Las proteínas antiguas identifican nuevos denisovanos en China y amplían el registro fósil

La cueva de Bianfu, en Yunnan, aporta los restos denisovanos más abundantes fuera de Siberia. Las proteínas permitieron identificar tres huesos y confirmar dos dientes cuando el ADN antiguo no sobrevivió.

Un trozo de radio y dos fragmentos craneales bastan para redibujar el mapa de los denisovanos en China. El equipo que excava la cueva de Bianfu, en Yunnan, acaba de sumar al registro fósil cinco piezas que se negaban a salir de entre 60.000 fragmentos de hueso.

Tres huesos sin nombre entre 60.000 fragmentos

El hallazgo aparece publicado en Nature y se apoya en una herramienta poco habitual en paleoantropología: las proteínas antiguas. Los autores no buscaban esqueletos articulados ni cráneos llamativos. Rastreaban colágeno conservado en fragmentos minúsculos que la morfología por sí sola no permitía clasificar. Tres de ellos, dos parietales del cráneo y un fragmento del radio proximal, resultaron ser humanos arcaicos. Otros dos dientes excavados en la misma cueva se confirmaron después como denisovanos.

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La criba no fue simbólica. El equipo revisó más de 60.000 fragmentos óseos de la cueva suroccidental china. Primero separó 22 posibles restos humanos por tamaño, grosor cortical y morfología. Luego aplicó zooarqueología por espectrometría de masas, conocida como ZooMS, a todos ellos. Los análisis proteicos de tres piezas mostraron marcadores de colágeno del género Homo. La secuenciación proteómica posterior afinó la identificación.

La cueva de Bianfu no es un punto cualquiera. Se encuentra en la provincia de Yunnan, en el borde sureste de la meseta tibetana, un cruce natural entre Asia oriental, Asia meridional y el sudeste asiático. Sus capas con industria lítica y fauna se datan entre unos 190.000 y 70.000 años. Los tres huesos denisovanos proceden de niveles fechados por luminiscencia y series de uranio entre hace 167.000 y 134.000 años. Es la primera localidad al suroeste de China con restos denisovanos confirmados por proteómica.

Ese matiz importa. Hasta ahora, el registro denisovano fuera de la cueva siberiana de Denisova era un rompecabezas disperso: una mandíbula parcial y una costilla en Xiahe, en la meseta tibetana; una mandíbula parcial de Penghu, en el estrecho de Taiwán; y un cráneo casi completo de Harbin, en el noreste chino. Faltaba justo la esquina suroccidental, la región que une Asia continental con el sudeste asiático y Oceanía, donde las poblaciones actuales conservan una herencia denisovana apreciable.

Un trozo de antebrazo de hace 150.000 años cuenta más que mil fragmentos sin nombre.

Las proteínas hablan cuando el ADN ya no puede

proteínas antiguas

El detalle que mejor explica el hallazgo es un fracaso: el equipo intentó recuperar ADN antiguo de los tres huesos y no lo consiguió. En cambio, el colágeno y otras proteínas del hueso y la dentina dieron identificaciones robustas. Las proteínas sobreviven durante más tiempo que el material genético en climas cálidos y húmedos como el del sur de China. Para los dientes analizados, los péptidos específicos del gen AMELY indicaron además que ambos individuos eran masculinos.

La joya del conjunto es el fragmento de radio proximal. Es un hueso del antebrazo, la parte que articula con el el codo, y hasta ahora la ciencia no tenía un hueso largo de denisovano con valor diagnóstico. Su morfología permitirá empezar a responder preguntas básicas que llevan una década abiertas: cómo se movían, qué proporciones corporales tenían y qué nivel de actividad física soportaban. El registro previo se limitaba a una falange de Denisova y la costilla de Xiahe, insuficientes para reconstruir el cuerpo completo.

Un radio para entender el cuerpo de los denisovanos

El hallazgo refuerza una idea incómoda para la paleoantropología clásica: la familia humana del Pleistoceno medio asiático fue más diversa y mezclada de lo que los árboles evolutivos dibujaban. La identificación de denisovanos en Yunnan apoya las propuestas de especies como Homo longi y Homo juluensis, que reorganizan fósiles chinos en torno a linajes arcaicos. Si proteínas y ADN confirman esta distribución, la historia de los humanos modernos en Asia tendrá que contarse como una red de intercambios, no como una línea limpia.

Conviene no pasar por alto las limitaciones. La ausencia de ADN antiguo impide colocar estos individuos con precisión filogenética; la asignación al género Homo se basa en proteínas y contexto biogeográfico. Las dataciones directas de los huesos por series de uranio son, como admiten los autores, edades mínimas, porque el hueso es un sistema abierto. Aun así, la convergencia entre estratigrafía, luminiscencia y proteómica es sólida. Me interesa especialmente ese radio: por fin tenemos una ventana al esqueleto postcraneal denisovano. Ahora la pregunta es si Bianfu es una excepción o la punta de un registro mucho mayor en el suroeste de China.

El siguiente paso natural será ampliar el cribado ZooMS a niveles superiores e inferiores de la cueva y a otros yacimientos de la región. Si la técnica ya casi duplicó el número de restos denisovanos conocidos en otras cuevas, Yunnan puede convertirse en el nuevo centro de gravedad.

🔬 Ficha del Descubrimiento

  • Qué se ha descubierto: Tres huesos denisovanos, dos parietales craneales y un fragmento de radio proximal, más la confirmación de dos dientes como denisovanos en la cueva de Bianfu.
  • Dónde: Cueva de Bianfu, provincia de Yunnan, suroeste de China.
  • Institución responsable: Equipo internacional con publicación en Nature.
  • Cuándo: Restos procedentes de niveles datados entre hace 167.000 y 134.000 años; resultados publicados en septiembre de 2026.
  • Impacto a futuro: Amplía el registro fósil denisovano y abre el estudio del esqueleto postcraneal de esta especie humana extinta.

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