Caroline Ellison, exconsejera delegada de Alameda Research, trabaja a tiempo completo en Manifund, una plataforma benéfica que financia proyectos de altruismo efectivo y seguridad en inteligencia artificial. Bajo el nombre de Carol, la que fuera mano derecha de Sam Bankman-Fried durante el colapso de FTX ocupó el puesto el 10 de agosto tras superar un periodo de prueba iniciado en julio.
De CEO de Alameda a ‘Carol’: el fichaje en Manifund
La confirmación llegó el viernes 11 de septiembre, cuando Austin Chen, cofundador de Manifund, explicó que Ellison empezó a trabajar en pruebas el 13 de julio y que publicaba actualizaciones y respondía a los usuarios bajo el alias de Carol durante meses. La organización promete transparencia radical y publica sus finanzas, datos y código fuente, una promesa que choca con una contratación oculta. Chen pidió disculpas por el seudónimo, pero defendió la decisión: ‘Creo en la redención. Caroline ha admitido sus errores, trabajó para que los acreedores recuperaran su dinero y cumplió su tiempo en prisión’.
Según el propio Chen, la principal aportación de Ellison es la contabilidad. Construyó una herramienta de conciliación que detectó transacciones mal registradas por montos de seis cifras, algo relevante si se recuerda que los registros de Alameda ocultaban cerca de 8.700 millones de dólares en depósitos de clientes desaparecidos. Manifund, además no es un actor ajeno a la historia: el brazo filantrópico de FTX, el Future Fund, financió sus primeros proyectos e influyó en cómo la plataforma asigna dinero.
La historia no es nueva para los lectores de Merca2. FTX quebró en noviembre de 2022 y arrastró a Alameda, el fondo de inversión hermano que usaba los fondos de los clientes como si fueran propios. Ellison dirigía Alameda en ese momento y se convirtió en testigo clave de la acusación contra Bankman-Fried, condenado por fraude. Ese pasado condiciona ahora cada paso de su reinserción profesional.
El cierre regulatorio: CFTC, SEC y la cuenta pendiente de FTX

La Comisión de Negociación de Futuros de Productos Básicos (CFTC) cerró el caso civil contra Ellison el 19 de agosto. Aceptó una prohibición de trading de cinco años y una inhabilitación de registro de diez años, sin multa adicional. Los reguladores destacaron su cooperación y una incautación penal de 11.020 millones de dólares que ya había sido registrada en el proceso.
Una orden separada de la SEC le impide ocupar cargos directivos o ejecutivos en empresas públicas, restricción que ya constaba cuando salió de prisión en enero. Los puestos en organizaciones sin fines de lucro, como Manifund, no entran en esa limitación. En la práctica, Ellison puede desarrollar su nuevo trabajo en el tercer sector sin enfrentarse a los vetos pensados para el capital.
La redención tiene un precio y, al menos por ahora, Manifund parece dispuesto a pagarlo con un pseudónimo y un puesto de confianza.
La herencia judicial de FTX no se cierra del todo. El mismo 19 de agosto, el fideicomiso de recuperación pidió a un juez de Delaware que bloquee a dos demandantes que intentan revivir antiguas teorías de fraude para reclamar pagos adicionales. El fideicomiso ya ha enviado más de 11.000 millones de dólares a los acreedores bajo un plan de liquidación colectiva. Esa disputa se reanudará el 20 de octubre.
Segundas oportunidades y transparencia: una lectura crítica
La contratación de Caroline Ellison reabre una discusión incómoda sobre la frontera entre la reinserción laboral y la legitimación de quien participó en uno de los mayores fraudes financieros de esta década. El caso FTX no solo destapó el uso indebido de fondos de clientes: también mostró cómo una red de entidades vinculadas, Alameda entre ellas, podía operar sin los controles que exige una empresa financiera tradicional. Ahora, una plataforma que se presenta como transparente contrata a una de sus protagonistas bajo un nombre ficticio y deja a la vista el pulso entre vocación y reputación.
No es la primera vez que el ecosistema discute las segundas oportunidades de los ejecutivos caídos. Tras los escándalos contables de principios de siglo, muchas firmas optaron por apartar a los responsables; en cripto, la memoria es más corta y los lazos personales pesan más. El gesto de Chen es coherente con la doctrina del altruismo efectivo que inspira a Manifund, pero también reconoce influencias incómodas: el Future Fund de FTX financió sus primeros proyectos y dejó huella en el criterio con el que reparte dinero.
La cuestión de fondo no es si Ellison tiene derecho a trabajar. Lo tiene, una vez cumplida su condena. La duda es si una organización que promete transparencia radical puede permitirse un alias sin que su mensaje pierda credibilidad. Chen ha sido honesto al admitir el vínculo con el Future Fund y al explicar que el trabajo de Carol no consiste en chatear alegremente, sino en cuadrar números. Esa es, quizá, la parte más defendible del experimento: ponerle un puesto de contabilidad a una persona condenada por descontroles contables.
Segundas oportunidades. Transparencia radical. Y un pseudónimo. Algo no termina de encajar.





