La reunión entre Netanyahu y Trump en Washington reabre el pulso por Ormuz y los F-35 turcos

Netanyahu viaja a Washington en plena escalada con Irán para abordar con Trump el futuro del acuerdo sobre Ormuz y la posible venta de cazas F-35 a Turquía, que Israel rechaza frontalmente.

La cita es este martes, en Washington. Netanyahu aterrizó anoche en la capital estadounidense y se sienta hoy con Donald Trump para tratar tres crisis en cascada: la respuesta a Irán, las negociaciones sobre el tránsito marítimo en el estrecho de Ormuz y la posible venta de cazas F‑35 a Turquía, un capítulo que tensa la alianza entre Tel Aviv y Ankara y que Israel rechaza de plano.

Los tres frentes que concentran la agenda

  • Irán y el programa nuclear. Tras los bombardeos estadounidenses sobre la República Islámica, Netanyahu quiere evitar que se consolide un pacto que alivie a Teherán. La lectura en Jerusalén es clara: un acuerdo que levante sanciones supondría oxígeno económico para reactivar las centrifugadoras.
  • Ormuz, la válvula del crudo. Por el estrecho transita una quinta parte del petróleo mundial. Washington negocia con Irán un marco que garantice la navegación, pero Israel teme que cualquier deal conceda márgenes financieros que financien la capacidad militar iraní.
  • Los F‑35 para Turquía. Trump baraja destrabar la entrega de los cazas de quinta generación a Ankara, algo que Netanyahu considera una amenaza directa para la ventaja cualitativa militar israelí en Oriente Medio.

“El Ejecutivo israelí teme que Washington alcance un pacto con Teherán que facilite la recuperación económica iraní y permita reactivar su programa nuclear”, publica el diario Yedioth Ahronoth, uno de los más influyentes de Israel.

Las conversaciones llegan en un clima operativo excepcional. El vuelo de Netanyahu partió el lunes con más de dos horas de retraso desde la base aérea de Nevatim, al sur del país, y no desde el aeropuerto Ben Gurión. La ruta inicial se desvió hacia el este, sobrevoló el mar Muerto y solo después puso rumbo a Washington, un itinerario que ningún portavoz explicó y que alimenta la percepción de una coyuntura muy frágil en la seguridad de la zona.

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Lo que me dicen los datos geopolíticos y el pulso por el crudo

Me detengo en el tablero energético porque es el termómetro más inmediato para los mercados. Una diplomacia exitosa en Ormuz rebajaría la presión sobre el Brent, pero un fracaso —o un incidente armado— dispararía la prima de riesgo en el suministro. Las últimas semanas han mostrado un repunte de la vigilancia naval en el golfo Pérsico; cualquier acuerdo que establezca reglas de navegación estables sería bien recibido por las petroleras globales. Sin embargo, Israel teme que ese entendimiento venga acompañado de un alivio de sanciones que acelere el programa nuclear iraní, precisamente lo que los bombardeos de Washington pretendían frenar.

En paralelo, el frente de los F‑35 añade una dimensión de alianza militar que trasciende la región. Turquía, miembro de la OTAN, aspira a modernizar su fuerza aérea mientras mantiene relaciones ambivalentes con Moscú. Si Trump da luz verde a la venta, Israel perdería la exclusividad del caza furtivo en Oriente Próximo, un factor de disuasión que ha marcado la doctrina de defensa israelí durante dos décadas.

🌍 El impacto en España y Europa

El precio del crudo es el canal de transmisión más rápido hacia la economía española. Ormuz es el cuello de botella por el que pasa el grueso del petróleo que llega a las refinerías europeas; una escalada militar en el estrecho añadiría de inmediato entre cinco y diez dólares al barril, lo que se traduciría en gasolinas más caras y mayor presión inflacionista en la eurozona. Para el BCE, eso implicaría menos margen para recortar los tipos, justo cuando el Euríbor empieza a dar algo de oxígeno a las hipotecas variables españolas. Además, la ecuación de los F‑35 abre un debate de calado en la OTAN: si Turquía recibe los cazas, el equilibrio militar en el Mediterráneo oriental cambia, y España —con intereses en la región y presencia en misiones de la Alianza— tendrá que valorar su posición estratégica en un flanco sur cada vez más disputado.


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