Sateliot, más allá de los satélites y la ingeniería fiscal

«Un ejemplo de soberanía digital española y europea». Así describió recientemente el ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, a Sateliot, una startup fundada en 2018 con la ambiciosa promesa de desplegar una constelación de satélites de órbita baja capaz de ofrecer conectividad 5G para el Internet de las Cosas (IoT). Sin embargo, durante buena parte de su trayectoria, la compañía ha destacado más por el desarrollo de una sofisticada estructura de financiación apoyada en incentivos fiscales que por la explotación comercial de su tecnología.

Las últimas cuentas depositadas por Sateliot en el Registro Mercantil reflejan con claridad esta realidad. La compañía ha operado durante años bajo un modelo financiero muy dependiente de los incentivos fiscales, mientras que su actividad operativa continúa siendo limitada. De hecho, el informe financiero correspondiente a 2024 muestra una cifra poco habitual en cualquier empresa: unos ingresos negativos de 4,23 millones de euros. Al mismo tiempo, las pérdidas se dispararon hasta rozar los nueve millones de euros, evidenciando el deterioro de sus cuentas.

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Sateliot creó una red fiscal eficiente… hasta que saltó por los aires

La clave de la ingeniería financiera desarrollada por Sateliot residía en un esquema conocido como Tax Lease. A través de este modelo, la compañía articuló una estructura junto a la Agrupación de Interés Económico (AIE) Lantana Development, canalizando inversión privada para financiar sus lanzamientos espaciales a cambio de transferir las deducciones fiscales generadas por sus actividades de I+D.

Este mecanismo aportó durante años unos ingresos financieros fundamentales para sostener la cuenta de resultados. Solo en 2022 y 2023, el esquema generó cerca de dos millones de euros anuales, proporcionando el oxígeno financiero necesario para mantener el proyecto mientras avanzaba el desarrollo tecnológico.

Sin embargo, ese castillo de naipes tributario sufrió un duro revés a finales de 2024. Una resolución del Tribunal Económico-Administrativo Central (TEAC) endureció los criterios para considerar determinados gastos como actividades de I+D, obligando a Sateliot a revisar su estrategia.

Como consecuencia, la empresa tuvo que emitir facturas rectificativas por valor de 7,04 millones de euros a favor de su socio Lantana, al reconocer que parte de los costes incluidos no cumplían estrictamente los requisitos exigidos para acogerse a esos incentivos fiscales. La desaparición de ese colchón financiero provocó que las pérdidas netas de Sateliot se multiplicaran por ocho durante 2024.

El impacto fue tan significativo que tanto la empresa como su auditor, BDO, tuvieron que publicar una corrección de errores tras detectar que habían clasificado incorrectamente parte de su deuda. Inicialmente figuraban 1,94 millones de euros de deuda a corto plazo, cuando la cifra real ascendía a 10,46 millones, un desajuste superior a ocho millones de euros.

La necesidad de liquidez de Sateliot

El principal problema para Sateliot ya no es únicamente el deterioro de sus cuentas, sino la creciente necesidad de liquidez para continuar desarrollando su negocio. Actualmente, la compañía apenas dispone de cuatro satélites en órbita, una infraestructura todavía insuficiente para ofrecer una cobertura global competitiva. Esta limitación obliga a la empresa a seguir consumiendo recursos financieros mientras desarrolla y fabrica su nueva generación de satélites, conocida como Tritó.

El desarrollo de una constelación propia exige, además, una elevada inversión tanto en infraestructura como en talento especializado. Ambos factores alimentan una estructura de costes muy exigente. Solo en gastos de personal, Sateliot pasó de destinar 1,17 millones de euros en 2022 a 3,68 millones en 2024. Este incremento responde a la rápida expansión de la plantilla, que pasó de una media de 11 empleados en 2021 a 56 trabajadores entre fijos y temporales en 2024.

Los inversores de Sateliot salen al rescate

La creciente necesidad de financiación obligó a los accionistas de Sateliot a reforzar su apoyo durante 2024. En otoño, la compañía cerró una ampliación de capital que elevó su prima de emisión desde 11,29 millones de euros hasta 26,82 millones.

No obstante, el verdadero balón de oxígeno llegó ya en 2025. Según consta en los hechos posteriores incluidos en la memoria anual, Sateliot formalizó dos nuevas ampliaciones de capital: una en enero por 7,29 millones de euros y otra en marzo por 17,68 millones, lo que supuso una inyección cercana a 25 millones de euros.

Además, este respaldo financiero no procede únicamente del capital privado. El Estado español se ha convertido en el principal accionista de Sateliot, al controlar el 18,7 % del capital a través de Sepides y la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT). A ello se suma la participación de Indra, que posee un 4,81 % de la compañía y que también cuenta con presencia estatal en su accionariado.

El futuro de Sateliot

En la actualidad, Sateliot afronta uno de los momentos más decisivos de su historia. La compañía trabaja para cerrar una ronda Serie C de 100 millones de euros, al tiempo que continúa anunciando alianzas estratégicas, como el acuerdo alcanzado recientemente con Telefónica.

Sin embargo, el desafío sigue siendo enorme. La empresa continúa consumiendo millones de euros en una carrera contrarreloj para desplegar su constelación antes de que competidores internacionales como SpaceX o Skylo consoliden definitivamente sus posiciones en el mercado de las comunicaciones satelitales para IoT.

En definitiva, Sateliot representa uno de los ejemplos más ilustrativos de la transformación que está viviendo el sector aeroespacial europeo. El creciente interés estratégico por las telecomunicaciones espaciales ha llevado al Estado español a participar directamente en empresas consideradas clave para la soberanía tecnológica. Sin embargo, el caso de Sateliot también pone de manifiesto la enorme exigencia financiera que supone competir en esta industria. La gran incógnita será si la compañía consigue convertir el respaldo institucional y financiero en un negocio sostenible y rentable a largo plazo.


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