La mayor gestora de activos del mundo ha entrado de lleno en un debate que lleva años inquietando a la comunidad cripto. BlackRock, con más de 15 billones de dólares bajo gestión, publicó este jueves un informe titulado Quantum Computing and Blockchains en el que sostiene que Bitcoin y otras criptomonedas pueden esquivar la amenaza de los ordenadores cuánticos si la comunidad actúa con la suficiente rapidez y coordinación. La conclusión del documento es clara: actualizar la criptografía actual a estándares resistentes a la computación cuántica es mucho más sencillo que construir una máquina cuántica capaz de romperla.
El informe, que BlackRock ha elaborado desde su división de activos digitales, reconoce que alrededor del 35% de los bitcoins en circulación presentan claves públicas expuestas, lo que los hace teóricamente vulnerables a ciertos tipos de ataques cuánticos. Además, entre un 11% y un 19% de la oferta total podría estar perdida de forma permanente, al margen de cualquier migración futura. Son cifras que reflejan la magnitud del desafío, pero que el gigante financiero no interpreta como una sentencia.
Lo que dice BlackRock sobre la amenaza cuántica
El informe no esconde que los ordenadores cuánticos, si alcanzan la potencia suficiente, podrían romper la criptografía de curva elíptica en la que se basa Bitcoin. Hoy, esas máquinas existen, pero todavía cometen demasiados errores y están lejos de representar un riesgo real. La ventana de oportunidad, según BlackRock, está en actuar antes de que la tecnología madure. Y subraya que “la migración post-cuántica para las criptomonedas es eminentemente abordable desde un punto de vista técnico; el principal desafío es la coordinación oportuna y la implementación”.
Esa coordinación es, precisamente, el talón de Aquiles. Bitcoin es una red descentralizada sin una autoridad central que imponga cambios. Cualquier actualización requiere un consenso amplio entre desarrolladores, mineros, nodos y usuarios. Para BlackRock, ese proceso, aunque complejo, no es imposible: de hecho, señalan propuestas como la BIP-360 como un ejemplo de camino viable. Esta iniciativa introduce firmas resistentes a la computación cuántica de forma gradual, sin romper la compatibilidad con la red actual.
Una alianza para blindar Bitcoin: el Bitcoin Security Consortium
La publicación del informe coincidió con otro movimiento relevante. Este mismo jueves, Michael Saylor, presidente ejecutivo de Strategy (la antigua MicroStrategy), anunció la creación del Bitcoin Security Consortium. Se trata de una alianza entre Strategy, BlackRock, Fidelity Digital Assets, Coinbase y Block que destinará 15 millones de dólares a apoyar el desarrollo de código abierto para la seguridad de Bitcoin. Un tercio de esa cantidad, 5 millones, se canalizará a través del programa Bitcoin Development Fund de Strategy, que ya financia a ingenieros independientes.
El objetivo declarado del consorcio es “reforzar la infraestructura de Bitcoin para las próximas décadas”. Sin un mando centralizado, la financiación de estas mejoras depende de iniciativas filantrópicas como esta. BlackRock ya participa en la Open Source Alliance, y con este nuevo paso reafirma su apuesta por la red que sustenta sus propios fondos cotizados (ETF) de Bitcoin y Ethereum, lanzados en 2024 y convertidos en los más exitosos de la historia del sector.
Las grandes gestoras han pasado de observar el ecosistema a financiar su desarrollo.
Más allá de la anécdota, el movimiento es sintomático. Los grandes actores financieros ya no solo invierten en el activo, sino que se implican en su gobernanza. Y lo hacen con un mensaje calculado: la amenaza cuántica no es una razón para huir del ecosistema, sino para fortalecerlo.

Análisis: la defensa lleva ventaja, pero la carrera no ha terminado
Quienes llevamos años cubriendo el sector cripto hemos escuchado el mantra de la “amenaza cuántica” casi desde que Bitcoin empezó a cotizar. Sin embargo, el informe de BlackRock y la alianza que lo acompaña ofrecen una perspectiva distinta a la del catastrofismo. La comunidad ya está trabajando en soluciones, y los recursos empiezan a fluir. La propia computación cuántica tiene todavía que superar barreras enormes de estabilidad y escalabilidad, mientras que actualizar una firma criptográfica es, en comparación, un problema de ingeniería más acotado.
No obstante, la defensa tiene fecha de caducidad si no se actúa con diligencia. La historia de las actualizaciones de red en cripto está llena de debates que se eternizan y de bifurcaciones que dividen a la comunidad. El precedente más claro es la activación de SegWit en 2017, que tardó años en implementarse y generó una fractura que dio lugar a Bitcoin Cash. La actualización post-cuántica podría ser aún más delicada, porque afecta a los propios cimientos criptográficos del sistema.
El verdadero enemigo no es la computación cuántica, sino la descoordinación de una red que decide por consenso.
El hecho de que el mayor gestor de activos del planeta publique un informe como este tiene un valor simbólico innegable. BlackRock no está solo gestionando riesgo para sus clientes; está enviando una señal al mercado de que la tecnología puede defenderse. Eso sí, también introduce un nuevo actor en el ecosistema de gobernanza de Bitcoin, con intereses y prioridades que no siempre coinciden con los de los desarrolladores originales.
La gran pregunta sigue sin respuesta: ¿cuándo será necesario activar esas defensas? Los investigadores más optimistas hablan de entre diez y veinte años para que un ordenador cuántico pueda romper la criptografía de Bitcoin; los más pesimistas sitúan ese horizonte en apenas cinco. En cualquier caso, la ventana de oportunidad para coordinarse no es infinita, y el informe de BlackRock sirve como recordatorio: la tecnología cuántica avanza, pero la criptografía también puede hacerlo. Todo dependerá de la velocidad y del consenso con que la comunidad decida moverse.




