Demis Hassabis, el premio Nobel de Google, advierte: la AGI llegará en 3-4 años y pide una regulación urgente

El CEO de Google DeepMind propone crear en Estados Unidos un organismo para evaluar los modelos de IA más avanzados antes de su lanzamiento. Su llamamiento se produce en medio de una acelerada inversión global y sin consenso claro entre expertos.

En una industria acostumbrada a las promesas, las palabras de Demis Hassabis pesan distinto: el premio Nobel y CEO de Google DeepMind ha advertido de que la inteligencia artificial general podría ser una realidad en apenas tres o cuatro años, y ni los propios expertos saben qué vendrá después. La brecha entre la velocidad del desarrollo y el control ya no es una hipótesis, sino un escenario verosímil que el máximo responsable de uno de los laboratorios de IA más avanzados ha decidido poner sobre la mesa.

Claves de la operación

  • Hassabis sitúa la AGI en el horizonte de 2028-2029 y urge un marco regulatorio. El CEO de DeepMind dibuja un escenario en el que la IA superará las capacidades cognitivas humanas en menos de cinco años, sin que existan controles adecuados.
  • Propone un organismo federal en Estados Unidos para certificar modelos de frontera. Inspirado en modelos de asociación público-privada, el plan exigiría evaluaciones previas de ciberseguridad, bioseguridad y engaño antes de la comercialización.
  • La advertencia choca con la acelerada inversión de las grandes tecnológicas y la rivalidad entre Washington y Pekín. Mientras se multiplican los centros de datos y los chips, la propuesta de ralentizar el desarrollo puede chocar con los intereses comerciales y geopolíticos.

Una carrera comercial y geopolítica que supera al conocimiento

En un extenso artículo publicado en X, Hassabis ha reconocido que «en estos momentos estamos atrapados en una carrera comercial y geopolítica extremadamente intensa». El tono es de urgencia, pero también de prudencia: lo que viene puede transformar la ciencia y la medicina, pero también plantea riesgos de ciberseguridad y amenazas biológicas. El directivo no es un espectador externo: su laboratorio compite por los mismos contratos y talento que OpenAI, Anthropic o Meta, y a la vez reclama mecanismos para contener los peligros que esa competencia genera.

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No es el único que ha levantado la voz. Geoffrey Hinton ha confesado que no sabe si podremos conservar el control de sistemas más inteligentes que nosotros, y Yoshua Bengio reclama investigación específica en supervisión. Lo que distingue a Hassabis es su doble papel como creador y vigilante, y la concreción de su propuesta: un organismo estatal que certifique los modelos antes de que lleguen al mercado.

Un regulador de frontera para la IA: ¿utopía o necesidad estratégica?

La propuesta de Hassabis toma como referencia las asociaciones público-privadas con supervisión federal. La idea es que los laboratorios compartan voluntariamente sus modelos hasta 30 días antes del lanzamiento, y que las pruebas se conviertan en un requisito obligatorio si se consideran sistemas de frontera. Una junta con especialistas independientes y representantes del código abierto definiría los umbrales de riesgo, y los auditores externos ampliarían el control.

El plan incluye incluso la posibilidad de coordinar una ralentización del desarrollo si la gravedad de los riesgos lo justifica. Es la primera vez que un líder de un laboratorio de primer nivel propone un freno regulado desde dentro, sin esperar a que lo imponga un desastre. Sin embargo, la viabilidad política de semejante mecanismo en un Estados Unidos que compite directamente con China por la supremacía tecnológica es, como poco, incierta.

Avanzamos hacia la inteligencia artificial general sin un mapa, y el único seguro es la velocidad con la que nos lanzamos al vacío.

Lo que se juegan los gigantes españoles en la era de la AGI

Para las grandes tecnológicas con presencia en España, la carrera de la IA general no es una abstracción. Telefónica, que ha puesto la inteligencia artificial en el centro de su estrategia con su unidad Telefónica Tech y proyectos en alianza con Google Cloud, podría ver alterado el tablero si la regulación cambia las reglas del juego. La operadora lleva años invirtiendo en automatización y análisis de datos, y cualquier modelo de certificación de frontera impactaría en las soluciones que ofrece al sector empresarial y a las administraciones.

Indra, por su parte, acelera en ciberseguridad y simulación con IA en el ámbito de la defensa, un terreno sensible que la propuesta de Hassabis señala directamente. El regulador español, a través de la AESIA, todavía no tiene competencias para evaluar modelos de vanguardia, pero la presión internacional podría forzar un alineamiento acelerado con los estándares que se discutan en en Washington. La advertencia de Hassabis es también un aviso para los actores domésticos: quien no prepare hoy sus mecanismos de gobernanza, quedará fuera del mercado cuando la regulación aterrice.

El horizonte que dibuja Hassabis no es una certeza, pero obliga a todos los actores —desde Silicon Valley hasta Madrid— a preguntarse si los beneficios de la AGI pueden llegar sin un marco claro de supervisión. En juego no está solo quién controla la tecnología, sino quién estará preparado para gobernarla cuando llegue.


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