Esta mañana, el presidente estadounidense Donald Trump ha firmado tres proclamas que imponen aranceles del 50% a la mayoría de las importaciones canadienses, una medida inmediata que excluye energía, potasa, pescado y minerales críticos. Me detengo en el instrumento legal: la Sección 338 de la Ley de Comercio de 1930. Con ella, Trump puede gravar productos de un país al que considere que discrimina el comercio estadounidense, sin necesidad de una investigación previa del Departamento de Comercio.
Las claves comerciales: qué mercancías esquivan el hachazo
La arquitectura arancelaria deja fuera de los gravámenes del 50% a los productos energéticos, la potasa, el pescado y los minerales críticos. En cambio, sí se aplica a bienes que hasta ahora estaban protegidos por el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), cuyo periodo inicial expiró recientemente y que ha entrado en una fase de renegociación que podría prolongarse hasta 2036.
Los sectores que el republicano ha señalado como presunta víctima de discriminación —automóviles, bebidas alcohólicas y lácteos— sí verán multiplicado su coste de acceso al mercado estadounidense. En paralelo, un alto funcionario de la Administración ha confirmado bajo anonimato que el presidente ha ordenado estudiar la posibilidad de imponer aranceles adicionales a Canadá por el impacto de los incendios forestales canadienses en la calidad del aire de Estados Unidos.
“Canadá fue uno de los pocos países, junto con China, que respondió con represalias a los aranceles anteriores decretados por el presidente y debe asumir las consecuencias.” — Alto cargo de la Administración estadounidense, bajo condición de anonimato, 20 de julio de 2026
Una vieja ley con un nuevo poder inflacionario
Lo que veo en esta decisión es un salto cualitativo en la guerra comercial. Hasta ahora, los aranceles de Trump se amparaban en la Sección 232 (seguridad nacional) o en la Sección 301 (prácticas desleales). La Sección 338 prácticamente no se había utilizado desde la década de 1930 y otorga al presidente una discrecionalidad enorme para gravar importaciones sin el paraguas de un litigio comercial previo. La ambigüedad del texto permite actuar contra cualquier socio y en cualquier momento.
El riesgo de inflación global se dispara porque Canadá es el segundo socio comercial de EE.UU. y su mayor proveedor de bienes intermedios. Los spreads arancelarios sobre productos que hasta ahora transitaban sin fricciones elevarán los costes de producción en múltiples cadenas de suministro integradas, desde componentes de automoción hasta alimentos procesados. La Reserva Federal ya había admitido en su última reunión que los aranceles añaden presión a los precios; esta escalada con Ottawa complica cualquier escenario de recortes de tipos a corto plazo.
🌍 El impacto en España y Europa
Para España y la eurozona, el efecto inmediato es indirecto pero inquietante. El Euríbor a 12 meses, que se mueve al compás de las expectativas de inflación y de la política de la Fed, podría tensionarse si la guerra comercial con Canadá se traduce en subidas de precios de bienes intermedios en Estados Unidos y fuerza al banco central estadounidense a mantener los tipos altos más tiempo del previsto. Las empresas españolas con exposición al mercado norteamericano —desde la automoción hasta el agroalimentario— se enfrentan a un entorno de mayor incertidumbre arancelaria, y los inversores ya descuentan una prima de riesgo adicional en los activos europeos.
- El Euríbor podría repuntar entre 10 y 15 puntos básicos adicionales si el mercado reinterpreta la agresividad comercial de Trump como un choque inflacionario duradero.
- La inflación europea importada podría acelerarse si Bruselas, en represalia, impone sus propios aranceles a productos estadounidenses y los precios de los bienes intermedios suben en cascada.
- Las empresas del IBEX con filiales en México o Canadá verán cómo la renegociación del T-MEC se enrarece, y cualquier incremento de costes en Norteamérica lastrará sus márgenes.





