FIFA: Bloomberg revela cómo el aumento de comités genera dudas

El columnista Jonathan Wilson analiza en Bloomberg Television el legado de Gianni Infantino: expansión de comités, fondos sin auditar y suspensiones a la carta amenazan la credibilidad del fútbol.

No es fácil encontrar una voz autorizada que ponga en palabras lo que muchos aficionados intuyen pero pocos pueden argumentar con tanta contundencia. Durante su participación en Bloomberg Television, el columnista deportivo Jonathan Wilson, autor de The Power and the Glory, desgranó las contradicciones de Gianni Infantino al frente de la FIFA. A pocas semanas de que se cerrara el Mundial de 2026, los focos vuelven a apuntar a los despachos del fútbol.

De la limpieza prometida a la expansión de comités estratégicos

En 2016, Infantino aterrizó en Zúrich prometiendo transparencia y reducción de gastos. Wilson recuerda aquel gesto casi teatral: el suizo viajaba en aerolínea de bajo coste a su primer congreso y afirmaba que demasiados comités lastraban a la organización. La realidad, ocho años después, ha sido la contraria.

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En 2024, se votó aumentar el número de comités permanentes de 7 a 35 comites. Para Wilson, la lógica es clara: cada uno de los 211 delegados puede ser designado para varios de esos órganos, cada uno de ellos con retribuciones muy generosas. Es una forma de comprar lealtades. Si el delegado de un país recibe esos ingresos extras, pocos motivos tendrá para cuestionar a quien se los garantiza, por muy impopular que sea en su federación.

“Si eres el delegado de un país y tu gente se queja del precio de las entradas, tú solo piensas en el bonito pellizco que te llega cada mes”, explicó Wilson en la entrevista. La multiplicación de comités no responde a necesidades de gestión, sino a una estrategia de control interno.

Los fondos que nadie audita: Goal y Ford

Uno de los puntos más oscuros que el columnista puso sobre la mesa tiene que ver con los programas de redistribución de ingresos. La FIFA cuenta con dos grandes esquemas: el Goal Project (de 1998) y el Forward (impulsado por Infantino). Supuestamente, el dinero generado por el Mundial se reparte entre las federaciones para construir infraestructuras, como estadios nacionales.

En teoría, suena bien. Por ejemplo, si la federación de un país no puede costear un nuevo estadio, la FIFA le concede fondos para generarle ingresos futuros. Sin embargo, la última auditoría de 2016 reveló que el 81% de esas federaciones no llevaba una contabilidad adecuada. Desde entonces, no ha habido ninguna revisión pública de esos fondos. “Ese dinero se está yendo a algún sitio, y podemos imaginarlo”, afirmó Wilson con ironía.

Tarjetas rojas y varas de medir a la carta

Otro episodio que ha empañado el Mundial 2026 ha sido la gestión de las sanciones disciplinarias a jugadores estrella. Wilson recordó cómo Infantino suspendió la suspensión de un jugador estadounidense tras una tarjeta roja, alegando que “técnicamente no se anuló la roja, sino que se suspendió el castigo”. Pero la misma medida se aplicó a Cristiano Ronaldo en la fase de clasificación y a otros tres jugadores, en lo que parece un intento de asegurar que las grandes figuras estén en el torneo.

No es solo una cuestión de injusticia puntual; lo grave es que estas decisiones arrojan dudas sobre la integridad de toda la competición. Sin fe en la limpieza del resultado, el deporte deja de funcionar.

— Jonathan Wilson, columnista de The Guardian y autor

Esto no es nuevo. Wilson recordó el caso del Mundial de Clubes del año pasado, donde dos equipos mexicanos con el mismo dueño forzaron un ajuste. En lugar de ceder la plaza al campeón de la MLS, la FIFA la asignó al Inter de Miami, asegurando la presencia de Messi. La justificación oficial habla de atraer audiencia, como los wild cards en el tenis. Pero una cosa es una invitación y otra muy distinta alterar un proceso de clasificación o un código disciplinario.

La falsa bandera de la inclusión

Infantino ha insistido en que este ha sido el Mundial más inclusivo de la historia. Sin embargo, como subraya Wilson, un simple dato lo desmonta: alrededor del 80% de las solicitudes de acreditación de periodistas y aficionados africanos fueron rechazadas por Estados Unidos y Canadá, los países anfitriones. Ni siquiera un árbitro somalí de la propia FIFA pudo entrar al país.

Esta contradicción debilita el discurso de Infantino como paladín del sur global. No tendrá un impacto electoral inmediato —ya cuenta con el respaldo de 200 federaciones—, pero sí una erosión lenta de su credibilidad ante quienes le dieron su apoyo pensando en un fútbol más igualitario.

¿Afectará todo esto a su reelección?

Wilson cree que no. La reelección de Infantino en 2027 será por aclamación. Sin embargo, los apoyos pueden empezar a resquebrajarse si la sombra de la falta de integridad se alarga. “Cuando la gente pierde la fe en un deporte, el negocio también se viene abajo”, advirtió. Si el presidente pensaba impulsar una nueva reforma de la Constitución de la FIFA para perpetuarse, quizá estos escándalos le hagan más reacio. El tiempo lo dirá.

Puedes ver la entrevista completa en el vídeo original de Bloomberg Television en YouTube.


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