La AIReF alerta: el 51% de perceptores del Ingreso Mínimo Vital cobra otra ayuda pública

El 16% de los beneficiarios ingresa además dos o más ayudas, especialmente entre los mayores de 52 años que cobran el subsidio permanente por desempleo. La AIReF urge a dar coherencia a un sistema generoso pero que desincentiva la entrada al mercado laboral.

El 51% de los hogares que reciben el Ingreso Mínimo Vital (IMV) cobra al mismo tiempo otra prestación pública, contributiva o no contributiva. Así lo constata la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) en su quinto informe sobre el IMV, publicado este jueves 23 de julio de 2026.

El análisis, con datos cerrados a 2024, revela que un 16% de los beneficiarios acumula dos o más ayudas simultáneas. La superposición es especialmente intensa entre los perceptores mayores de 52 años: un 16% de ellos cobra a la vez el IMV y el subsidio por desempleo, y un 10% mantiene ambas ayudas durante todo el año.

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La mitad de los hogares percibe otra prestación simultánea

El informe detalla que el ingreso mínimo vital es complementario de prestaciones como el subsidio por desempleo, las ayudas familiares, las rentas mínimas autonómicas, la dependencia e incluso la incapacidad permanente. La presidenta de la AIReF, Inés Olóndriz, subrayó la necesidad de «reforzar la coherencia y revisar la simultaneidad que se da en algunos casos».

El caso de los mayores de 52 años ilustra el solapamiento. Tras la última reforma del Gobierno, el subsidio por desempleo se ha hecho permanente a partir de esa edad para evitar la pobreza, pero la AIReF considera que ambas prestaciones —el IMV y el subsidio— persiguen el mismo objetivo sin estar coordinadas.

El 46% de los hogares que accedieron al IMV en 2020 seguía percibiéndolo cinco años después. Este dato, que la AIReF califica de “preocupante”, se produce a pesar de que la economía española ha creado millones de puestos de trabajo en el mismo periodo y de que la tasa de paro ha caído por debajo del 10%. La permanencia tan prolongada revela un desincentivo a la búsqueda de empleo, ya que empezar a trabajar puede suponer perder las ayudas.

Cinco años después de su entrada en vigor, el IMV mantiene atrapada a casi la mitad de sus beneficiarios sin que el mercado laboral les ofrezca una salida viable.

A pesar de que la ayuda es generosa —España tiene una de las rentas mínimas más altas de la UE— el sistema todavía no llega a quienes la necesitan. El 52% de los hogares potencialmente elegibles no solicita el IMV, y en el caso de la prestación complementaria por hijo a cargo (CAPI) la tasa de no solicitud se dispara hasta el 71%.

Llega solo al 31% de los hogares en riesgo de pobreza

AIReF prestaciones duplicadas

El IMV alcanza apenas al 31% de las personas en situación de pobreza severa —con ingresos inferiores al 40% de la mediana nacional—, cinco puntos por debajo de la media europea. La combinación de requisitos administrativos complejos, el desconocimiento y el estigma que aún rodea a la ayuda explican en parte esta brecha de cobertura.

Los datos revelan una paradoja: un sistema que es al mismo tiempo generoso en cuantía y restrictivo en el acceso. La AIReF insiste en que el Gobierno debe simplificar la solicitud y reformular los incentivos al empleo para que los beneficiarios no pierdan toda la ayuda al incorporarse al mercado laboral, sino que esta se reduzca gradualmente.

Análisis: por qué urge reordenar el sistema de prestaciones

La recomendación de la AIReF no es nueva. Ya en informes anteriores el organismo había señalado la dispersión de ayudas y los desincentivos. Sin embargo, los datos de 2024 que acaban de publicarse añaden urgencia. La mayoría de los perceptores tiene pocas opciones de integrarse laboralmente si cualquier pequeño ingreso les hace perder los cientos de euros que reciben mensualmente.

En paralelo, el hecho de que más de la mitad de los beneficiarios del IMV cobre otra prestación sugiere que las ayudas se acumulan sobre los mismos hogares en lugar de extenderse a quienes aún no las reciben. La reforma que pide la AIReF debería, en mi opinión, priorizar la cobertura horizontal sobre la acumulación vertical: llegar a más personas, aunque se revisen las cuantías.

El reto no es menor. Cualquier modificación que reduzca las ayudas percibidas por los actuales beneficiarios encontrará resistencia social y política. No obstante, dejar el sistema como está supone perpetuar una trampa de pobreza que el mercado laboral por sí solo no va a resolver. El debate está servido.


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