EN 30 SEGUNDOS
- ¿Qué ha pasado? Una deflagración de gas en las obras de la línea 5 de metro en la plaza de Sants (Barcelona) dejó ocho heridos y un incendio de más de doce horas.
- ¿Quién está detrás? La obra, adjudicada por la Conselleria de Territori en enero de 2026, con un presupuesto cercano a los 16 millones de euros para mejorar la accesibilidad de la estación.
- ¿Qué impacto tiene? Las obras quedan paralizadas mientras se investigan dos causas independientes y el Ayuntamiento exige responsabilidades. Dos trabajadores permanecen graves.
El Ayuntamiento de Barcelona ha exigido este jueves responsabilidades a la Conselleria de Territori tras la brutal deflagración de gas ocurrida el pasado miércoles en las obras de la L5 de metro en la plaza de Sants, que dejó ocho trabajadores heridos y provocó un impresionante incendio que ardió durante más de doce horas.
Cronología de un pebetero bajo el asfalto: del escape de gas a la llamarada de diez metros
Todo comenzó poco antes de las tres de la tarde del miércoles. Una máquina perforadora de las obras de adaptación de la estación de Sants —un proyecto adjudicado en enero de 2026 con 16 millones de euros y un plazo de 30 meses— arañó una tubería de gas. En ese momento se produjo una fuga y se avisó a la compañía suministradora.
Pero pasaron casi siete horas sin que se cerrara la vía. Poco antes de las diez de la noche, cuando aún no se había resuelto la incidencia, se produjo la deflagración. La plaza de Sants se convirtió en un inmenso pebetero: una llama de más de diez metros de altura que iluminó las fachadas y mantuvo en vela a todo el barrio.
Los Bombers de Barcelona siguieron el protocolo: no extinguieron la llama directamente, sino que la refrigeraron con un chorro de agua constante. La combustión controlada evita que el gas se acumule y explote. Después, durante la noche, introdujeron obturadores (especie de globos que se se hinchan) en las cuatro vías de escape para sellarlas. Cuando taponaron la cuarta, la llama se autoextinguió.
El incidente se produjo, además, a apenas dos días del 32.º aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos de 1992 en el Estadi Olímpic, muy próximo a la zona. Las causas exactas se desconocen. La investigación ya avanza en dos direcciones: la perforación en sí y la gestión de la fuga durante esas siete horas previas a la explosión.
Ocho heridos, dos de ellos graves, y una noche de miedo en Sants
La deflagración dejó ocho trabajadores heridos, dos de ellos en estado grave. Las asistencias médicas los trasladaron a centros hospitalarios. Los vecinos, mientras tanto, vivieron horas de inquietud. “Nos dijeron que no saliéramos a los balcones, y la verdad es que irse a dormir sabiendo que tenías eso ahí delante de casa no fue fácil”, relató Maribel, residente de la calle de Sants.
Otro vecino, desde la calle Jocs Florals, recordaba: “A los bomberos les veía muy tranquilos, ¡pero es que la llama tenía más de 10 metros de altura!”. La imagen de una columna de fuego en plena plaza mayor del distrito ha disparado las alarmas en una ciudad que en las últimas semanas ha sumado otros dos incidentes graves en obras públicas: un socavón en la L9 de Sant Gervasi y un agujero en la red de Rodalies en Vallbona, este último competencia de Adif.
La imagen de una columna de fuego de más de diez metros en mitad de la plaza de Sants ha encendido, además de la alarma vecinal, un duro pulso entre el Ayuntamiento y la Generalitat por el control de las obras metropolitanas.
El choque institucional: Barcelona carga contra Territori mientras la Generalitat pide calma
El teniente de alcalde de Seguridad, Albert Batlle, fue el primero en dar la cara este jueves. A preguntas de los periodistas, no se anduvo con rodeos: exigió “todas las responsabilidades a las Administraciones y empresas responsables de estas acciones”. La obra es competencia de la Conselleria de Territori, que adjudicó el proyecto a través de Infraestructures.cat.
Por la tarde, Carles Vaccaro, responsable del área de obra civil del ente público, compareció por primera vez ante la prensa en 21 años de carrera. Pidió “confianza en que las cosas se hacen bien”, aseguró que los recientes incidentes son de naturaleza distinta y que la coincidencia temporal no es más que eso. La Generalitat, sin embargo, no ha detallado aún cuándo comenzará la investigación interna ni si habrá cambios en el protocolo de gestión de escapes de gas en obras de infraestructura.
Hoja de Ruta: Claves del Viaje
El impacto inmediato es claro: la obra de accesibilidad de la estación de Sants, una de las más concurridas del metro barcelonés (conecta L1 y L5 y enlaza con Rodalies), queda paralizada hasta que concluya la investigación. Con 16 millones de euros de inversión pública y 30 meses de calendario, cualquier retraso significaría dejar sin ascensor y sin pasillos adaptados a una estación que mueve a diario a miles de viajeros.
Zona cero: la plaza de Sants y su área de influencia. Los cortes de movilidad en superficie duraron mientras los bomberos trabajaban, pero lo más relevante es que el incidente ha sacado a la luz la fragilidad de los protocolos de seguridad cuando convergen gas y perforadoras en suelo urbano.
El dato que resume la noticia: ocho heridos y doce horas de fuego. Detrás, una cadena de decisiones que la investigación tendrá que desmenuzar: ¿había información fiable sobre el trazado de la tubería? ¿Por qué la fuga no se selló antes? ¿Falló la coordinación entre la empresa de obras y la compañía de gas?
El pulso institucional añade otra capa. Ayuntamiento y Generalitat se miran de reojo, en un momento en que los grandes proyectos de transporte metropolitano —ampliaciones del metro, nuevas conexiones ferroviarias— dependen de una colaboración que estos episodios erosionan. La confianza ciudadana, como la llama misma, necesita algo más que agua para mantenerse.
Lo que está por venir: la investigación, las posibles sanciones y, sobre todo, la decisión de cuándo y cómo reanudar unas obras que los vecinos llevaban meses esperando. La llama ya está apagada. Pero el fuego político, arde.





