Juan Santamaría, el CEO más joven del Ibex 35, prepara a ACS para la era de la inteligencia artificial

El directivo madrileño, de 48 años, pilota la entrada del grupo en los centros de datos y las infraestructuras digitales. La constructora aspira a dejar de ser solo un referente de la obra civil para convertirse en un actor clave de la economía de la inteligencia artificial.

Juan Santamaría (Madrid, 1978) no es solo el consejero delegado más joven del Ibex 35. Representa la apuesta de ACS por pilotar la transformación de la constructora hacia la economía de la inteligencia artificial (IA).

El perfil de Juan Santamaría, un ingeniero de 48 años forjado en ACS

Santamaría ingresó en el grupo hace 24 años, recién licenciado como ingeniero de caminos por la Universidad Politécnica de Madrid. Su primer destino directivo, en 2006 con solo 28 años, fue la dirección general de la filial de infraestructuras en Estados Unidos y Canadá. Un patrón clásico en las grandes constructoras españolas: hacer las Américas antes de ganar peso en la matriz.

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En 2013 asumió la consejería delegada de Iridium, la concesionaria del grupo, pero apenas un año después fue enviado a Australia. Allí escaló posiciones en CPB Contractors y UGL, ambas filiales de Cimic, el brazo de ACS en el país, hasta convertirse en consejero delegado de Cimic en 2020.

Ese aterrizaje coincidió con uno de los mayores disgustos de ACS en su expansión internacional: el hundimiento de BIC Contracting, participada por Cimic, que generó un impacto extraordinario de 1.800 millones de dólares australianos (unos 1.100 millones de euros). Para salvar la situación, la constructora vendió su negocio fotovoltaico y el industrial Cobra, operaciones valoradas en más de 7.000 millones de euros.

Dos décadas después de su entrada, en mayo de 2022, Santamaría fue nombrado consejero delegado de ACS, relevando a Marcelino Fernández Verdes. Discreto en las formas pero ambicioso en el fondo, el directivo ha pilotado el mejor momento bursátil de la compañía. Florentino Pérez, presidente, presumió en la última junta de que «en los últimos cinco años, el retorno medio anual ha alcanzado el 46%» y atribuyó buena parte del mérito a la apuesta por los centros de datos.

La continuidad de Santamaría al frente de ACS demuestra que la transición generacional no está reñida con los resultados: el grupo ha logrado un retorno anual del 46% en el último lustro.

La apuesta de ACS por los centros de datos y la inteligencia artificial

Bajo su mandato, ACS quiere dejar de ser vista como una constructora global para presentarse como la compañía capaz de levantar las infraestructuras críticas de la inteligencia artificial. Su tesis es poderosa: la nueva economía digital también necesita suelo, energía, obra civil, redes, seguridad, permisos, refrigeración y capacidad de ejecución.

CEO joven Ibex 35

En una conferencia en el CaixaForum de Madrid el pasado mayo, Santamaría ha ha verbalizado esa visión con una frase de enorme alcance: «La IA va a acabar con la sociedad y el modelo productivo tal y como lo conocemos. Habrá puestos de trabajo que desaparecerán, pero se crearán otros». El ingeniero sostiene que los centros de datos son las autopistas del siglo XXI: por donde antes circulaban coches y mercancías, ahora lo hacen datos, algoritmos y modelos de IA.

Santamaría no ve la inteligencia artificial como una amenaza para la construcción, sino como el motor de una nueva demanda de infraestructuras críticas.

El directivo defiende que España parte de una posición privilegiada para aprovechar este ‘boom’: un entorno macroeconómico saneado, el endeudamiento privado más bajo de la Unión Europea, cables submarinos, una red de fibra óptica extensa, talento y una industria energética resiliente. Sin embargo, advierte de la escasa capacidad industrial para capturar toda la cadena de valor de esta revolución y lamenta que se haya «perdido la capacidad de emprendimiento» de generaciones anteriores como la del propio Pérez.

El reto de transformar una constructora sin perder su esencia

Santamaría habla como representante de una generación que ha heredado grandes compañías y debe probar que sabe transformarlas. El desafío no es menor: mantener el legado constructor —carreteras, puentes, túneles— y al mismo tiempo empujar al grupo hacia negocios que hace apenas unos años parecían ajenos a su corazón.

El precedente de Cimic, con un agujero de 1.100 millones de euros en Oriente Medio, pesa en la memoria corporativa. Sin embargo, la venta de activos no estratégicos y el enfoque en centros de datos han permitido a ACS superar aquella crisis y alcanzar valoraciones récord. En el sector, pocas constructoras europeas —salvo quizás la francesa Vinci— han dado un giro tan explícito a las infraestructuras digitales, un movimiento que los analistas ven con buenos ojos pero que exige ejecución impecable.

La confianza de Florentino Pérez es total y se ha traducido en una apuesta personal por el joven CEO, a quien presenta como un «orgullo» ante los medios. La pregunta ahora es si ACS conseguirá mantener el ritmo de crecimiento en un entorno de fuerte competencia por los contratos de construcción de hiperescalares y la incertidumbre regulatoria que rodea a los grandes centros de procesamiento de datos en Europa.

📊 Las Claves para el Inversor

  • Qué vigilar: Los próximos anuncios de adjudicaciones de centros de datos, especialmente en España y Estados Unidos, y la evolución de los márgenes del negocio digital frente a la construcción tradicional.
  • Reacción del valor: La acción de ACS cotiza cerca de máximos históricos, tras acumular una revalorización superior al 60% en dos años. El mercado ya descuenta buena parte del éxito de la diversificación.
  • Precedente sectorial: El giro de ACS recuerda a la apuesta de otras grandes constructoras europeas por las infraestructuras verdes y digitales. La clave estará en si logra replicar el modelo de ingresos recurrentes que ya han conseguido operadores como Cellnex en el terreno de las telecomunicaciones.

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