Rusia ataca la sede del SBU en Kiev y abre una nueva fase en la guerra Ucrania Rusia

Negocios TV analiza el ataque ruso contra la sede del SBU en Kiev. Los expertos consultados creen que se consolida una nueva fase de la guerra, marcada por la guerra híbrida, la asimetría del santuario europeo y un desgaste económico creciente para Moscú.

Rusia ha golpeado el edificio central del SBU en Kiev y con ello, según los analistas que participaron este viernes en Negocios TV, se consolida una nueva fase de la guerra en Ucrania. Ya no se trata solo de infraestructura energética o logística: ahora el objetivo es el corazón de los servicios de inteligencia ucranianos. La escalada, lejos de ser un episodio aislado, responde a una dinámica de simetría rota que Moscú intenta corregir.

El presentador del programa planteó la pregunta que sobrevuela toda la semana: si el ataque contra la sede del servicio de seguridad ucraniano marca un punto de inflexión. Carlos Hugo Fernández Roca Suárez, profesor del máster en Seguridad y Geoestrategia, respondió con una idea clara. Ucrania ha tomado una iniciativa estratégica con drones capaces de penetrar en territorio ruso y causar daños económicos importantes. No se trata de golpes decisivos en el frente, pero sí de un desgaste que está generando malestar interno en Rusia.

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Del ataque a refinerías al golpe al SBU: una escalada calculada

Fernández Roca explicó que Moscú había respondido hasta ahora atacando infraestructuras energéticas y otras instalaciones sensibles. El salto cualitativo llega al apuntar directamente contra el SBU y, en concreto, contra su director, Alexander Poklad. El profesor recordó que este servicio y su máximo responsable son quienes diseñan acciones ucranianas en el exterior. Por eso anticipa una respuesta espejo: un ataque en la misma dimensión al que acaba de sufrir Kiev.

En la conversación también se mencionó el ataque del día anterior contra una planta de Coca-Cola en la capital ucraniana. Para Fernández Roca, se trata de un aviso a Estados Unidos. El contexto refuerza esa lectura: el director de la CIA, John Ratcliffe, visitó Moscú en un movimiento sin precedentes recientes. El profesor sostiene que Washington pudo advertir a Rusia sobre el riesgo de escalar acciones híbridas contra países de la OTAN, al tiempo que exploraba una posible vía para sentar a Zelenski, Putin y Trump.

La guerra híbrida y el resquicio del artículo 5

Fernández Roca puso el foco en una debilidad estructural del sistema de alianzas. El artículo 5 del tratado de Washington está pensado para guerras convencionales, no para la guerra híbrida. Alemania ha acusado a Rusia de estar detrás del ataque del 4 de agosto y Ursula von der Leyen ha advertido que Europa no tolerará agresiones dentro de sus fronteras. Pero, según el profesor, el umbral de activación de la defensa colectiva queda por encima de este tipo de acciones. No hay mecanismos previstos para responder.

Rusia está apuntando directamente al corazón de quien selecciona los objetivos estratégicos que dañan su economía y su moral.

— Carlos Hugo Fernández Roca Suárez, en Negocios TV

Andrew Smith: la asimetría del santuario y el nuevo rostro de la guerra

Andrew Smith, miembro del International Institute for Strategic Studies, coincidió en que la guerra entró hace meses en una nueva fase. El frente real está estabilizado, estancado, y la lucha se ha desplazado a la retaguardia. El objetivo ya no es solo romper cadenas logísticas, sino dividir a la población y presionar para forzar un cambio de gobierno en Kiev. Y quizá también en Moscú.

Smith aportó un matiz relevante: los rusos han descubierto una asimetría incómoda. Ucrania puede golpear en profundidad el territorio ruso, pero las bases logísticas, de producción y mantenimiento ucranianas descansan tras un santuario formado por los países de la OTAN y Europa. Polonia, los Bálticos, Alemania, Rumania y Reino Unido están fuera del marco de objetivos directos de Rusia. Moscú, en cambio, ha visto abrirse su propio santuario: toda la Federación Rusa es ahora vulnerable a drones y misiles ucranianos.

Ese desequilibrio, según el analista británico, es lo que Rusia intenta corregir. No mediante una guerra abierta contra la OTAN, que no desea, sino a través de una escalada lateral con métodos híbridos. Las acciones contra Reino Unido, Alemania o los países bálticos buscan dinamitar la unidad y el compromiso de los aliados. El objetivo es doble: desestabilizar el apoyo exterior y, dentro de Ucrania, romper la cohesión política y social.

Líderes convertidos en objetivo legítimo

Smith introdujo una idea inquietante. El precedente creado por Donald Trump al eliminar a la cabeza visible de la República Islámica de Irán, y antes con Nicolás Maduro, ha normalizado en las relaciones internacionales la eliminación de líderes. Según su análisis, todos los líderes de Ucrania son hoy objetivos del Kremlin, del mismo modo que la cúpula rusa lo es para Kiev. La comunidad internacional, sostiene, apenas se lleva las manos a la cabeza. Estamos ante una era más transaccional y más cruel.

El analista también relativizó la vía diplomática. No cree que Kiev y Moscú estén cerca de negociar. Las posiciones son demasiado distantes: Rusia no aceptará una salida que no reconozca la consolidación de Crimea y el control del Donbás, mientras Ucrania no está dispuesta a ceder territorio. La posible visita de Witkoff y otros emisarios a Moscú tendría un objetivo más modesto: calmar las aguas y revisar las reglas de enfrentamiento, no sellar un acuerdo definitivo.

Grietas económicas en la retaguardia rusa

Smith ofreció dos datos que muestran el desgaste ruso. La capacidad de refinado ha caído un 36% por los daños a refinerías y oleoductos. Rusia ya no exporta productos refinados con la misma fluidez porque los necesita para su consumo interno. El fondo soberano y las reservas se han reducido en dos tercios. Y sobre la mesa rusa planea un impuesto indirecto inspirado en viejos gravámenes sobre el vodka, algo que podría erosionar la popularidad del régimen.

En esa lectura, el ataque al SBU no es una muestra de fortaleza rusa, sino la respuesta de un actor que intenta equilibrar una balanza que se le ha inclinado en contra. La guerra entra en un terreno donde la retaguardia, los servicios de inteligencia y la moral de la población importan tanto como el avance territorial.

La pregunta que queda abierta es si esta nueva fase acelera una salida o simplemente amplía el umbral de destrucción aceptado. De momento, cada golpe ucraniano encuentra un espejo ruso. Y el ataque contra el SBU sugiere que Moscú está dispuesta a subir la apuesta sin cruzar, por ahora, la línea de la confrontación directa con la OTAN.

Puedes ver el análisis completo en el vídeo original de Negocios TV en YouTube.

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