componente de alquileres muestra los primeros signos de estabilización.
  • Bienes duraderos: la deflación en este segmento se acentúa, reflejando la mejora en las cadenas de suministro globales.

Este cóctel de cifras reduce la probabilidad de una subida de tipos en agosto, algo que los mercados de futuros han recogido de inmediato. La expectativa de un alza de 25 puntos básicos, que hace una semana rozaba el 45%, ha caído por debajo del 15% tras conocerse el dato.

“La inflación sigue siendo demasiado alta, pero los datos de junio son alentadores y confirman que estamos en la senda correcta hacia nuestra banda objetivo del 2-3%”. — Michele Bullock, gobernadora del Banco de la Reserva de Australia, en declaraciones recogidas por The Guardian.

De hecho, la lectura de junio es la más baja desde febrero y consolida una tendencia de desinflación gradual que, aunque lenta, aleja el fantasma de un nuevo endurecimiento monetario. Los hogares australianos, muy endeudados a tipo variable, respiran aliviados porque el coste de sus hipotecas no se encarecerá más a corto plazo.

Lo que veo en los datos: una pausa que puede ser definitiva

En mi análisis, el RBA se encuentra en una posición similar a la del BCE hace unos trimestres: una inflación que baja, pero que sigue lejos del objetivo, y un consumo interno que da señales de fatiga. Australia es una economía muy sensible al crédito, y cada subida adicional de tipos golpea directamente el bolsillo de los hogares a través de hipotecas revisables en plazos muy cortos. La decisión del 11 de agosto será, muy probablemente, la de mantener el tipo oficial en el 4,35%.

Conviene recordar que el RBA ha sido uno de los bancos centrales del G10 más prudentes durante el ciclo de subidas, sin alcanzar los niveles de la Fed o del BCE. Eso le ha permitido cierto margen, pero también le ha hecho más vulnerable a cualquier repunte inflacionista inesperado. Con el dato de hoy, el margen para la cautela se amplía. No obstante, el mercado laboral australiano sigue tensionado —la tasa de paro se mantiene en mínimos de varias décadas— y eso podría volver a encender las alarmas si los salarios repuntan en la segunda mitad del año.

La gran incógnita ahora es si el RBA se atreverá a señalar abiertamente el fin del ciclo de subidas o si optará por un mensaje más hawkish para no dar alas al mercado inmobiliario. En mi opinión, la comunicación de Bullock será tan importante como la decisión misma. Si el tono es excesivamente dovish, corre el riesgo de reavivar la demanda de crédito y, con ella, la inflación.

🌍 El impacto en España y Europa

La repercusión directa de este dato en España es limitada, pero no por ello irrelevante. Un RBA que descarta subir tipos contribuye a consolidar un entorno global de política monetaria menos restrictiva, lo que puede aliviar la presión sobre el BCE. El Euríbor a 12 meses, principal referencia para las hipotecas variables españolas, podría encontrar un soporte adicional para mantenerse estable o incluso descender ligeramente si la tendencia desinflacionista se replica en otras economías como la australiana. Además, para las empresas exportadoras españolas con presencia en Asia-Pacífico —especialmente en sectores como infraestructuras, energías renovables o bienes de equipo— un dólar australiano menos presionado por diferenciales de tipos facilita las condiciones de inversión. En definitiva, aunque Australia no sea un socio comercial prioritario, la señal de que un banco central relevante del G10 se toma un respiro en la lucha contra la inflación refuerza la narrativa de un aterrizaje suave global, y eso siempre es una buena noticia para economías tan abiertas como la española.


Publicidad