Oxford: la memoria cuántica decidirá si la computación cuántica rompe el Bitcoin o nace el dinero cuántico

Stefano Gogioso defiende que la memoria cuántica de largo plazo es la pieza que falta para un dinero imposible de falsificar. El mismo hardware que amenazaría las firmas de Bitcoin impulsaría ese reemplazo, aún sin fecha de llegada.

La computación cuántica ya no es una amenaza remota para Bitcoin: el hardware que podría romper sus firmas también permitiría un dinero cuántico. Stefano Gogioso, profesor de computación cuántica en la Universidad de Oxford y cofundador de Spooqy, publicó este martes un argumento que cambia el foco del debate. El cuello de botella no es un algoritmo ni un ordenador más potente, sino un componente que todavía no existe: la memoria cuántica portátil de largo plazo.

El dinero cuántico parte de una propiedad elegante: los estados cuánticos no se pueden copiar. Por eso sería imposible de falsificar. El problema es que esos estados son extremadamente frágiles. Los mejores laboratorios apenas logran conservarlos durante segundos, así que por ahora el dinero cuántico es teoría. La diferencia entre segundos y meses es todo el problema.

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Memoria cuántica: el cuello de botella del dinero cuántico

Gogioso describe lo que necesitaría un dispositivo utilizable. La estabilidad tendría que medirse en meses o, idealmente, para siempre. También haría falta portabilidad: primero dentro de una caja de envío y después en un bolsillo. Y debería guardar miles de millones de estados diferentes. Además, descarta la idea de una RAM cuántica, porque nada en su diseño necesita acceso aleatorio ni edición en el lugar. Los estados se extraen por orden y se usan una sola vez.

Su primera conclusión es contundente: una computadora cuántica tolerante a fallos debe mantener estados frágiles vivos a gran escala y contra el ruido durante todo el cálculo. Si se retira la computación, lo que queda es memoria. Negar uno es negar el otro. No es un matiz académico: ya hay miles de millones de dólares comprometidos en máquinas tolerantes a fallos. La memoria es un paso inevitable dentro de esos planes. En segundo lugar, la portabilidad convierte el reto en ingeniería. Las máquinas criogénicas pueden conservar estados durante años; los diseños basados en átomos guardan información en propiedades que la naturaleza ya mantiene aisladas. Gogioso baja además la exigencia: una memoria no tiene que durar décadas. Un cartucho sellado de de un solo uso, llenado en una instalación y gastado estado por estado, serviría para las aplicaciones que describe. Pura ingeniería, no física.

Por qué la memoria cuántica es inevitable dentro del hardware actual

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El argumento no se queda en la teoría. En marzo, Google Quantum AI trabajó con la Ethereum Foundation y Stanford para calcular el costo de atacar Bitcoin. El equipo calculó que se necesitarían menos de 500.000 cúbits físicos. Tal máquina solo funciona si es tolerante a fallos. Y la tolerancia a fallos, según la propia definición de Gogioso, es memoria cuántica.

La conclusión es incómoda para ambos lados del debate. El hardware que podría revelar las firmas de Bitcoin también impulsaría el dinero cuántico. Cada dólar que se invierte en tolerancia a fallos financia ambos futuros al mismo tiempo. No existe una versión de esta historia en la que las computadoras cuánticas rompen Bitcoin y la alternativa es imposible.

El modelo de seguridad detrás del dinero cuántico también invierte una suposición antigua. El material clave clásico es peligroso en el transporte: quien lo copia lo posee y no deja rastro. Un par entrelazado no lleva información mientras está almacenado. La aleatoriedad solo aparece en el momento de la medición. Si roban una caja, el proveedor pierde inventario, no secretos. Gogioso lo resume con otra idea: criptografía por combustión. Las claves y los billetes se consumen al usarse, como un combustible.

Cada dólar invertido en tolerancia a fallos paga, al mismo tiempo, la amenaza y el posible reemplazo de Bitcoin.

Análisis: el dilema de financiar la máquina que amenaza a Bitcoin

Aquí es donde el debate conecta con lo que verá un inversor en los próximos años. El lado del ataque tiene fechas. IBM espera que la computación cuántica afecte a sus ingresos en 2028 o 2029. Hong Kong ha dado a sus bancos una fecha límite de preparación cuántica para 2030. El Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST, por su sigla en inglés) planea retirar las firmas actuales de curva elíptica en 2030 y prohibirlas por completo en 2035.

El lado del reemplazo no tiene fecha alguna. Gogioso evita dar una. En el panel previo fue más visionario: sugirió aplicaciones claramente imposibles dentro de cinco a siete años. Esa estimación abarcaba los recursos cuánticos en general, no una memoria lo bastante pequeña para un wallet. Hay dos preguntas que siguen abiertas. Alguien tiene que llenar las memorias, y eso significa que existe un emisor dentro de un sistema que se anuncia como sin custodia. Un instrumento al portador sin ledger tampoco tiene recuperación: una nota perdida o robada se lleva su valor con ella.

Pensar en un billete cuántico como un cheque de viajero que solo puede gastarse una vez ayuda a entender el cambio: su seguridad no depende de un banco que verifique la identidad, sino de las leyes de la física. La contrapartida es dura: si no hay banco ni registro, nadie puede devolverte lo que se pierde.

La industria está construyendo la máquina de todos modos. Todavía no ha decidido cuál de las dos cosas prefiere. La migración hacia la criptografía post-cuántica se ha convertido en el plan B del sistema financiero, pero el dinero cuántico no es un plan B: es una alternativa que compite con la propia idea de Bitcoin. El detalle relevante no es si llegará, sino qué decidimos hacer mientras se construye.


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