BlackRock, la mayor gestora de activos del mundo, ha cerrado el segundo trimestre de 2026 con una noticia que resume como pocas el momento actual del sector cripto: su negocio total bate récords, pero la división de activos digitales sufre un duro correctivo. La compañía ha reportado un volumen de activos bajo gestión de 15,34 billones de dólares, una cifra sin precedentes, mientras que su cartera de criptomonedas se ha desplomado un 20% en apenas tres meses, quedando en 48.800 millones.
El gigante no para de crecer
Los ETF de iShares, la joya de la corona, atrajeron 177.900 millones de dólares en entradas netas, impulsando los activos totales del gigante estadounidense un 10% en el periodo. Los ingresos trimestrales alcanzaron los 7.080 millones de dólares, un 31% más que hace un año, y el beneficio ajustado por acción fue de 13,91 dólares, muy por encima de las previsiones. El margen operativo ajustado del 45,9% fue el mejor en en casi un lustro.
Larry Fink, presidente y consejero delegado, subrayó en el comunicado de resultados la amplitud de la plataforma: “La calidad y el alcance de nuestro negocio nos diferencian más que nunca. Esto nos permite ganar una mayor cuota de las carteras de los clientes y garantizar rendimientos sólidos para los accionistas”.
Los activos digitales se desinflan
La cara opuesta la muestran los productos de criptoactivos. Al iniciar abril, BlackRock gestionaba 60.700 millones de dólares en criptomonedas. Al cierre de junio, esa cifra se había reducido a 48.800 millones. Los reembolsos netos de los clientes explicaron 3.100 millones de la caída, mientras que la depreciación de los precios destruyó otros 8.700 millones de valor. En términos interanuales, el descenso es aún más pronunciado: hace exactamente un año, los activos digitales bajo gestión alcanzaban los 79.600 millones de dólares; la contracción en doce meses roza el 39%.
Los números del mercado ayudan a entender el golpe. Los fondos cotizados al contado de Bitcoin (los llamados ETF spot) sufrieron en junio su peor mes desde que existen, con salidas por valor de 4.500 millones de dólares. Aunque a principios de julio lograron romper la racha, esta misma semana los ETF de Bitcoin diarios han vuelto a registrar retiradas de hasta 430 millones. Bitcoin, por su parte, cotiza en torno a 64.756 dólares, un 2% más en las últimas 24 horas, pero todavía un 49% por debajo del máximo histórico de 126.080 dólares que tocó en octubre de 2025.
El motor de BlackRock gira a pleno rendimiento; las criptomonedas, sin embargo, siguen siendo un combustible demasiado volátil.
Además, el negocio cripto genera poco en comparación con su tamaño. Las comisiones básicas de esta división durante el trimestre fueron de 40 millones de dólares, menos del 1% de los 5.700 millones que BlackRock ingresó en total por esta vía. Dicho de otro modo: los criptoactivos pesan poco en la cuenta de resultados de la gestora neoyorquina.
Este retroceso revierte la euforia de 2025, cuando el iShares Bitcoin Trust había contribuido a que Fink recibiera el mayor paquete retributivo de su carrera. Ahora, el mercado institucional parece haber pisado el freno.
Lecciones para un inversor en un mercado que madura a golpes
La disparidad entre el récord global de BlackRock y el descalabro de sus tenencias cripto no es una anécdota. Refleja un patrón más amplio: el dinero institucional es volátil y reacciona con rapidez cuando cambia el sentimiento. A diferencia de lo ocurrido en ciclos anteriores, la presencia de grandes gestoras como BlackRock había creado la expectativa de que los flujos serían más estables. Los datos del Q2 2026 desmienten esa presunción.
Cabe recordar que la aprobación de los ETF al contado en Estados Unidos en enero de 2024 abrió una era de optimismo. Los productos de BlackRock fueron de los más beneficiados y, durante año y medio, pareció que el apetito institucional blindaría a Bitcoin frente a caídas profundas. Pero el trimestre recién cerrado muestra que, cuando el activo pierde más de un 20% en un mes, los reembolsos se aceleran y la confianza se resiente.
Para el inversor español medio, lo sucedido tiene varias lecturas. La primera es que las criptomonedas mantienen una correlación relativamente alta con el riesgo, y en momentos de incertidumbre macroeconómica los fondos pueden salir tan rápido como entraron. La segunda, que gigantes como BlackRock no dependen de esta clase de activo para su crecimiento: el 99% de sus comisiones vienen de otras áreas. Y la tercera, que la caída actual borra el exceso de euforia, pero no anula la presencia institucional: casi 50.000 millones de dólares en activos digitales bajo gestión es una cifra muy relevante.
El tercer trimestre dirá si la sangría se detiene o si los activos digitales siguen desconectados del motor de la gestora. De momento, el inversor puede tomar nota: la paciencia sigue siendo la gran asignatura pendiente en el universo cripto.





