CEOE prevé inflación del 3,1% en 2026 si se normaliza Ormuz

La patronal advierte de que la continuidad del conflicto con Irán podría provocar repuntes transitorios de precios. La previsión, rebajada respecto al trimestre anterior, mantiene la incertidumbre sobre el coste energético.

La CEOE sitúa la inflación media de 2026 en el 3,1%, una décima menos de lo que pronosticaba hace tres meses. Pero la cifra viene con una condición de peso: que el conflicto con Irán no estrangule el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz.

El informe de coyuntura actualizado por la patronal empresarial rebaja ligeramente su anterior previsión (3,2%) gracias a la moderación de los precios energéticos durante el primer semestre. Sin embargo, la propia CEOE advierte de que podrían producirse ‘aumentos transitorios de precios’ si la guerra en Irán sigue perturbando la navegación en el golfo Pérsico.

Publicidad

La doble cara del pronóstico: una décima menos, pero un riesgo al alza

La mejora de una décima respecto al pronóstico de abril parece modesta, pero refleja una dinámica desinflacionista que se ha consolidado en los últimos doce meses. La inflación general cerró junio en el 2,8%, y la subyacente –sin alimentos frescos ni energía– se situó en el 2,6%, ambos en niveles no vistos desde 2021.

Esa foto, no obstante, es frágil. La CEOE supedita explícitamente su cifra del 3,1% al restablecimiento del tránsito normal en el estrecho de Ormuz, por donde circula cerca del 20% del crudo mundial y un porcentaje aún mayor del gas natural licuado que consume España. Cualquier interrupción prolongada activaría un repunte inmediato del precio del barril y, por arrastre, de los carburantes y los fletes marítimos.

La patronal no se aventura a cuantificar ese escenario adverso, pero el mercado de futuros del petróleo ya descuenta una prima de riesgo geopolítico que podría llevar al Brent por encima de los 100 dólares si el conflicto escala. En ese contexto, la inflación española podría superar el 4% en el último trimestre.

La verdadera amenaza para los precios en España no está en el IPC subyacente, sino en la geopolítica que pasa por un estrecho de 34 kilómetros de ancho.

Ormuz, el cuello de botella energético que puede disparar los fletes

El estrecho de Ormuz no es solo un asunto de petroleras. La escalada bélica en Irán ya ha encarecido un 12% los costes de transporte marítimo desde el cuarto trimestre de 2025, según datos de la consultora Drewry. Las navieras que operan en la ruta Asia-Europa han comenzado a desviar buques hacia el cabo de Buena Esperanza, añadiendo entre diez y catorce días de tránsito y disparando los precios de los contenedores.

Para una economía como la española, muy dependiente de las importaciones energéticas y con un peso relevante de la distribución comercial, el efecto dominó sería inmediato: más coste del crudo, más coste del transporte y, por tanto, más presión sobre los precios finales de bienes industriales y de consumo duradero.

La CEOE destaca que la inflación subyacente se mantiene en el 2,8%, un dato que, en circunstancias normales, sería una buena noticia. Pero el verdadero riesgo no está en ese termómetro, sino en el factor externo que ningún banco central puede controlar con tipos de interés.

Análisis: una economía española atrapada entre la desinflación y el petróleo

La actualización de previsiones de la CEOE ilustra una tensión que define este tramo final de 2026: la economía española avanza hacia la estabilidad de precios, pero cada vez más empresas incorporan en sus presupuestos el supuesto de un choque energético externo. La balanza es precaria.

Con un PIB que crecerá este año en torno al 2,4%, según las propias proyecciones de la patronal, y un empleo que sigue batiendo récords, la demanda interna sigue tirando. Eso mantiene viva la inflación de servicios, que en junio fue del 3,4%. Si a eso se le suma un repunte del petróleo inducido por la guerra, la desescalada del IPC se frenaría en seco.

He visto este tipo de encrucijada en ciclos anteriores, y casi siempre el resultado es el mismo: los márgenes empresariales se estrechan primero –las empresas no trasladan todo el coste de inmediato–, pero a los pocos meses la factura llega al consumidor. En esta ocasión, además, el temor a una espiral de aranceles y represalias comerciales con Asia añade otra capa de incertidumbre.

La CEOE acierta al condicionar su previsión a un factor que está fuera de cualquier hoja de cálculo. Lo inteligente para las compañías no es esperar el 3,1%, sino preparar sus costes para un entorno en el que el IPC fácilmente puede coquetear con el 4% durante varios meses. Porque si de algo sirve la estadística económica es para saber que los cisnes negros, cuando nadan por Ormuz, suelen dejar una estela de precios altos.


Publicidad