Las exportaciones agroalimentarias a EEUU caen un 10% en 2025: 3.256 millones por los aranceles

El aceite de oliva, con 970,55 millones de euros, y el vino resisten como puntas de lanza del flujo. Las importaciones desde Estados Unidos crecieron un 24% y recortaron el superávit comercial bilateral.

Las exportaciones agroalimentarias a EEUU cayeron un 10% en 2025 y cerraron en 3.256 millones de euros, el primer recorte anual relevante desde que Washington endureció su política comercial. El dato, recogido en el Informe Anual de Comercio Exterior Agroalimentario y Pesquero 2025 del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, dibuja el coste directo de la batalla arancelaria iniciada por la Administración de Donald Trump.

A pesar de la contracción, Estados Unidos se mantuvo como el segundo destino más importante para los productos agroalimentarios españoles fuera de la Unión Europea. Solo Reino Unido le superó, con compras por 5.241 millones de euros, un 1% por debajo del ejercicio anterior. El retroceso estadounidense, por tanto, no expulsa al mercado, pero recorta la distancia competitiva del exportador español frente a otros destinos.

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Del acopio inicial a la factura arancelaria

La lectura de los flujos no es uniforme en el año. El informe del Ministerio apunta dos movimientos que conviene separar. Primero, los importadores estadounidenses adelantaron compras a principios de 2025 para esquivar los primeros aranceles; ese acopio amortiguó el golpe en el arranque del ejercicio. Después, Washington implantó un arancel universal del 10% en abril de 2025 y, tras las negociaciones con la Unión Europea, se pactó a finales de julio una tasa arancelaria máxima general del 15% aplicable desde mediados de agosto. Solo quedaron a salvo determinados productos estratégicos con exenciones.

El resultado fue una presión arancelaria sin precedentes recientes. La tasa promedio aplicada por Estados Unidos sobre las importaciones agrícolas globales pasó de menos del 4% a más del 16%, su nivel más elevado desde 1930. La cifra explica que la caída de las ventas no sea solo un problema de demanda: es un shock de precios que altera la competitividad de los proveedores europeos.

En este contexto, la pérdida del 10% en las exportaciones españolas a Estados Unidos se puede leer como un daño contenido, precisamente por el acopio inicial. Cabría esperar que las caídas más duras se concentren en los primeros trimestres de 2026, cuando el stock acumulado por los importadores se haya consumido. Para el inversor, este valor es una señal adelantada de presión sobre márgenes en el sector alimentario, no una anomalía estadística.

El dato no es una anomalía estadística: es el anticipo de un ajuste de márgenes que el sector exportador aún no ha digerido.

Aceite de oliva, vino y el peso de la marca española

Pese al recorte global, el aceite de oliva conserva el liderazgo. Estados Unidos es el segundo comprador mundial de aceite de oliva español, con 970,55 millones de euros en 2025, solo por detrás de Italia. Es una dependencia incómoda: el producto con mayor valor de venta al mercado estadounidense es también el más expuesto a un recargo prolongado. Si las exenciones se mantienen estrechas, la pérdida de margen en aceite de oliva se traslada de forma directa al agricultor y al envasador.

Las bebidas, con el vino como locomotora, alcanzaron 374,71 millones de euros. Ese importe coloca a Estados Unidos como quinto destino global del segmento y segundo extracomunitario. Las conservas vegetales cierran el podio de partidas, con las conservas de legumbres y hortalizas como protagonistas.

La resistencia del aceite y del vino no convierte en complaciente la lectura industrial. Ambas partidas dependen de una percepción de calidad consolidada y de un consumidor dispuesto a pagar un diferencial. Cuando el arancel añade coste, el distribuidor estadounidense puede escalar precios o rotar hacia proveedores alternativos, especialmente en el vino, un segmento con competidores directos en Chile, Argentina o Australia.

aranceles alimentos España

El superávit bilateral se estrecha cuando suben los insumos importados

La otra cara del informe es la de importaciones. España compró 2.568 millones de euros de productos agroalimentarios estadounidenses en 2025, un 24% más que el año anterior. El maíz, con 772,58 millones, y las habas de soja, con 504,97 millones, explican buena parte del repunte. Estos insumos alimentan la cabaña ganadera y la industria transformadora, de modo que su encarecimiento filtra presión al coste de producción nacional.

El efecto conjunto de menos exportaciones y más importaciones reduce el superávit comercial bilateral agroalimentario. La diferencia entre los 3.256 millones vendidos y los 2.568 millones comprados deja un saldo positivo inferior a los 700 millones de euros. No es un simple cambio contable: un superávit menguante resta colchón al sector exterior español y traslada fricción a la balanza por cuenta corriente si la tendencia se extiende a otros sectores.

El sector exportador mide la próxima factura arancelaria

Una primera lectura sugiere que el sector ha aguantado mejor de lo que cabía temer. El aceite de oliva mantiene un valor exportado de casi 971 millones y el vino supera los 374 millones; son cifras relevantes. Sin embargo, en mi lectura, la caída del 10% esconde un retroceso mayor en volumen si se descuenta el efecto de unos precios aún elevados. Con el aceite de oliva cotizando en niveles altos durante buena parte de 2025, una facturación menguante en valor puede traducirse en una desaceleración más intensa de los envíos.

La contradicción reside en que Estados Unidos sigue siendo el segundo destino extracomunitario pese al recorte, lo que da argumentos a quienes minimizan el daño. No los suscribo: el riesgo no está en el flujo ya realizado, sino en la renovación de contratos para 2026. La mayoría de los exportadores ya opera con calendarios de compra heredados, y el verdadero impacto se evaluará cuando esos pedidos deban renovarse con la tarifa consolidada del 15% sobre buena parte de las partidas.

La comparativa con otros proveedores deja una advertencia incómoda. En destinos con acuerdos comerciales preferentes, un comprador estadounidense puede sustituir producto español sin desmontar su cadena de suministro. Por eso, a mi juicio, el descenso del 10% no es un resbalón puntual: es la primera manifestación de un ajuste estructural en la cuenta comercial de España con Estados Unidos. Si la política arancelaria persiste, el sector agroalimentario perderá la base que le permitió ganar cuota durante la última década.

El desenlace no está escrito. La evolución de las exenciones estratégicas y las presentaciones de resultados de las cotizadas del sector en el tercer trimestre serán la prueba de fuego. Una segunda caída del aceite de oliva o del vino en los flujos de 2026 daría consistencia a la tesis de que la marca agroalimentaria española ha empezado a ceder posiciones en el mercado estadounidense.

Veredicto Merca2

Cotización al cierre o apertura: Las cifras del Ministerio se publicaron fuera del horario continuo de contratación y no dejaron una reacción aislada sobre ningún emisor del IBEX 35 ni del Mercado Continuo. El dato creíble de exposición al mercado estadounidense es la caída anual del 10%, que dejó las ventas en 3.256 millones de euros.

Clave técnica: El indicador de riesgo más accionable está en el aceite de oliva: la partida de 970,55 millones concentra cerca del 30% de las ventas a Estados Unidos y convierte a cualquier exportador ligado a este producto en el eslabón más sensible a un nuevo repunte de aranceles.

Apunte macro: El apunte sectorial lo aporta el descenso del superávit bilateral: la diferencia entre los 3.256 millones de exportaciones y los 2.568 millones de importaciones deja un saldo inferior a 700 millones, lejos del colchón previo.


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