El grupo catalán de combustibles sólidos García Munté Energía ganó 22,45 millones de euros en 2025. La cifra supone un 9,4% más que los 20,52 millones del ejercicio anterior y se produce en un año en el que los ingresos cedieron más de un 7% por la corrección de los precios de las materias primas.
La sociedad, con sede en el parque de negocios Mas Blau de El Prat de Llobregat, está presidida por José Ignacio García Munté, miembro de la tercera generación familiar. El resultado recoge una menor carga fiscal y una mejora significativa del margen bruto, no un incremento del volumen comercializado.
Las cuentas anuales sitúan la facturación en 725 millones de euros, un 7,9% menos que en 2024. El volumen de toneladas vendidas descendió un 7,2%, hasta 5,2 millones, en un contexto de precios internacionales a la baja.
Resultados 2025: el margen sostiene el beneficio mientras caen las toneladas
El margen bruto alcanzó los 102 millones de euros, un 11,2% más que en el ejercicio anterior. GME lo atribuye a la aplicación de márgenes unitarios más elevados, a un mejor mix de productos y a la revalorización de la mercancía en stock por la subida de precios registrada en la última parte del año.
El negocio sigue anclado en el coque de petróleo, que aporta el 78% de las ventas. Este subproducto del refino se emplea principalmente como combustible industrial y reductor en procesos de cemento, aluminio y generación eléctrica. Le siguen los productos micronizados, el metcoke y las ferroaleaciones con un 8%, el carbón térmico con un 7%, la biomasa agrícola y forestal con un 4% y la antracita con un 3%.
La base geográfica confirma la vocación internacional del grupo. España aportó 166 millones de euros, el resto de la Unión Europea sumó 245 millones y otros mercados generaron 314 millones. Por cuota, España supone el 17%, China el 16%, Italia el 8%, India el 6%, Marruecos el 6%, Túnez el 3% y Francia el 3%. La concentración en Asia y el Mediterráneo expone la facturación a los ciclos del transporte marítimo y del comercio de graneles.
El beneficio sube con menos toneladas porque GME se ha convertido en un comercializador de márgenes, no de volumen.
El informe de gestión admite que los mercados de materias primas han experimentado una corrección generalizada de precios que ha presionado la facturación. La compañía menciona la reaparición de tensiones comerciales internacionales tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y la prolongación del conflicto en Ucrania como principales focos de incertidumbre macroeconómica.
El modelo de negocio de GME no es el de un productor energético, sino el de un comercializador global de graneles sólidos. Eso explica que una caída de toneladas no se traduzca de forma automática en una caída del beneficio: la rentabilidad depende más de la gestión del margen por tonelada y de la estructura de costes logísticos que del precio absoluto de la mercancía.
Pese a ese entorno, GME repartió 10 millones de euros en dividendos, cerca del 45% del beneficio atribuido. La retribución convive con una estrategia de expansión que en los últimos meses ha puesto el foco en la biomasa nórdica.
El reparto de 10 millones en dividendos no impide el desembarco danés, que por ahora no exige grandes inversiones industriales. La sociedad GME Nordics nace como plataforma comercial, con costes de entrada contenidos frente a una planta de generación o una red logística propia.
GME Nordics: la biomasa entra por la puerta danesa

El grupo ha constituido en Dinamarca la sociedad GME Nordics con un objetivo concreto: comercializar astilla de madera en los países del norte de Europa. Se trata del movimiento corporativo más relevante de García Munté en 2026.
La elección de Dinamarca responde a la demanda de soluciones energéticas sostenibles y a un parque de calefacción urbana que utiliza biomasa en sustitución de combustibles fósiles. El norte europeo ofrece además un marco regulatorio previsible para los proyectos de generación térmica con astilla.
Hoy la biomasa agrícola y forestal representa solo el 4% de las ventas del grupo. La filial danesa no nace como una simple delegación comercial: es la primera palanca para hacer de ese porcentaje una línea con peso propio y para acceder a un mercado que importa biomasa de forma estructural.
En los mercados nórdicos, la biomasa forestal compite directamente con el gas natural, los pellets y la electricidad en las decisiones de calefacción urbana. La astilla puede ofrecer ventajas de coste en zonas con disponibilidad forestal, pero su logística es más exigente que la del gas.
La filial nórdica convierte a la biomasa en una palanca estratégica, no en una promesa teórica de diversificación.
Análisis: diversificar sin soltar el coque, un equilibrio incómodo
El movimiento danés encaja en una tendencia sectorial ya visible: los comercializadores de combustibles sólidos buscan mercados vinculados a la descarbonización sin renunciar de golpe al producto que sostiene sus balances. Ningún operador abandona el coque de la noche a la mañana, pero la regulación y la presión de los clientes industriales empujan hacia una cartera con mayor exposición a combustibles sostenibles.
El riesgo principal sigue estando en la base del negocio. Depender en un 78% del coque de petróleo expone a García Munté a la evolución del refino, a la demanda del sector del aluminio y del cemento y a los vaivenes del comercio internacional de materias primas. La propia dirección lo reconoce en el informe de gestión al identificar la corrección de precios y las tensiones arancelarias como factores que condicionan la facturación.
El negocio de la biomasa tampoco es un refugio automático. Exige una red logística estable, contratos de suministro a largo plazo con productores forestales y competencia con operadores nórdicos ya instalados. La astilla de madera no se comporta como un commodity uniforme; humedad, origen y poder calorífico condicionan directamente el margen unitario.
También hay una lectura europea. La taxonomía y los mercados de carbono empujan a los clientes industriales a buscar alternativas renovables, aunque el coque de petróleo sigue siendo competitivo en procesos que hoy no tienen sustitución sencilla. La filial danesa permite a GME estar presente en esa conversación sin poner en riesgo el negocio principal.
La incógnita de los próximos ejercicios es si la filial danesa logrará replicar la disciplina de márgenes que GME ha aplicado al coque de petróleo. La creación de GME Nordics es un primer paso, pero su impacto real solo será visible cuando publique cifras propias.
Cosas que pasan en 2026.
La presidencia de José Ignacio García Munté ha optado por una expansión geográfica acotada y por una tecnología de combustión madura. Es una apuesta menos disruptiva de lo que parece y, al mismo tiempo, coherente con una región que necesita calor y electricidad de origen renovable.
El contexto macroeconómico no ofrece viento a favor. La guerra en Ucrania sigue alterando los flujos energéticos europeos, y el tablero arancelario mantiene a los operadores en una posición defensiva. En ese entorno, GME ha elegido proteger el margen y abrir una vía de crecimiento fuera de su mercado tradicional.
La asignatura pendiente es la publicidad de los márgenes por línea de producto. Hoy GME no desglosa el margen de la biomasa frente al del coque, lo que obliga al mercado a esperar a las cuentas de GME Nordics para medir si la aventura danesa es rentable o solo estratégica.
La pregunta de fondo no es si la biomasa será relevante para García Munté, sino durante cuánto tiempo el coque de petróleo seguirá pagando la transformación. El siguiente hito a vigilar es la publicación de las cuentas de GME Nordics en el próximo ejercicio.




