Petróleo a 100 dólares: el shock que enciende la venta masiva de bonos

La ruptura de la barrera psicológica reaviva los temores inflacionarios y ajusta las expectativas de tipos. Los bonos alemanes alcanzan rentabilidades no vistas desde 2011, mientras la Fed y el BCE se preparan para nuevas subidas.

La barrera psicológica de los 100 dólares ya no es una hipótesis. El crudo Brent la superó ayer, 23 de julio, y desató una venta masiva de bonos soberanos que devuelve a los mercados los peores fantasmas inflacionarios del último año. El detonante fue la constatación de que el estrecho de Ormuz no va a reabrirse por completo a corto plazo.

La rentabilidad del bono alemán a diez años escaló al 3,20%, su cota más alta desde 2011. La referencia del Tesoro estadounidense se acercó al 4,68%, el nivel que marcó los momentos de máxima tensión durante la guerra con Irán. Son movimientos que reflejan un cambio de guion abrupto: los inversores habían apostado por recortes de tipos y ahora descuentan, al menos, dos subidas adicionales de un cuarto de punto tanto en la Fed como en el BCE hasta la primavera de 2027.

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La secuencia es conocida. Los hutíes, respaldados por Irán, anunciaron esta semana un bloqueo a Arabia Saudí. Eso impulsó al Brent de poco más de 70 dólares a principios de julio hasta superar los 100 el jueves. La reacción en los bonos fue inmediata: cuando el petróleo se encarece, el mercado anticipa un repunte de la inflación que obliga a los bancos centrales a mantener la guardia alta.

«Los inversores simplemente querían pasar página y olvidarse de Ormuz, pero eso siempre pareció una ilusión», resume Mike Bell, jefe de estrategia de mercado de RBC BlueBay Asset Management. «Ignorar el problema no es una estrategia para afrontar el riesgo político».

La deuda francesa a diez años tocó el 4% por primera vez desde 2009. La española superó el 5,08%, aún por debajo del máximo de mayo pero con una pendiente preocupante. Los movimientos no se limitan a Europa: los swaps de inflación a un año en EE.UU. subieron al 4,15%, el mayor registro desde enero de 2025.

Un barril de Brent a 100 dólares no es solo un dato de oferta y demanda. Es un aviso de que la inflación energética puede obligar a los bancos centrales a subir tipos en el momento más inoportuno.

El giro en las expectativas de política monetaria es el verdadero motor de esta sacudida. La Fed, bajo la presidencia de Kevin Warsh, dejó claro en junio que no dudará en endurecer la política si la inflación repunta, incluso desmarcándose de las presiones de Donald Trump. El BCE, por su parte, mantuvo ayer los tipos, pero los derivados ya cotizan dos incrementos de 25 puntos básicos en los próximos meses.

El margen de maniobra es escaso. El Banco de Inglaterra advirtió en su informe de estabilidad financiera de junio que las reservas estratégicas de petróleo ofrecen ahora menos protección que durante el primer repunte del crudo. Si el conflicto en Oriente Medio escala, la capacidad de los gobiernos para frenar la escalada de precios con liberación de inventarios es limitada.

La combinación de tipos al alza y prima de riesgo energética cambia el cálculo para carteras que habían confiado en una convergencia suave de la inflación hacia el 2%. La renta fija soberana, que muchos veían como refugio, se convierte ahora en fuente de pérdidas latentes. Y el billete verde recibe un respaldo adicional como activo de cobertura, lo que añade presión sobre las divisas emergentes.

El mercado ha entendido que el conflicto de Ormuz no es una crisis pasajera. La reapertura completa del estrecho parece lejana. Mientras tanto, cada barril por encima de los 100 dólares alimenta la expectativa de subidas de tipos y hace más difícil que la inflación vuelva a niveles cómodos. La ilusión de que la guerra energética había quedado atrás se ha roto definitivamente.


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