Después de 13 años de trayectoria, Wallapop atraviesa el momento más importante de su historia. La compañía, fundada por Agustín Gómez, Gerard Olivé y Manuel Vicente con el objetivo de trasladar al móvil el tradicional mercadillo de segunda mano, ha alcanzado el tamaño suficiente para convertirse en uno de los grandes gigantes del comercio online en España. De hecho, según sus últimas cuentas, correspondientes a 2024, Wallapop superó por primera vez los 100 millones de euros de ingresos. Sin embargo, mientras el negocio continúa creciendo, también salen a la luz algunos aspectos que generan cada vez más interrogantes.
Nacida en plena explosión de las aplicaciones de economía colaborativa y circular, junto a compañías como Airbnb o Uber, Wallapop se ha consolidado como una de las principales plataformas de compraventa de artículos de segunda mano. Su gran innovación consistió en integrar la geolocalización, permitiendo a los usuarios comprar y vender productos según su proximidad geográfica y comunicarse directamente mediante un chat dentro de la aplicación. Inicialmente conocida como Fleapster, la plataforma protagonizó un crecimiento meteórico impulsado por una intensa inversión en campañas publicitarias en televisión.
En 2024, Wallapop alcanzó los 100 millones de euros de facturación, tras incrementar sus ingresos un 13,4% respecto al ejercicio anterior. No obstante, la evolución del negocio refleja dos realidades muy distintas. Por un lado, la empresa mantiene una clara tendencia alcista en ingresos. Por otro, cada vez le cuesta más acelerar su crecimiento. Basta comparar la evolución de los últimos ejercicios: en 2023 la facturación aumentó un 25%, mientras que un año antes el crecimiento había sido del 61%. Sin embargo, el principal problema sigue estando en la rentabilidad, ya que las cifras operativas continúan lejos del equilibrio.
Wallapop acumula pérdidas millonarias pese a superar los 100 millones de ingresos
Solo en 2024, y pese a superar los 100 millones de euros de facturación, Wallapop cerró el ejercicio con pérdidas de cerca de 30 millones de euros. Desde 2020, la aplicación acumula más de 100 millones de euros en números rojos, una situación que ha obligado a sus accionistas a realizar continuas inyecciones de capital para sostener el crecimiento del negocio.
En conjunto, Wallapop ha captado cerca de 170 millones de euros en financiación durante los últimos cuatro años, con inversores como Korelya Capital, Naver o Accel. El coste de esta estrategia es significativo: la compañía acumula 219,5 millones de euros en créditos fiscales derivados de pérdidas anteriores (Bases Imponibles Negativas), un activo que solo podrá aprovechar si logra obtener beneficios en el futuro.
De hecho, en 2022, tras una fusión interna con su filial operativa, la matriz llegó a presentar un patrimonio neto negativo cercano a los 10 millones de euros, una situación que técnicamente la situaba en causa de disolución. Los accionistas resolvieron el problema mediante una ampliación de capital superior a los 80 millones de euros pocos meses después.
No obstante, 2024 parece marcar un cambio de tendencia. Aunque la empresa todavía registró unas pérdidas netas de aproximadamente 25 millones de euros, también comenzó a aplicar una política mucho más estricta de control del gasto. La plantilla se redujo de 355 a 322 empleados, la inversión activada en desarrollos tecnológicos propios descendió de 13 millones a 9,8 millones de euros, y la gestión de la liquidez permitió obtener casi 2 millones de euros en ingresos financieros gracias a los intereses bancarios.
¿Qué esconde Wallapop? Las salvedades que se repiten en sus auditorías
Las pérdidas no son el único aspecto que llama la atención en las cuentas de Wallapop. De hecho, todos los informes de auditoría de la compañía durante los últimos cinco años han sido emitidos con opinión con salvedades.
El motivo es llamativo: Wallapop se niega a incluir en la memoria de sus cuentas el importe de las remuneraciones devengadas por sus administradores y su alta dirección, una información cuya publicación exige el artículo 260 de la Ley de Sociedades de Capital. La empresa prefiere mantener esa información bajo estricta confidencialidad, aun a costa de que esta circunstancia figure expresamente en el informe de auditoría.
Aunque resulta imposible conocer con precisión cuánto percibe la cúpula directiva, las cuentas sí dejan algunas pistas. En el balance, Wallapop registra 53,46 millones de euros bajo el epígrafe «Obligaciones por prestaciones a largo plazo al personal». Se trata de la provisión correspondiente a un ambicioso plan de incentivos basado en phantom shares, diseñado para retener a directivos y empleados estratégicos.
Eso sí, estas retribuciones no se cobrarán automáticamente. Solo se harán efectivas si se produce lo que la propia compañía define como un «evento liquidativo».
Las posibilidades contempladas incluyen una fusión en la que los actuales socios pierdan el control, una venta de una parte sustancial de los activos de la empresa, la adquisición de Wallapop por un tercero o una salida a Bolsa mediante una Oferta Pública de Venta (OPV).
Por ahora no existen indicios públicos de que alguna de estas operaciones sea inminente. Sin embargo, el hecho de que la empresa mantenga provisionados más de 53 millones de euros para este plan de incentivos demuestra que la posibilidad sigue estando sobre la mesa. Más aún cuando el mercado lleva tiempo especulando con operaciones corporativas en el sector y algunos de sus comparables, como eBay, han sido señalados en diversas ocasiones como potenciales compradores o referencias para futuras transacciones.





