La reina Letizia ha vuelto a convertir una firma de moda en un activo de inversión. Babbaki, la marca de las hermanas Pérez-Mas, ha visto cómo su proyección internacional se disparaba después de que la monarca luciera varios de sus diseños. No es el primer caso, pero sí uno de los más nítidos del efecto amplificador que la realeza puede tener sobre una marca artesanal.
La artesanía española como factor diferencial de Babbaki
Fundada en 2019 por Beatriz y Andrea Pérez-Mas, Babbaki nace de un viaje a Grecia y de la búsqueda de un estilo mediterráneo auténtico. El nombre significa ‘algodón’ en griego, y desde el principio apostó por producciones limitadas, tejidos naturales y una cadena de suministro de proximidad. Sus colecciones, como la de verano 2026 inspirada en Puglia y los años 70, combinan estampados patchwork, tie-dye y bordados hechos a mano.
Esa filosofía artesana, en un sector dominado por la fast fashion, le ha permitido conectar con un cliente que prima la calidad y la pieza única. ‘La sostenibilidad no es un discurso; apostamos por producciones cuidadas y más limitadas’, explican las fundadoras. Su modelo de negocio, con una tienda fija en Barcelona y presencia temporal en Madrid, ha crecido de manera orgánica, desde un proyecto familiar hasta una firma con equipo propio y distribución en mercados internacionales.
El respaldo de la reina Letizia y el valor de la moda como activo
El respaldo de la realeza no es un fenómeno nuevo, pero su impacto medible en el valor de una marca es difícil de cuantificar. En el caso de Babbaki, las hermanas Pérez-Mas reconocen que ver a la reina Letizia con un diseño suyo supuso ‘un reconocimiento muy importante y un gran escaparate internacional. El efecto se tradujo en una mayor visibilidad y, presumiblemente, en un incremento de la demanda que aún no se ha concretado en una métrica pública.
Para el inversor en moda, las marcas respaldadas por figuras de alto perfil ofrecen dos ventajas: una barrera de entrada intangible (asociada al prestigio) y un potencial de revalorización acelerado si el reconocimiento se sostiene. Babbaki, con su producción limitada y su lenguaje estético definido, encaja en el perfil de activo que busca el coleccionista de lujo emergente: escasez, autenticidad y narrativa.
El respaldo de la reina Letizia ha convertido una firma de moda artesana en un activo con proyección internacional, pero la inversión en moda sigue exigiendo un estómago paciente.
Los riesgos de invertir en una firma sin historial de rentabilidad
A pesar del atractivo, la inversión en una marca de moda como Babbaki no está exenta de riesgos. La firma no cotiza, no hay datos de revalorización de sus prendas en el mercado secundario, y la liquidez es prácticamente nula. Quien adquiera una pieza con ánimo de inversión debe asumir un horizonte temporal de al menos cinco años y confiar en que el crecimiento orgánico de la marca se traduzca en un valor de reventa mayor. Las ediciones limitadas y el componente artesanal pueden favorecer la escasez, pero sin un canal de venta establecido para segundas manos, la salida es incierta.
Históricamente, las firmas de moda respaldadas por celebridades han tenido trayectorias dispares: algunas se consolidan como marcas de culto (como Loewe o Mango) y otras decaen cuando el interés mediático se desvanece. La ventaja de Babbaki reside en su base productiva controlada y su foco en la calidad, lo que podría sostener su reputación incluso si el efecto real se diluye. En mi análisis, el acierto de comprar una prenda de Babbaki hoy se asemeja más a una apuesta por el brand equity futuro que a una inversión financiera tradicional, pero con una combinación de escasez y prestigio difíciles de encontrar en otras firmas españolas de similar tamaño.
💎 Veredicto Wealth
Babbaki representa una apuesta de diversificación para inversores con alta tolerancia al riesgo, dispuestos a asignar capital a moda artesanal con sello real. El principal riesgo es la falta de liquidez y un mercado secundario aún por crear, por lo que se recomienda un horizonte de mantenimiento superior a cinco años.




